El 10

     Buen día. Hace algún tiempo que ya no tiene lugar en la táctica de hoy, es un personaje exótico que no surge todos los días y sin embargo solía ser respetado por propios y extraños porque su calidad no se daba en maceta. Hoy, además de aparecer esporádicamente está en franca extinción. En las fuerzas básicas de los clubes no se procura la formación de un armador[1] que ande libre entre el medio campo y la delantera haciendo jugar a sus compañeros, no, esa idea es fantasiosa y anticuada. El objetivo es la victoria y el desempeño en conjunto, las individualidades son apreciadas y aplaudidas aunque cada vez es más complicado encontrar una oncena que resuelva el juego en base a los destellos ocasionales de una o varias de sus figuras.

Como he mencionado en artículos anteriores a los mediocampistas actuales se les exige compromiso y entrega en un alto porcentaje, si aunado a eso cuentan con talento, panorama y técnica individual cuanto mejor para su entrenador. Decía Jorge Valdano que los futbolistas deberían jugar para la grada más que para sí mismos o en pos del resultado. Esa visión romántica tiene cada vez menos adeptos entre los técnicos resultadistas que son la mayoría. Lo primordial es conservar el empleo y si de pasada el equipo gana (aunque no dé espectáculo) pues venga. Así pues el 10 de la estirpe de Zico, Maradona, Boy, Zidane, Bochini, Valderrama ó Juan Román Riquelme –el último playmaker clásico le llama Jonathan Wilson- va de salida; en el fútbol de hoy hay que ponerse el overol y trabajar para el equipo, no hay lugar para perezosos que juegan cuando quieren (Román) o lentos (Bochini y Valderrama). Aunque eso no quiere decir que no disfrutemos verles en la cancha, al contrario, a veces con un par de jugadas cambian el rumbo del encuentro, lo desatascan y deleitan al espectador. A Maradona le bastaba con recibir un pase en media cancha para resolver el partido. Tenía el sello del monstruo[2].

Un equipo de fútbol sin 10 es como el café descafeinado, sabes que la bebida es café pero también reconoces que si no tiene cafeína no es lo mismo.

Juan Román Riquelme: el último armador

Al igual que el extremo puro, el líbero, el portero que no salía del área chica y el contención que no sabía distribuir juego, el armador está por desaparecer, tanto por los esquemas en donde ubican a talentosos como Gourcuff, Fábregas o Modrić con más sacrificio que lucimiento personal como por el trabajo de las escuelas de fútbol y canteras de los clubes en las que los noveles son moldeados para que cumplan con los estándares de la época. Ahora el joven que pinta para 10 es convertido en 8 para que sea un ‘box to box midfielder’ que anote, pase, defienda y se eche al equipo al hombro. Algo así como el capitán del Liverpool, Steven Gerrard, Xavi en el Barcelona o Sinha en Toluca. Una raza moribunda, un anacronismo glorioso representado por el taciturno Riquelme, el del toque mágico y movimientos graciosos[3] sobre la grama. Como él han aparecido muchos, algunos con don de mando, líderes natos incluso no siendo capitanes.

Cuando se hacen las molestas comparaciones entre equipos y jugadores de épocas distintas para ver quien resulta mejor me he puesto a imaginar que crack de antaño destacaría en el juego del presente y los que a mi juicio lucirían son Garrincha, Platini, Pelé, Di Stéfano, Maradona, y Cruyff. De ellos sólo Michel y Diego actuaron de armadores, y El Pelusa lo hizo en sus últimos 10 años de carrera. Los que en definitiva saldrían afectados por el ritmo y velocidad del fútbol contemporáneo son Ricardo Bochini, Carlos Reinoso, Gheorghe Hagi, Tomás Boy, Carlos Valderrama y Zico. En este segundo grupo todos eran enganches, lo que fortalece mi argumento inicial de que hombres con características tan especiales como las de ellos no se ajustan a los sistemas nuevos o simplemente el sistema no está hecho para ellos y al no tener participación van rezagándose, es la clase de jugador que se queda atrás por la evolución táctica del juego[4]. El ejemplo de esa transición es Cuauhtémoc Blanco, aún más que Román Riquelme porque mientras el argentino no pierde la clase y aún es el sostén de Boca Juniors el mexicano apura sus últimas gotas de fútbol a una edad avanzada (casi 39) y con argumentos que no le bastan para ganar por sí solo los partidos. Antes era común que con pura picardía y astucia lo lograra pero ahora es diferente, su físico no es apto y sus facultades han mermado. Es una pena verlo sobre el terreno de juego hoy día, sobre todo porque sabemos que fue un magnífico futbolista.

