Entre la grada y la cancha: una mirada al hooliganismo británico

Resumen

    El presente documento realiza una observación a los aficionados radicales y violentos del futbol conocidos como hooligans, particularmente a la ola surgida en Gran Bretaña durante la década de los sesenta. Incluiré una breve reseña de la historia del futbol como deporte organizado, las peculiaridades del aficionado inglés, la descripción y características del hooliganismo, las posibles causas del fenómeno, la repercusión social del deporte y algunos ejemplos de los actos en los que han participado los hooligans en diversos momentos de la historia del futbol profesional.

 

Entre la grada y la cancha: una mirada al hooliganismo británico

Por Israel Nungaray González

 

Introducción

      En el presente documento abordaré el tema del hooliganismo, forma extrema en que algunos aficionados al futbol demuestran su pasión por el deporte que aman. Contemplaré el pasado del juego para detectar los momentos en que la disputa de un encuentro deportivo ha provocado desavenencias en los practicantes y en los observadores. Los hinchas o fanáticos que han llegado a límites insospechados por defender los colores de su equipo o el honor de la ciudad en la que el club juega.

El futbol tiene un origen diverso por lo que no ahondaré en ello, me limitaré a la época en que comenzó a jugarse en Inglaterra en siglo XIX como entretenimiento de pocos que llegaría a más personas cuando la organización fue incluyente con quienes no lo conocían. Con el correr de la veinteava centuria ocurrió la internacionalización del juego, así como la práctica del mismo de forma profesional. Con ello aparecería la afición, la asistencia a los partidos en todo el mundo era algo normal y con ello empezarían a diferenciarse los fanáticos: quienes van al juego a divertirse y apoyar, y quienes acuden a efectuar actos violentos y fuera de lugar.

Características del futbol en el siglo XIX

    En un principio se trataba de un juego en el que el objetivo principal era llevar la pelota al marco contrario para hacer una anotación, ganando el equipo que mayor cantidad de goles hacía durante el tiempo que ambas escuadras creyeran conveniente. Las reglas no eran como las actuales pues podía tocarse el balón con manos y pies, hacer una melé para bloquear el avance del equipo rival y golpear al jugador contrario para derribarlo y lastimarlo. Tales características hicieron que el juego se tornara violento y hasta que el futbol entró en los colegios universitarios británicos suavizó un poco sus métodos[1]. El futbol, al igual que la mayoría de los juegos de pelota, era verdaderamente un juego muy salvaje[2].

Un hecho importante fue la división del juego en dos deportes autónomos, el football y el rugby. Tal separación ocurrió el 26 de octubre de 1863 en la taberna Freemason de London. Allí se reunieron representantes de 12 escuelas y clubes del área londinense para establecer los códigos generales del juego. La escuela de Blackhealth se opuso porque prefería la regla del rugby que permitía tocar la pelota con la mano y el estilo brusco, los demás estuvieron de acuerdo en la unificación del reglamento y así nacía la Football Association[3] en Inglaterra, hecho que influyó en la dispersión del futbol por el mundo al tratarse de una agrupación que revisaría los estatutos fundamentales del juego ordenado.

Dispersión del deporte y fanatismo

    La división entre el rugby y el football era un hecho inminente, a pesar de que ambos deportes eran practicados en los colegios privados británicos no fue sino hasta que el modo de juego del balompié fue modificado que el deporte comenzó a ser conocido y apreciado por las clases populares. Un factor interesante es que varios deportes tienen su origen en Inglaterra, entre ellos el golf, el tenis, el polo y el cricket, actividades realizadas también por la gente de posición económica privilegiada. Cuando los exploradores ingleses llegaban a sitios reclamados por la corona británica solían llevar consigo armas, provisiones y una pelota de futbol. Así introducían una parte de su idiosincrasia por medio del deporte, aunque durante los primeros años sólo jugaban entre ellos.

La cultura deportiva envuelve el fanatismo por un juego, por el hecho en que dos equipos o jugadores en disciplinas individuales luchen por obtener el triunfo. Georges Bourdon compara las competiciones deportivas con la guerra, dice que:

“habría que saber si el torneo es una guerra reducida o si la guerra es un torneo amplificado. En él se enfrentan dos tropas más o menos numerosas. Se pelea, se hostiga, se mata: es por tanto la guerra. Pero la víspera se festeja conjuntamente y por la noche se celebra un baile en honor del bando vencedor: es pues un juego”[4].

