Terry Eagleton y el nacimiento de la teoría cultural

Resumen

     Tomo a Terry Eagleton para explicar el surgimiento de la teoría cultural dentro de los espacios académicos y sociales a mediados del siglo XX. Eagleton es un estudioso del posmodernismo y su obra ha contribuido a la apertura del pensamiento crítico en el mundo occidental. He basado mi investigación en el libro “Después de la Teoría” porque considero que el repaso y evaluación de la nueva historia cultural con sustento teórico emerge de forma concisa y objetiva en dicho texto.

Introducción

     La propuesta que hago es en base a Terry Eagleton, filósofo, literato y teórico cultural inglés, nacido en Manchester en 1943. Es autor de obras como “La ilusión del posmodernismo”, “Teoría literaria”, “La función de la crítica” y “Después de la teoría”, ha trabajado como profesor en la Universidad de New York y la Universidad de Manchester. Fue discípulo de Raymond Williams, teórico marxista. Ha llevado a cabo extensos estudios sobre la cultura irlandesa, lugar de origen de sus padres, y se especializa en la literatura y la historia europeas del siglo XIX[1].

Es importante revisar su obra por la forma en que desmenuza la teoría, explica el carácter imperativo de su aplicación e indica que la postura crítica es indispensable en cualquier rama del conocimiento. Propone un estudio interdisciplinar de las teorías cultural y literaria para una mejor comprensión de estos y otros temas en la era actual.  La mayor parte de los trabajos de Eagleton versan sobre la teoría literaria, la cultura, la estética y el posmodernismo, ubicándose temporalmente de 1970 hasta el presente. Sus ideas parten del marxismo aunque en trabajos más recientes ha optado por la filosofía deconstructivista, herramienta que le ha permitido realizar una crítica exhaustiva de su propio campo de estudio y las propuestas de otros autores relevantes. He tomado los dos primeros capítulos del libro Después de la Teoría porque allí se localiza la premisa del presente ensayo: el nacimiento de la teoría e historia culturales. Los cambios en la academia y en la distribución de ideologías y formas de pensamiento encontraron una expansión hacia temas cotidianos, comunes y hasta frívolos, un aire de libertad refrescaba los estudios literarios, sociales e históricos. A continuación el surgimiento, consolidación y ocaso (según el autor) de la nueva teoría cultural.

Sobre el capítulo 1: La política de la amnesia

El desarrollo de una nueva perspectiva en una etapa crítica de paradigmas sociales hace que las nuevas teorías tengan metas de corto alcance, no hay fundamentalismos fuertes y los teóricos son cada vez menos arrogantes y pretenciosos, además de que hay una falta de confianza en nuevas alternativas, tal pareciera que ya está todo dicho, que ningún pensamiento innovador e útil podría surgir en estos tiempos turbulentos. Otro punto tratado en el capítulo es la destrucción de ideologías a causa del totalitarismo, es mejor dejar las cosas como están y aplacar cualquier intento de nacionalismo revolucionario. Los países ricos tienen de su lado a la globalización, la cual constituye una nueva forma de colonialismo, con ella transforman su poder en supranacional, abarcando varios países y regiones. Una forma de analizar estos sucesos es cambiando el ángulo de análisis de lo político a lo cultural, lo cual muestra que nuevos temas han surgido para ser tratados por la academia.

La trascendencia de las teorías parece distanciarse, no hay una que llene el hueco, hay una brecha considerable entre las aportaciones que dejaron huella en un pasado no muy remoto. La alta teoría de Jaques Derrida, Roland Barthes, Althusser ha quedado atrás, así como el trabajo de Lacan y Foucault[2] con sus elucubraciones de ideas que respondían a las disyuntivas de su época. Los esquemas como marxismo, estructuralismo o socialismo han dejado lugar a intereses nuevos como el sexo. “En las orillas más inhóspitas de la academia, el interés por la filosofía francesa ha dejado paso a la fascinación por el beso francés”[3]. La apertura académica para investigaciones culturales es cada vez más notable, ahora se habla de cine, del cuerpo humano, del deporte, de los robots, del vampirismo… una herencia ideológica de la Escuela de los Annales. La intención es hacer divertido el estudio, restarle solemnidad. Ahora hay una tendencia hedonista entre los estudiosos de la cultura, aunque cabe recordar que el placer es momentáneo y efímero. Como diría Daniel Bell, el hedonismo es un modo de vida promovido por el sistema de comercialización de las empresas, dando lugar a contradicciones culturales[4].

