Offside: la vida es dura

     En ocasiones me percibo fuera de lugar, entiendo que tengo un puesto de trabajo permanente que me ayuda a sostenerme y a ahorrar para algún día independizarme. Sin embargo me siento limitado. Creo que mis capacidades y talentos no son para la labor de oficina que realizo, la cual he aprendido sobre la marcha porque carecía de experiencia y desconocía los procedimientos por lo que tuve que esforzarme más. Disfruto lo que hago, lo ejecuto de buena gana aunque a un año de haber ingresado –llegué en octubre de 2005- saqué las siguientes conclusiones: el trabajo secretarial consiste en acciones sencillas pero numerosas, tantas que la jornada laboral no es suficiente para llevarlas a cabo. Otra fue que por la comodidad de un sueldo algunas personas (en realidad una abrumadora mayoría) son conformistas y se estancan en esa posición, no aspiran a más porque caen presa de la rutina y el stress, factor que inhibe el ánimo de estudiar.

Algunos de mis compañeros se excusan porque tienen familia que alimentar y dicen que no les alcanza el tiempo para prepararse. Es comprensible aunque yo creo es pretexto y falta de interés porque cuando una persona es persistente y/o consciente se plantea un objetivo y lo cumple. Es cuestión de actitud y voluntad, siempre y cuando las circunstancias que están fuera de nuestro control sean propicias . He ido a la universidad, he salido adelante en mi trabajo y en la vida gracias a que soy empecinado e insistente, no me dejo vencer tan fácilmente y si tropiezo me reincorporo. He analizado que parte de mi inconformidad es debida a que las relaciones y favores entre individuos ‘líderes’ y sus camaradas impiden el crecimiento de los que somos subordinados y que no recurrimos a la adulación y al compadrazgo para subir. Proyecto que aunque tuviera mayores grados académicos podría quedarme en el mismo lugar hasta mi jubilación si no me abro camino entre la gente que manda. En teoría podría tener una maestría dentro de dos años y un doctorado dentro de cinco y continuaría como auxiliar de oficina.

Mi forma de vida ideal estaría enfocada a escribir sin horario específico ni rutina. Trabajo mejor en las noches y me gusta quedarme en la cama durmiendo hasta completar 10 horas o más, me agrada esa libertad, ese sosiego que me brinda el hecho de hacer lo que amo y que algún día será una fuente de ingresos alternativa, nunca principal por los motivos antes expuestos. A ratos me frustro, me lleno de rabia al saberme coartado de ejercer mi oficio verdadero, el que me convence y no el que me conviene. No obstante al final recapacito y valoro la gran oportunidad que me llegó hace casi 6 años con mi empleo burocrático. Soy afortunado de tenerlo porque la vida es dura en sí misma y sin trabajo se multiplican los conflictos cotidianos. La crisis económica y social en la que el mundo está sumido desde hace varios años ha copado la comodidad instaurada por un estado de las cosas regular para la clase trabajadora, magnífica para unos pocos, y trágica para una gran mayoría.

No me queda más que continuar, llueva o tiemble. El organismo humano no subsiste de ideales sino de alimento. La panza es primero y por eso laboramos al principio, por el objetivo de saciar esa necesidad básica. He aquí un exorcismo emocional urgente mediante el recurso más efectivo en mi persona: la palabra escrita.

Israel Nungaray González

(Ciudad Juárez, México, 7 de agosto de 2011)

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Observador miope
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