Hooligans viejos contra la policía

Es una recreación, un pasatiempo de orden lúdico que en ocasiones altera las vidas de los involucrados; aficionados y jugadores se entregan a la pasión emanada del futbol, un equilibrio de fuerzas que se rompe cuando uno de los competidores logra romper la tensión para ganar el juego[5] con la colaboración de los compañeros de equipo, claro está.

Aparición de los primeros hooligans

    Los clubes de futbol tienen aficionados que sustentan la existencia del equipo en cuestión. La popularidad del juego hizo que tal patrón se repitiera en todo el mundo. No obstante, el caso de Inglaterra es muy peculiar porque en ese país fue inventado el futbol como deporte organizado y por ende fue donde surgieron los primeros entusiastas. El aficionado inglés se desvive por su escuadra por dos razones muy comunes: el amor que tiene por el futbol como espectáculo y por que el club representa a su ciudad o región. Es posible encontrar fanáticos de algún equipo de la capital, por ejemplo un habitante de Sunderland que apoye al West Ham United Football Club en lugar de ser seguidor del equipo de su ciudad pero por lo regular los conjuntos ingleses tienen una base importante de aficionados locales que los siguen en buenos y malos momentos. Aclaro que esta situación no es exclusiva de Inglaterra, en general ocurre con frecuencia en el futbol europeo. Un ejemplo claro es la hinchada del Liverpool FC que canta durante todo el partido, aún en la derrota. Incluso algunos fanáticos reds han dispuesto que tras su muerte sus cenizas sean esparcidas sobre el terreno de juego del estadio Anfield (casa del Liverpool), en un intento por seguir identificados con el “templo” donde profesaron culto en vida[6].

Los británicos son respetuosos de las reglas de su deporte, tienden a ponderar el fair play por encima del resultado del partido. La aparición de los hooligans transgredió este principio, pues los aficionados radicales al futbol optan por el camino de la violencia en su intención de apoyar a su equipo. Son la lacra del futbol mundial[7] según Julián García Candau. Es como una punta de lanza que tomó fuerza hace aproximadamente 50 años en Gran Bretaña. Entre las características distintivas del hooliganismo está “su progresivo alejamiento del terreno de juego; la pérdida progresiva de su significación deportiva; y la aparición de evidentes elementos de racionalidad y organización”[8].

Otra probabilidad es la señal de identidad que los fanáticos adquieren con el club de sus amores. He aquí el punto en común que tienen los hooligans, grupos de seguidores violentos con particulares formas de gamberrismo. Las primeras apariciones de estos bloques se remontan a finales de la década de los sesenta, aficionados de clubes como Everton, Leeds y Liverpool se trasladaban a otras ciudades provocando disturbios antes, durante y después de los partidos[9]. Había batallas campales dentro y fuera de los recintos deportivos. Era común ver en Inglaterra espectáculos como autos incendiados, personas apuñaladas, peleas a puñetazos, con bates de beisbol o incluso con cadenas. Estos enfrentamientos ocurrían en los estadios de las cuatro divisiones de futbol profesional inglesas y escocesas. La policía llegaba a decomisar dardos, navajas de afeitar incrustadas en naranjas, botellas, estrellas de acero, varios tipos de armas blancas y peines afilados[10]. Sucesos que convirtieron la asistencia a los partidos de futbol en una situación incómoda para los aficionados comunes.

El novelista inglés Nick Hornby relata su experiencia como entusiasta del equipo londinense Arsenal durante los años setenta del siglo XX.