Eagleton dice que “la intelectualidad se ha integrado a los espacios públicos con la ayuda de los medios de comunicación, una continuidad sin fisuras entre el intelecto y la vida cotidiana”[5]. De esta forma considera que ese sentido de accesibilidad le restaría orientación crítica. La teoría cultural le ha dado su lugar a la sexualidad y al género constituyendo una coyuntura que permanecerá por mucho tiempo. Otro tema estudiado es la vida cotidiana de la gente común[6], mirada hacia el interior de los hogares y las familias realizando actividades corrientes. La vida cotidiana y privada presenta situaciones tan complejas como la música de Wagner, por eso obtiene validez para ser documentada. Antes había ensayos acríticos sobre autores como Faubert, ahora los autores escriben sobre la serie Friends. Actualmente hay una fusión entre el valor de lo solemne y lo placentero, ambas cosas son posibles y dignas de observación, van relacionadas por ser parte de la vida. Ya no es posible circunscribirse a un solo frente.

El autor acusa a los estudios culturales de ser cómplices de un “narcisismo occidental”, las revisiones son frívolas y carecen de atención a los fenómenos políticos y sociales, provocando que su público desconozca mucho de la era previa a la posmodernidad. Se ha perdido el sentido histórico, quizás porque a “quienes estaban en el poder les convenía que no fuéramos capaces de imaginar ninguna alternativa al presente. El futuro sería simplemente el presente repetido de un modo infinito”[7]. A lo que yo pregunto, ¿cómo vislumbrar un futuro en medio del caos causado por las condiciones paupérrimas de vida? No obstante, ser amnésico e inocente tiene sus ventajas, la memoria histórica debe refrescarse, debe orientar a la generación actual acerca de la importancia de acciones revolucionarias pasadas que han regenerado y perdón por el barbarismo, han “reseteado” los sucesos, comenzando una y otra vez, han retirado lo que estorba y lo desagradable, y cuando la memoria no se alimenta tenemos como consecuencia modelos socio-políticos de reciente creación. ¿Cómo no confundirse ante tantos giros de distinta graduación?

El ejemplo más claro de lo anterior lo encontramos en la revolución rusa. El proyecto de Lenin quería sacar del atraso a la Rusia zarista y construir un socialismo inspirado en las ideas marxistas. Luego vino Iosiv Stalin con una política de mano dura y el pueblo terminó pagando los platos rotos; además eran muchos; campesinos, analfabetos, obreros que no entendían muy bien lo que pasaba, sólo que seguían siendo pobres. En la línea del Tercer Mundo ocurrió algo similar. La liberación del dominio colonial despertó a los países emancipados en una morada independiente pero sin organización política y con una economía raquítica. Al no tener experiencia en la administración pública, procesos democráticos ni ideologías arraigadas los gobiernos tercermundistas encabezados en una gran mayoría por nacionalistas de clase media, en muchos casos sucumbieron ante la corrupción, el subdesarrollo y las constantes subidas y bajadas del capitalismo occidental al que pretendían integrarse. Los cambios eran muy rápidos, era difícil adecuarse a ellos. “Cuanta más información haya que evaluar, menos se sabrá. La especialización no puede existir a la velocidad de la luz”[8]. Todo a su tiempo, aunque sin recursos y sustento monetario la imagen de la estabilidad capitalista aparecía en un espejo siempre empañado, nunca ha sido posible equipararse con ella, todo intento ha quedado en una mera aproximación.