Hagi lucía cansado desde que tocaban los himnos y a la hora de la disputa tenía instantes de genio[5], Platini era un ilusionista haciendo goles y organizaba el juego de su equipo[6], Valderrama tenía los pies chuecos, escondía el balón mejor que cualquier[7] otro, no corría y ponía la pelota donde quería, Zidane era un mago con el balón en los pies y cuando este llegaba de fea forma lo regresaba a sus compañeros envuelto para regalo[8]. Destellos y momentos magníficos nos fueron entregados por ese jugador distinto, a veces caprichoso y ufano, ese hombre que tanto respetan los otros que visten de pantalón corto, admirado por hinchas, comentaristas y entrenadores por igual. Ahora mismo el número 10 lo puede usar cualquiera, sobre todo en Europa donde no se le guarda el culto a ese dorsal como si ocurre en Sudamérica, ya que allí comenzó a identificarse al jugador con el número que debería ocupar en la cancha de acuerdo a sus características. El ‘5’ es contención, el ‘8’ juega de centrocampista, el ‘9’ es para el centro delantero y el ‘10’ siempre lo portará el enganche. En otras partes del mundo el 10 se le otorga a la estrella del conjunto o al jugador franquicia, sin importar la demarcación en la que se desempeñe. Incluso ya existen nuevas posiciones, al atacante con características de enlace le llaman 9 ½ o second striker(Antonio Cassano, Adolfo Bautista, Andrei Arshavin, Francesco Totti) y al que si tiene condiciones de 10, el centrocampista ofensivo (Luka Modrić, Andrea Pirlo, Kaká, Wesley Sjneider, Yoann Gourcuff, David Silva, Cesc Fàbregas) lo retrasan de lugar y le nombran simplemente mediocampista.

Andrea Pirlo: el 10 contemporáneo con nuevas responsabilidades

Siguiendo el patrón del fútbol actual queda demostrado con creces que es un juego de equipo, 11 esfuerzos en búsqueda de una consecución favorable en la que todos los elementos deben rendir al máximo para triunfar sin la dependencia de la perspicacia singular. En ocasiones aparece uno que otro que rompe el molde, -por algo es un crack- aunque siempre vendrá acompañado de un gran trabajo físico, mental y con la consciencia de formar parte de un grupo. El Trequartista fenece sin que quienes adoramos esa clase de individuo podamos impedirlo. Disfrutemos a los pocos que aún deambulan sobre el pasto. Cheers.

Carlos "Pibe" Valderrama: el mejor futbolista colombiano de todos los tiempos

 

Epílogo

Entre los mejores enganches de la vieja escuela resalto a los siguientes: Gianni Rivera, Zinedine Zidane, Diego Armando Maradona, Michel Platini, Gheorghe Hagi, Ariel Ortega, Tomás Boy, Zico, Juan Román Riquelme y Carlos Valderrama.

Los mediocampistas de hoy que también pueden jugar como enganche: Andrea Pirlo, Kaká, Xavi, Mesut Özil, Wesley Sjneider, Cesc Fàbregas, Luka Modrić, Shinji Kagawa, Javier Pastore y David Silva.

 

Israel Nungaray González

28 de diciembre de 2011

 

 


[1] Una excepción sería la escuela de River Plate donde se especializan en formar trequartistas. Ejemplos: Ariel Ortega, Andrés D’Alessandro, Pablo Aimar, Daniel Ludueña y Marcelo Gallardo.

[2] Juan Villoro. Dios es Redondo, Planeta, México, 2010, p. 77.

[3] Jonathan Wilson. Inverting the pyramid. The history of football tactics, Orion Books, London, 2009, pp. 326 y 334.

[4] Ibídem, p. 349.

[5] Juan Villoro, op. cit, p. 151.

[6] Eduardo Galeano. El fútbol a sol y sombra, Siglo XXI, México, 2010, p. 187.

[7] Ibídem, p. 185.

[8] Villoro, op. cit., p. 169.

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Observador miope
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