“Aunque por lo regular eran enfrentamientos breves controlados por la policía entre los fans del Arsenal contra la parcialidad enemiga… ocasionalmente (y) en particular contra West Ham, Tottenham, Chelsea o Manchester United la batalla se realizaba en el North Bank, afuera del estadio Highbury. Cuando los fans del equipo visitante eran suficientes intentaban apoderarse del territorio de los aficionados locales como si esta fuera una isla de estrategia militar importante”[11]

    Una lucha por defender el territorio, usualmente en los alrededores del estadio del equipo local. Ambos bloques de fanáticos ultras o hooligans se hostigaban previamente para que el día del partido entre sus equipos los ánimos estuvieran bastante alterados con miras a una pelea campal. Esta situación subía de tono especialmente en un derby, encuentro que enfrenta a escuadras con una rivalidad añeja, casi siempre de la misma ciudad o región, en Inglaterra hay varios como los de London: Millwall vs West Ham (equipos del este) y el North London derby de Arsenal vs Tottenham; en el puerto de Liverpool está el Merseyside derby, Everton vs Liverpool; en Birmingham, Aston Villa vs Birmingham City; en el norte se llama Tyne-Tees el duelo entre Newcastle y Sunderland y quizás el más pasional sea el North-West derby que confronta al equipo del Merseyside, Liverpool contra el club de una de las zonas más industrializadas del país, el Manchester United. Ambos equipos son en la actualidad quienes ostentan más títulos de campeonato de la primera división inglesa con 18 cada uno, factor que aumenta las emociones y tensiones entre jugadores y fanáticos.

El comportamiento de los hooligans fue de mal en peor, extendiéndose por el resto de Europa desde hace más de 30 años; países como Italia, Alemania, España, Turquía o Francia han tenido que lidiar con el incremento de la violencia en sus estadios. En América también ocurre, principalmente en Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, Colombia, México y Perú. La cultura del derby o clásico como se llama en castellano influye para que las porras de equipos antagonistas se enfrenten en espacios diversos, a golpes en el estadio y en la calle, verbalmente a través de  los medios de comunicación.

El pánico que provocaba su mera apariencia perturbaba el orden, usaban tatuajes, iban alcoholizados, cargaban manoplas, cachiporras y otros artefactos, transpirando violencia y gritando Rule Britannia y otros rencores del imperio perdido[12]. Cuando había partidos entre clubes ingleses o internacionales de la selección inglesa el riesgo era muy alto tanto para la policía como para la afición, por lo que los dispositivos de seguridad se incrementaban, casi como un estado de sitio: recorridos flanqueados, vehículos blindados, prohibición de la venta de bebidas alcohólicas desde antes del partido, revisión a la entrada de los estadios y la ubicación de las hinchadas en lugares separados uno del otro para evitar altercados[13], aunque no siempre se obtiene el propósito deseado.

La imagen de los hooligans ha ido variando, durante los setenta vestían jeans, camisas Ben Sherman, algunos eran skinheads (cabeza rapada), usaban bombín, botas Dc. Martens con punta de acero y portaban batas blancas con el nombre de su club. A quienes vestían así se les conocía como Bootboys. Para la década de los ochenta usaban ropa deportiva y el cabello más largo, a ese estilo se le llamaba “casual”[14]. Los hooligans ingleses presumen que no planean sus actos con más de diez minutos de antelación, le rinden culto a la cerveza y se enorgullecen de la impunidad con la que despliegan violencia. Se consideran descendientes de los delincuentes que había en Londres en el siglo XIX, tomando de ellos el gusto por la agresión gratuita. Son apáticos cuando están sobrios, asumen la ideología “sin futuro” de los punks y consideran cada cicatriz o marca como una medalla[15] que muestran con orgullo. Estos grupos no se forman por casualidad, desde luego que influye el consumo de drogas y alcohol pero “a menudo, constituyen organizaciones racionales con una precisa jerarquía interna, una estable división de roles, normas de ingreso bien definidas y un núcleo de reglas de conducta bastante delineadas”[16]

Con motivo de la tragedia de Hillsborough en 1989 fue creado un departamento de inteligencia en Scotland Yard dedicado a la prevención de la violencia dentro y fuera de los estadios. Dicho organismo cuenta con una base de datos que ha permitido fichar a más de 6,000 individuos catalogados como violentos y de comportamiento antisocial, así como también ha llevado a Comisaría a más de 35,000 hooligans[17]. A partir de que en los partidos de la Liga Inglesa se ha incrementado la presencia de la policía, los actos vandálicos quedan reservados a los desplazamientos al extranjero, aunque se multiplicaron los enfrentamientos con los grupos de equipos rivales en lugares donde la fuerza policiaca no vigilaba, como las estaciones de ferrocarril[18]. La forma de operar es al estilo paramilitar, las unidades se llaman “compañías” o firms y las dirige un líder que inspira respeto y autoridad. Las firms existen en todos los equipos británicos que se enfrentan entre sí, aunque cuando juega la selección inglesa forman un solo ejército para enfrentarse a la hinchada de cualquier nación[19]. Defienden los colores de su equipo y el orgullo de ser británicos, en territorio foráneo son ingleses y, aparentemente, peligrosos[20]. Algunos de los principales firms de hooligans y el club al que apoyan son:

Gooners (Arsenal Football Club)

Bush Walkers (Millwall)

Red Army (Manchester United)

Service Crew (Leeds)

Inter-City Firm (West Ham) llamados así porque se trasladan en metro, el medio de transporte más común entre los aficionados ingleses

Executive Crew (Nottingham Forest)

Huyton Baddies (Liverpool)

Hinchas del West Ham United luego de la victoria de su equipo en el Derby contra Millwall

Yids (Tottenham)

Posibles motivaciones del hooliganismo y la importancia social del deporte

     Son diversas las razones que explican el problema del hooliganismo, algunas veces el o los individuos participantes buscan la integración a una comunidad que les acepte y cuando esto ocurre forjan su identidad de acuerdo a las actividades realizadas por tal conjunto. Entre mayor sea el peligro implicado en las acciones, más grande la satisfacción que brinda el lograrlo. Otra opción es que representa una válvula de escape a las vicisitudes cotidianas. Los jóvenes de estas hordas contemporáneas pertenecían a los sectores menos privilegiados de la sociedad británica, pobres, marginados y con escasas oportunidades de trabajo, producto de la depresión económica que afectó a Gran Bretaña durante los setenta, aunque también existen aquellos que llevan una vida hasta cierto punto normal, con empleo y vida social común pero que acuden a los partidos de futbol a descargarse, algunos incluso son profesionistas con ánimo de romper el tedio de la vida mundana que en ocasiones llevan. “Hace algunos años el hooligan británico era un parado o un trabajador industrial, con el cuerpo tatuado. En la actualidad, pertenece a la clase media, son racistas y ultraderechistas. Odian a los extranjeros, a los negros, a los asiáticos,  a los judíos y a los emigrantes”[21].

Eric Dunning indica que existen tres aspectos fundamentales que han colaborado en la importancia social del deporte

“1) el hecho de que el deporte ha cobrado fuerza como una de las principales fuentes de emoción agradable; 2) el hecho de que se ha convertido en uno de los principales medios de identificación colectiva y 3) el hecho de que ha llegado a constituirse en una de las claves que dan sentido a las vidas de muchas personas”[22]

     Coincidentemente esos tres puntos están presentes en los aficionados hooligans. El futbol les brinda diversión, es una forma en la que interactúan con otras personas con un interés común y el sentido de sus vidas se basa en gran medida en su gusto por el deporte más popular del mundo. Es una especie de religión secular en una época cada vez más profana[23]. El agregado es la actitud hostil y delictiva que no tienen los fans ordinarios. Javier Durán comenta que “la mayoría de estos jóvenes suplen su falta de reconocimiento y espectativas (sic) en los ámbitos escolar o profesional con la notoriedad social que adquieren a través de sus conductas violentas en el contexto futbolístico”[24]. También consideran que el sector que ocupan en la grada es un territorio que debe ser defendido, y el área donde se ubican los seguidores rivales es un territorio que debía ser atacado[25]. Entre los hooligans hay lazos de amistad y solidaridad, se protegen entre sí de las amenazas y a costa de lo que sea; una exigencia es que las actividades del grupo deben proseguir más allá de los noventa minutos que dura un partido; tienen un ritual de comportamiento, vestimenta, reuniones, lenguaje y cánticos que auxilian en la cohesión del conjunto; existe una red de amistades y rivalidades notable y vinculante; hay una predisposición consciente a empresas arriesgadas, así como un constante esfuerzo por elaborar estrategias de ataque y defensa; y por último, entre los hooligans hay una complicada penetrabilidad en el grupo y las formas de acceso están basadas en la afabilidad y credibilidad personales[26].