El tercermundismo dio lugar al “poscolonialismo” y a partir de allí han surgido los nuevos teóricos, tal vez en un intento por desligarse de aquellos movimientos obsoletos e inoperantes hasta ese momento. El riesgo era la interpretación, el ir más allá de la clase social y de la nación misma. La desarticulación del nacionalismo revolucionario significaba restarle sentido al objetivo de la lucha de clases que había construido el nuevo país; la forma nacional congregaba a todos los integrantes de la sociedad, fuesen estudiantes, trabajadores, intelectuales y campesinos para lograr el objetivo libertario. “¡Como si el colonialismo y el poscolonialismo no fueran en sí mismos cuestiones de clase!”[9], dice Eagleton.

La nueva teoría poscolonial pasó de prestar atención a la clase social, luego a la nación y finalmente a la etnia. La intención era elevar el carácter cultural étnico y despolitizar al pos colonialismo, era un proyecto de la izquierda occidental que encontró caldo de cultivo en el tercer mundo, mismo donde las revoluciones habían sido una prueba del poder de la acción colectiva. Hubo movimientos estudiantiles, guerrillas, Vietnam, y sin embargo la teoría cultural tiene pocos recuerdos de ello. Los culturalistas han contribuido “a crear un espacio en el que los despreciados y los ignorados puedan encontrar una voz propia”[10]. El arte étnico, el feminismo, la locura[11], son tópicos que permanecían ocultos y no entraban en los lineamientos y en la normativa, por ser asuntos relativamente desconocidos eran marginados, se les apartaba y se les condenaba, y como resultado no formaban parte del mecanismo opresor, o mejor dicho, de la censura que envuelve a lo visible.

Los liberales optimistas como Blake y Wilde evitaban las comparaciones entre individuos mientras que libertarios pesimistas como Derrida y Foucault pensaban que las reglas son inevitables tanto como el empleo de un lenguaje para distinguir los objetos, para la vida en sí. Es un proceso de homogeneización que los autores mencionados despreciaban, ellos deseaban un mundo lleno de distinciones. “El lado más pesimista de Foucault, está sin embargo, demasiado desencantado para concretar sus propios sueños absurdos de multiplicación”[12]. Eagleton dice que “nadie en un mundo de puras diferencias sería capaz de decir nada inteligible”[13]. La polarización y la erudición en los nuevos temas habían alcanzado a los teóricos contemporáneos. “Quienes habían abogado por una democratización de la cultura, por una cultura popular y plural, acabaron convirtiéndola, a su pesar, en un exclusivo asunto de supuestos especialistas”[14]. La idea original era bajar a la tierra el método academicista de ver la vida, ir contra el rigor intelectual[15]. Con el tiempo volvió a repetir el esquema que había derrocado.

Sobre el capítulo 2: Ascenso y caída de la teoría

     Aquí el autor alude a la hermenéutica y a las razones por las que la teoría existe, tiene la obligación de explicarse a sí misma. El contexto histórico de la teoría cultural abarca aproximadamente de 1965 a 1980, época en la que los autores referidos escribieron sus mejores obras. Antes había surgido fresca, con un tono de rebeldía, criticando a la sociedad de clase media[16] y hechos anteriores, abogando por derechos civiles, como antagonista del capitalismo. En las décadas de los 60 y 70 la expansión cultural abarcaba marketing, moda, medios de comunicación y hasta imagen, la cultura “era el aire mismo que respiraban los nuevos movimientos sociales…”[17]. La universidad era la fuente de las nuevas tendencias, con jóvenes que pasaban tres o cuatro años leyendo y dándole vueltas a la cabeza[18]. Eso constituía un riesgo político para los poderosos quienes no veían con buenos ojos la reunión de pensamientos tentativamente contrarios a sus intereses.

