Algo sobre Hegel

Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831)

Hegel

Nació en Stuttgart y es considerado uno de los creadores del idealismo alemán. Aunque no fue el primero en sugerir el término filosofía de la historia, destacó al hacer la proposición de elevar a la misma a una instancia superior donde no fuese comprobada únicamente por hechos sino comprendida mediante los motivos por los cuales sucedieron los acontecimientos. Podría darse así un principio universalista de la historia que abarcara desde el primitivismo hasta la sociedad actual.
Mostró un interés por entender la libertad, la cual define como la conciencia que el ser humano posee de ser libre, “de tal modo que la libertad es un desarrollo de la conciencia”[1]. Según Colingwood, este concepto proviene de Fichte. Hegel no emparentaba a la historia con la naturaleza pues aunque ambos implican un proceso espacio-temporal, la diferencia principal es que la naturaleza es de carácter cíclico, sus etapas son siempre iguales (amanecer-anochecer, ciclo de la lluvia, estaciones del año) y en ella coexisten tanto organismos superiores como inferiores. La historia en cambio es irrepetible. La sucesión no es cíclica sino espiral, es decir que aunque un evento ocurra varias veces, como una guerra, por ejemplo, será diferente cada vez si se toma en cuenta la incorporación de nuevos elementos, como el aprendizaje de errores pasados; además de que otros actores y motivos determinarán la repetición del evento.
Para el filósofo alemán la historia que vale es la de la humanidad en su fase racional. El pensamiento fundamenta a la historia y resulta una herramienta primordial para el historiador quien no obstante que no puede comprobar sensitivamente los hechos si puede llegar a comprenderlos como parte de una manifestación de reflexiones necesarias para la reconstrucción mental de un suceso histórico, y así mismo asimilar las meditaciones de los participantes.
Otra aseveración de Wilhelm Hegel es que todos los incidentes en la historia pasan por la voluntad del ser humano, atendiendo el facto de que las acciones humanas constituyen el procedimiento histórico, y sin dejar de lado la idea de que la voluntad es la conjunción de la acción y el pensamiento. Colingwood señala al respecto que el designio transcurre dentro de una situación histórica dada, “y cada personaje histórico en cada situación histórica, piensa y actúa tan racionalmente como esa persona en esa situación puede pensar y actuar, y nadie puede hacer más”[2]. Cada individuo tomará las medidas que crea prudentes para solventar una situación de acuerdo a la capacidad personal y a la época en la que viva. Sin embargo para este filósofo alemán los humanos corren el riesgo de caer en la trampa de su propia razón ya que a lo largo de la historia los proyectos que ejecuta resultan distintos de aquello que desearon o planearon. “Los individuos creen realizar sus propios objetivos, defender sus intereses, y no hacen más que realizar, sin darse cuenta de ello, un destino más vasto, que les supera”[3].
Hegel no anteponía las pasiones para explicar la historia como hacía Kant. Decía que la historia es “una exhibición de pasiones… pero al mismo tiempo es una exhibición de razón…”[4]. La razón empleará a la pasión para cumplir sus objetivos. A lo anterior Colingwood indica que una falla de Hegel fue ubicar a la razón como algo fuera del alcance humano, como una cualidad externa. Quizás pueda parecer una tendencia teológica pero lo cierto es que Hegel aseguraba que la razón de las personas movía a la historia y no la razón infinita o de inspiración divina. Él pensaba que la historia constaba de una secuencia lógica de acontecimientos e ideas que a su vez son la expresión exterior del pensamiento[5]. Sin embargo los hechos no siempre estarán ligados porque el pensamiento es interno y el acaecimiento externo (conexión con Kant). Ambos ocurren en distintos espacios y temporalidades, razón por la cual el historiador deberá aplicar el empirismo al estudio de los documentos y así determinar el valor del hecho histórico.

Israel Nungaray González
[1] Colingwood. R.G. Idea de la Historia, Fondo de Cultura Económica, México, 1974, p. 118.
[2]Ídem, p. 119.
[3] Guy Bourdé-Hervé Martin. Las Escuelas Históricas. Akal, Madrid, 2004, p. 77.
[4] Colingwood. R.G., Op. cit, p. 120.
[5] Ibid, p. 121.

 Publicado originalmente en itinerariohistorico.blogspot.com en 2008

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Observador miope
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