Una forma de contener los actos vandálicos dentro de los estadios consistió en levantar rejas que dividieran la grada de la cancha para evitar que los fanáticos ingresaran al terreno de juego. Tal determinación funcionó durante un tiempo sin embargo trajo consecuencias a la larga, ya que las personas se sentían enjauladas como si fuesen animales y en múltiples ocasiones actuaron como tal, llegando a extremos graves que trajeron como consecuencia la muerte de varios asistentes a los partidos. Dos casos merecen especial atención: Heysel, Bélgica y Hillsborough, Inglaterra, mencionados en el siguiente apartado.

Batallas y tragedias

      A continuación un recuento de algunos sucesos lamentables en los que han estado inmiscuidos los hooligans y las medidas tomadas por las autoridades del futbol inglés luego de haber llegado a límites impensados.

En mayo de 1967 los fanáticos de Chelsea y Tottenham se enfrascaron en una batalla dentro del estadio Wembley, antes de la final por la FA Cup. La policía realizó 44 detenciones y el partido fue retrasado durante 10 minutos[27]. Para entonces se habían instalado las rejas y barras de contención en los estadios británicos.

 Un seguidor del Sheffield United llamado Sean Morris murió en 1992 luego de sufrir heridas en la cabeza por un grupo de hinchas del Sheffield Wednesday (equipo rival en el derby), luego de un encuentro de semifinales de la Copa de Inglaterra entre ambos conjuntos celebrado en Wembley, London.

En el terreno internacional ocurrió un incidente en Dublin, Irlanda el 15 de febrero de 1995 cuando Inglaterra enfrentaría al equipo local. Aficionados ingleses lanzaron objetos contra sus pares irlandeses, el partido fue suspendido y hubo más de 50 heridos. El 26 de junio de 1996 Inglaterra fue eliminada por Alemania dentro de la Eurocopa celebrada en suelo inglés. Varios jóvenes frustrados salieron a las calles a destrozar autos y escaparates de tiendas, incluso un estudiante ruso fue apuñalada al ser confundido con un fan alemán. La policía recibió ataques con todo tipo de objetos, hubo cientos de detenidos, principalmente en Londres.

Una de las batallas más conocidas fue la acontecida luego de la final de la Copa UEFA disputada en Copenhague, Dinamarca el 17 de mayo de 2000 entre el Galatasaray de Turquía y el Arsenal inglés. Hubo 10 heridos durante las peleas entre grupos radicales de ambos equipos. Los turcos iniciaron el ataque al ingresar a un club en el que se encontraban hinchas ingleses, los británicos salieron de los sitios donde se hospedaban para responder al hostigamiento y la policía tuvo que optar por el lanzamiento de gases lacrimógenos para controlar el problema[28].

La tragedia que definió el destino del futbol inglés por muchos años ocurrió en el estadio Heysel en Bruselas, Bélgica el 29 de mayo de 1985. Ese día se disputaba la final de la Copa de Europa de clubes entre el Liverpool FC y el Juventus de Italia. El lugar no era el apropiado para un partido tan importante, era pequeño, tenía poca capacidad (33,000 personas y fueron repartidos boletos en tres partes iguales, una para los fans de Liverpool, otra para los neutrales y la última para los hinchas de Juventus[29]) y la infraestructura del inmueble era vieja y poco funcional. El resultado fue que una pared colapsara  una hora antes del inicio del encuentro.

“Los aficionados de Juventus no sabían y no tenían por qué saber acerca del comportamiento de los aficionados ingleses. Cuando vieron que una multitud de escandalosos hooligans corría hacia ellos, entraron en pánico y se dirigieron a la orilla de su compartimiento. Una pared se derrumbó y, en el caos resultante, la gente murió aplastada[30]

El saldo fue de 39 muertos, 32 de ellos eran hinchas de Juventus y 600 más salieron heridos. El juego se llevó a cabo (algo que no debió suceder luego de  un incidente tan trágico) y el equipo italiano resultó campeón de Europa. La UEFA[31] culpó del hecho a los hinchas ingleses y aplicó una suspensión de 10 años a la federación belga, lo que le impedía volver a organizar una final de competición europea y una suspensión de cinco años para los clubes ingleses que les prohibía participar en competencias internacionales organizadas por la UEFA. Para el mundial de Italia 1990 le fue permitida la entrada a los ingleses para apoyar a su selección pero con la vigilancia de los agentes de Scotland Yard y el ministro de Deportes del gobierno británico[32].