En los sesenta se acusaba a las humanidades de contaminarse por el poder y eso obligaba a una nueva toma de conciencia, una reflexión crítica de lo que se hacía. La teoría tiene algo de narcisista y autocomplaciente cuando vemos que se incluyen los ejercicios académicos como parte de la investigación, la teoría entraba y salía de su propia reflexión y aún le quedaba tiempo para desafiar a las potencias coloniales. La radicalización de la nueva teoría vino cuando posmodernistas[19] y liberales se opusieron a las normas públicas, las prácticas tradicionales, las jerarquías establecidas, el mercantilismo y la autoridad. Los neoliberales rechazan lo mismo pero en nombre del mercado[20]. La teoría cultural permaneció fuerte hasta mediados de los ochenta, cuando sobrevino la crisis petrolera y una recesión económica global. La teoría había superado a la realidad y poco tenía que ver con su origen, ahora era una continuación de la política, era una escuela, un ejemplo. Las ideas nuevas quedan en suspenso cuando la realidad devora a la teoría, la desplaza del podio de ganadores cuando no muestra secuelas palpables. La teoría cultural trajo a colación los temas olvidados por la izquierda tradicional, quería dejar en claro que lo cotidiano y lo genérico es de todos, incluyendo a quienes dirigen el destino de otros.

Antes la principal inspiración de las campañas anticoloniales fue el marxismo, elaborado para aplicarse en Europa, donde se transformó en burguesía y perdió la ilusión política de los primeros días. Se trasladó al tercer mundo y en cada sitio era interpretado con diferente enfoque, tratando de ubicarlo en ese contexto particular. El marxismo era una explicación de la transformación de un modo de producción histórica en otra[21] y no siempre una ideología abarca varios niveles de pensamiento y obra, de ahí que los cambios esperados tardaban en concretarse y cada teórico lo comprendía a su manera en forma de diálogo creativo[22]. Una fusión de pautas y directrices que trataba de unir la nueva teoría con la anterior para no dejarla de lado. Sartre intentó una combinación de humanismo, marxismo y existencialismo, en cambio los autores de los años sesenta se alejaron casi por completo de la política en parte por la derrota del marxismo en occidente y por la bonanza del capitalismo en casi todo el mundo.

La posterior codificación del planeta, la administración cuasi perfecta en la que se encontraba, así como los convencionalismos y signos ayudaban a dar vida al estructuralismo, parecía como si no hubiera salida, como si todo estuviera escrito, sin posibilidad de ser modificado. La cultura era la forma de vivir de las personas, así fueran comunes y corrientes o miembros de la élite privilegiada, todo lo que hacían daba sentido a la existencia. Ahora las explicaciones debían darse en términos coloquiales para que la voz de los teóricos fuera escuchada, “incluía a Bill Wyman y a la comida rápida al mismo tiempo que a Debussy y Dostoievski”[23]. La cultura hace ruido y las ideas deben resumirse, empacarse en una frase superficial[24] que sea comprensible. El periodo de recesión alcanzó también a la teoría que vio como llegaban las últimas décadas del siglo XX y la conciencia política perdía terreno fértil en las mentes jóvenes.

Conclusión

El autor tiene a su favor el beneficio que otorga el tiempo, ha elaborado un escrito basado en la evidencia de que por más teorías que hayan surgido el mundo es un lugar en el que los humanos se han insultado, esclavizado y robado unos a otros en forma sistemática[25] hasta que cada quien queda en el lugar que le corresponde de acuerdo a la fortuna y según su propio esfuerzo. Aunque no siempre ocurre de esa manera, aclaro, la vida es impredecible. No se puede culpar al autor de realizar este ejercicio mordaz, Eagleton se ha alejado de sus orígenes marxistas y al igual que otros autores como Jean Baudrillard y Marshall Berman pone en tela de juicio las enseñanzas de sus mentores y sus propias enunciaciones porque los cambiantes tiempos así lo demandan. Después de la teoría pretende quitarle la seriedad que los pensadores le han puesto a su trabajo, ya que se ha comprobado que de la desfachatez inicial con la que redactaban han pasado a la consagración del nuevo “régimen” epistemológico de la hibridez cultural, adquiriendo un sentido rígido quizás impensado pero que una vez presente es duro de combatir. La teoría es pensamiento, todos pensamos, algunos más que otros y otros pocos publican libros que lo mismo irritan que entretienen. No hay que tomarlo tan en serio, es aprendizaje impreso pero no es la única fuente, la vida otorga lecciones más valiosas, sólo hay que quitarse las lagañas de los ojos y destaparse los oídos para detectarlo.

