Divisiones Absurdas

      No es así de fácil.  No es prudente la polémica. Es posible defender posturas y etiquetas a costa de todo, es reprobable cuando la soberbia no permite el acceso a las razones de aquéllos que no comparten nuestra idea. En ocasiones somos tan arrogantes que no escuchamos a los demás, nos encerramos en el propósito de vencer al otro por más que se trate de una simple discusión de cotorreo en la cantina, en la sala de la casa, en la calle o donde sea. Considero que quien hace tal cosa demuestra lo vacío y patético de su existencia.

En el caso de un tema como la música que implica apasionamiento y atención es común que algunas personas escojan un género o estilo en particular y lo escuchen más que cualquier otro. Las sensaciones de bienestar, alegría y hasta fortaleza que otorga la música provocan que busquemos la forma de compartirla con otros seres humanos. Una vez que se ha conseguido lo anterior prosigue el juego de las afinidades, el afán de encajar en un grupo hace que la gente adopte posturas que antes no tenía, decía Ralph Linton. Si un chico/a escucha música de rock y desea ser reconocida como “rockera” incorporará a su persona la vestimenta, expresiones corporales y verbales propias de ese gremio, por llamarle de alguna forma. Así mismo realizará las actividades que ese conjunto heterogéneo acostumbre como la asistencia a conciertos y reuniones sociales. En dichas tertulias podrá encontrarse con tipos y tipas que a su vez pertenecen a otras categorías (en ocasiones ni siquiera lo saben) que por distintas son inferiores al instante, la defensa a ultranza de los suyos y lo que representan es su obligación si no desea que se le descoloque la placa de “rockero”.

Lo ridículo es que entre los rockers hay ataque y desacreditación hacia los mismos miembros porque unos consideran que cierta música o artista no corresponde al rock y que es necesario alinearse a un ramillete de grupos y solistas que representan sucintamente al género más popular del mundo. Además de que si escuchas otras clases de música como soul, reggae, country, jazz, ska, pop, salsa ya valiste, tu credencial de la Cofradía del Rock y los hijos del Diablo se invalida. No hay tolerancia, con que te guste una rola de los géneros antes mencionados dejas de ser rockero y serás condenado a sufrir críticas en la vida terrenal y a una posible estancia en el purgatorio en el tiempo de tu muerte. Cada quien tiene su idea de que músicos corresponden al capital cultural de un rockero y si te falta uno de la lista (por ejemplo si no te gusta Kiss o Nirvana) quedas descalificado de tal ejercicio geek. Es deprimente cuando alguien se aferra a su elucubración sin siquiera dejar que el otro dé su punto de vista.

En lo personal no me interesa ser etiquetado dentro de una categoría, si acaso perteneciera a una sería a la del NIM, (Nuevo Individuo Monástico) término acuñado por el filósofo Morris Berman para distinguir a los hombres y mujeres que viven fuera de los convencionalismos sociales. Este señor afirmaba que si existiera un congreso de NIMS, un verdadero NIM no acudiría porque la reunión en sí es otro convencionalismo. Hacer una u otra cosa no hace mucha diferencia ya que alguien que se aparte de las convenciones culturales no será más libre que aquel que es esclavo de las mismas (Eagleton, 2004).

La única definición que acepto es la de melómano, adoro la música y no le hago el feo a ninguna pieza del subgénero que sea, siempre y cuando se trate de una buena composición. Una vez más, yo como los demás escuchas tengo mi criterio para determinarlo y si no coincide con el de ellos no veo el problema, no me rasgaré las vestiduras porque mi gusto musical no sea del agrado de fulana o sutano. Lo que más me agrada es el rock aunque no cargo la bandera de rockero ni llevo tatuado el mote, lo considero ridículo. Disfruto a Willie Colón tanto como a John Coltrane, The Police, Steve Reich, The Beatles, Sonic Youth, Marvin Gaye, Blur y Silvio Rodríguez.

Como hacemos en Facebook al compartir una rola, video, texto o noticia con la intención de que alguno de nuestros contactos comente y lo apruebe con un “like” sin que eso signifique que le guste lo que hayamos publicado, puede tratarse de una mera muestra de empatía para con nosotros. Gocemos la vida con sus bemoles y asegunes, con sus placeres y sorpresas. La música como cualquier otra afición es parte de los sucesos que hacen más llevadero nuestro andar en este mundo y si nos mortificamos por nimiedades como no estar de acuerdo con la gente en ciertas preferencias tendremos intranquilidad y desasosiego, lo cual estropea el intento de llevar una vida lo más armónica posible.

Escribió: Israel Nungaray González (26 de enero de 2012)

 

Por si te interesa ahondar en el tema de los conflictos culturales te dejo las siguientes referencias:

 

Berman, Morris. El Crepúsculo de la Cultura Americana, Sexto Piso, México, 2004.

Eagleton, Terry. The Idea of Culture, Blackwell Publishing, Oxford, 2004.

Linton, Ralph. Cultura y Personalidad, Fondo de Cultura Económica, México, 1983.

McLuhan, Marshall. La Cultura es Nuestro Negocio, Diana, México, 1975.

 

Nota: El título de este texto fue tomado de una canción del grupo mexicano Atoxxxico cuya letra dice: “No necesitas demostrar si es que te gusta el punk o el metal, a nadie tienes que convencer que tu forma de pensar es la ideal… son divisiones absurdas, divisiones que nos hacen pelear”.

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Observador miope
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