La tragedia del estadio de Heysel, Bélgica

La crisis del futbol inglés tocó fondo el 15 de abril de 1989 durante las semifinales por la Copa Inglesa en Sheffield, ciudad al norte de Londres. “Era una hermosa mañana de primavera cuando los fans de Liverpool se dirigían a Sheffield. Lo último que pasaba por su cabeza era el peligro”[33]. El match era Liverpool contra Nottingham Forest en un estadio neutral autorizado por la FA, Hillsborough, casa del Sheffield Wednesday. En esa ocasión se sobrevendieron más de 10,000 boletos, causando una avalancha de personas contra las rejas de protección requeridas por la asociación inglesa. “Fue el enrejado, precisamente el aditamento que permitió que el partido fuera disputado allí, lo que les mató, evitando que pudieran eludir el aplastamiento y que llegaran a la cancha”[34]. La policía no fue capaz de garantizar la seguridad, había permitido el ingreso de la gente por montones; ninguna fuerza policial en cualquier cancha del país habría hecho eso[35]. Además destaca el hecho de que varios de los oficiales no tenían experiencia en la vigilancia de partidos de futbol.

Minutos antes de la patada inicial sobrevino la tragedia. Los jugadores de ambos equipos se encontraban calentando en la cancha cuando una barrera de contención de la puerta “C” se rompió llevándose consigo una masa apretujada de cuerpos. Algunos tuvieron la fortuna de brincar la reja y llegar a la cancha para ponerse a salvo pero más de 500 personas yacían del lado del canal que dividía la grada de la malla de protección. Mientras el partido comenzaba el grito estruendoso de la multitud ahogaba los gritos de dolor de los moribundos[36]. De acuerdo al reporte del juez Peter Taylor hubo 96 muertos, la mayoría hinchas del Liverpool. Aunque estrictamente no fue un conflicto de hooliganismo sino de falta de seguridad en los estadios, la resolución dada por los investigadores de Scotland Yard y el gobierno británico estableció las bases para disminuir ambas problemáticas. A partir de entonces se “recomendó que, después de Hillsborough, los asistentes a los estadios de futbol deberían estar sentados, y los clubes de futbol estuvieron de acuerdo en seguir esa recomendación”[37]. Las rejas fueron retiradas en todos los estadios del país y en la actualidad los hooligans actúan fuera del estadio y en caso de que cualquier persona incurra en actos vandálicos o que alteren el orden como arrojar objetos a la cancha, meterse a ella o pelearse en la grada, queda fichado por la autoridad y pierde automáticamente su derecho a entrar a cualquier estadio inglés, un castigo de por vida. Así mismo, al momento de viajar al extranjero los hooligans son detectados (les identifican por medio de la huella digital) y no les es permitido el ingreso a la nación que visitan para apoyar a su club o selección nacional.

Conclusión

     Es un fenómeno difícil de abordar, para empezar se trata de una minoría que se inmiscuye en un espectáculo de masas y por eso mismo su repercusión es mayor. A nivel social resalta porque afecta diversos estratos de la comunidad y a nivel histórico por el tiempo que tiene ocurriendo, algunos autores lo ubican de la mano del nacimiento del futbol y otros lo atribuyen a la naturaleza humana. El futbol es un deporte muy bello que despierta múltiples pasiones, no siempre bien encausadas. La alegría que provoca un gol o el triunfo del equipo predilecto puede ser motivo de desmanes por parte de algunos aficionados, en ocasiones la frustración que vive una parte de la población en ciertos países les hace volcar su esperanza en el resultado de un encuentro deportivo. Aunado a eso el consumo de alcohol y drogas, baja autoestima e irritabilidad puede derivar en un coctel explosivo[38]. Es notable que hay una diferencia entre una porra que alienta a su equipo con cánticos y gritos y una “firm” que también apoya pero está más interesada en provocar a la parcialidad contraria y en armar disturbios que en el desarrollo del juego, muchas veces ni siquiera se enteran del resultado del partido, lo importante es liberar demonios por medio de la violencia. Ehrenberg dice que el hooliganismo es una estrategia para mostrarse, para ser socialmente visible, participar y salir del anonimato.