 

Referencias

Internet

 

http://www.antroposmoderno.com

http://www.contemporarywriters.com

http://www.letraslibres.com

 

Libros

 

Ariés, Philippe y Duby, George (Dir.). Historia de la vida privada, Taurus, Madrid, 1989.

Bell, Daniel. Las contradicciones culturales del capitalismo, Alianza, Madrid, 2004.

Berman, Morris. El crepúsculo de la cultura americana, Sexto Piso, México, 2005.

Bourdieu, Pierre. Capital cultural, escuela y espacio social, Siglo XXI, México, 2007.

Eagleton, Terry. Después de la teoría, Random House Mondadori, Barcelona, 2005.

Eagleton, Terry. The illusions of Posmodernism, Blackwell, Oxford, 1996.

Foucault, Michel. Historia de la locura en la época clásica, Fondo de Cultura Económica, México, 2006.

Foucault, Michel. Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión, Siglo XXI, México, 2005.

McLuhan, Marshall y Powers, B.R. La aldea global, Gedisa, Barcelona, 1996.

 


[1] —, “Terry Eagleton” en: http://www.contemporarywriters.com/authors/?p=authC2D9C28A1123b1D819TsK1844CB4, 30 de septiembre de 2010.

[2] Cf. Michel Foucault. Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión, Siglo XXI, México, 2005.

[3] Terry Eagleton. Después de la teoría, Random House Mondadori, Barcelona, 2005, p. 14.

[4] Daniel Bell. Las contradicciones culturales del capitalismo, Alianza, Madrid, 2004, p. 89.

[5] Terry Eagleton. Op. Cit., p. 15.

[6] Un estudio enfocado a la vida cotidiana de Francia y Europa, dividido en 9 volúmenes, cuenta con investigaciones de varios historiadores y antropólogos sociales. Puede encontrarse en: Philippe Ariés y Georges Duby (Dir.). Historia de la vida privada, Taurus, Madrid, 1989. 

[7] Terry Eagleton. Op. Cit., pp. 18-19.

[8] Marshall McLuhan y B.R. Powers. La aldea global, Gedisa, Barcelona, 1996, p. 132.

[9] Terry Eagleton. Op. Cit, p. 23.

[10] Ídem, p. 25.

[11] Foucault tiene un tratado sobre el tema dividido en dos volúmenes:

Michel Foucault. Historia de la locura en la época clásica, Fondo de Cultura Económica, México, 2006.

[12] Terry Eagleton. The illusions of Posmodernism, Blackwell, Oxford, 1996, p. 31.

 [13] Terry Eagleton. Op. Cit, p. 26.

[14] Manuel Arranz. “Después de la teoría de Terry Eagleton” en: http://www.letraslibres.com/index.php?art=10684, 30 de septiembre de 2010.

[15] Pierre Bourdieu. Capital cultural, escuela y espacio social, Siglo XXI, México, 2007, p. 62.

[16] Terry Eagleton. Op. Cit, p. 36.

[17] Ídem, p. 37.

[18] Ídem, pp. 37-38.

[19] El posmodernismo es “un rechazo de las ideas de universalidad, racionalidad, verdad y progreso propio de la modernidad, lo que convierte al ‘pos’ en un ‘anti’ modernismo”, tomado de: Ricardo Diviani. “Posmodernismo y medios de comunicación” en: http://www.antroposmoderno.com/textos/posmodernismo.shtml, 30 de septiembre de 2010.

[20] Terry Eagleton. Op. Cit, p. 41.

[21] Ídem, p. 45.

[22] Ídem, p. 47.

[23] Ídem, p. 50.

[24] Morris Berman. El crepúsculo de la cultura americana, Sexto Piso, México, 2005, p. 85.

[25] Terry Eagleton. Op. Cit, 1996, p. 52.

 

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Observador miope
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