Benditas mentiras

       Falso/verdadero, ilusión/realidad, mentira/verdad. Las dos caras de la misma moneda. Ambivalencia, increíble ambivalencia. Mentir es necesario para evitarse problemas en la vida, para abrirse camino, para romper corazones, para salvarnos el pellejo, para llorar (¿será?), para no romper corazones ni herir susceptibilidades, para cegarnos, para hacer corajes cuando nos callamos lo que en verdad queremos decir… para sobrellevar la existencia. El ego del ser humano es tan grande que jamás admite que comete equivocaciones, ni acepta el engaño por considerarlo impuro. A pesar de todo, sólo desea armonía y felicidad, sin importarle si en su proceso cognoscitivo requiere admitir falsedades. El autoengaño que provoca sonrisas y tranquilidad en quien lo realiza.

La mentira se convierte en verdad mediante 2 fases: (1ª) que el emisor se crea su mentira y (2ª) que el receptor, tras escucharla, haga lo propio. Añadiendo: sólo existen dos clases de personas, los que mienten y los que no mienten; pero existe una diferencia, los mentirosos solo pueden engañar a otro ídem, no así al no-mentiroso. Lo más extraño del proceso es el momento en que la mentira flota en medio de los dos individuos, cuando el emisor está a la expectativa de que su enunciado se aprobado y el receptor permanece con la duda de aceptar o no la propuesta verbal enviada. La duda es lo único ‘verdadero’ en la intensa búsqueda de la verdad, es el móvil del procedimiento, es aquello que no se oculta, (aunque así se intente), y si hace únicamente da paso momentáneo a un juicio cuyo valor se habrá vuelto cierto.

Es así como se ejemplifica la ambivalencia de las premisas, las cuales dependen enteramente de la interpretación de los destinatarios (“todo depende del cristal con que se mira”), los cuales una vez que recibieron y procesaron la información pueden modificar el sentido de la misma según la tendencia del instante en que fue acogida. Las verdades duelen, lastiman, incomodan y alejan a la gente. Las mentiras pueden resultar agradables, prorrogan o detienen la aparición de algún suceso ineludible; son una salida nada honorable pero si la más rápida al fin y al cabo. Pueden ser la causa de alegría que muchas veces es confundida con felicidad.

A título personal: la felicidad no existe, lo que si existe son los momentos de placer.

Así que abrámosle paso a las mentiras, dejémoslas salir de nuestra mente y nuestra boca, no provoquemos un conflicto gratuito y vano. ¡Benditas sean las mentiras y alabados sean los mentirosos! La verdad es que les admiro porque yo nunca he sabido mentir, lo siento. No hay problema, algún día nos se nos pasará la factura a todos. Ojalá que ese día no llegue pronto. 

 

Israel Nungaray González (escrito en la primavera de 2006)

Advertisements

About Israel Nungaray

Observador miope
This entry was posted in Locura diurna, Opinión and tagged , , , , , , , , , . Bookmark the permalink.

2 Responses to Benditas mentiras

  1. sugarkelita says:

    La felicidad es una ilusión.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s