El más afectado es el futbol como opción de entretenimiento, pues ha sido satanizado y difamado por sus detractores, bloqueando los avances deportivos por las groserías de los falsos aficionados dentro y fuera de las canchas. Lo que intenté con este ensayo fue una descripción general del asunto que me ha permitido percibir la magnitud del mismo. La complejidad es vasta desde el momento en que se trata con reacciones humanas aparentemente dispares: el atestiguamiento de un espectáculo al que se acude por gusto y la forma en que se festeja, cantos de júbilo por el triunfo obtenido por un lado, destrozos y peleas contra los fanáticos opuestos del otro. Las tragedias acontecidas en Heysel y Hillsborough son prueba fehaciente de que el conflicto creció tanto que se salió del control de los clubes y organismos de futbol, por lo que fue necesaria la intervención gubernamental para aplicar medidas estrictas que garantizaran la continuidad del espectáculo y no el aumento de la amenaza. Entre la grada y la cancha está el aficionado, personaje que le inyectó vida al juego más hermoso de todos desde sus inicios, a medida que evolucionaba el juego lo hacía también el fan. El hooliganismo pareciera ser un punto en el que la civilización se detuvo y hubo una regresión a un tiempo primitivo de comportamiento, entendible sólo en la etapa incipiente del ser humano, no en una en que la consciencia es inevitable. El problema es detectado pero no sabemos qué hacer con él, dice Roversi. El joven participante tiene  la necesidad de sentirse incluido en un grupo que tiene valores, normas, creencias, razones, modelos de acción y sensaciones; la firm ofrece todo lo anterior, cubriendo las necesidades de afiliación y significación de sus integrantes, exigiendo a cambio el cumplimiento de normas de conducta para que el nuevo miembro pueda ser confirmado y aprobado por el resto del grupo[39]. El asunto puede ignorarse pero no desaparecerá de forma sencilla, hace falta la inclusión de los clubes, de la sociedad civil y de los organismos rectores del futbol. No obstante, la necesidad primordial sigue siendo la comprensión del hooliganismo como acciones derivadas de un espectáculo deportivo y la afición al mismo. La comprensión y tratamiento del problema mejorarán al manejarlo dentro de un contorno humano, psicológico y social.

 

Bibliografía

Internet: http://www.thefa.com

Filme:

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Revista:

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Libros:

 

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[1] Julián García Candau. Épica y Lírica del Fútbol, Alianza Editorial, Madrid, 1996, p. 44.

[2] Norbert Elias y Eric Dunning, “Dinámica de los grupos deportivos con especial referencia al fútbol” en: Norbert Elias-Eric Dunning. Deporte y ocio en el proceso de la civilización, Fondo de Cultura Económica, México, 1992, p. 238.

[3] —, “History of The FA” en: http://www.thefa.com/TheFA/WhoWeAre/HistoryOfTheFA, 16 de Julio de 2010.

[4] Georges Bourdon. “El torneo: entre la guerra y la fiesta” en: Jean-Jacques Barreau y Jean Jacques Morne, Epistemología y Antropología del Deporte, Alianza, Madrid, 1991, p. 164.

[5] Norbert Elias. “Un ensayo sobre el deporte y la violencia” en: Op. Cit., p. 192.

[6] Eric Dunning. “La dinámica del deporte moderno: notas sobre la búsqueda de triunfos y la importancia social del deporte” en: Op. Cit., p. 267.  

[7] García Candau. Op. Cit., pp. 295-296.

[8] Javier Durán González. “El vandalismo en el fútbol en España: un análisis sociológico cualtitativo” en Valores sociales y deporte. Fair play versus violencia, Investigación en Ciencias del Deporte, Núm. 9, Ministro de Educación y Cultura. Consejo Superior de Deportes, Madrid, 1996, p. 15.

[9] José María Seara Ruiz y Damián Sedano Jiménez. Radiografía de los grupos ultras en acontecimientos deportivos, Dykinson, Madrid, 2001, p. 133.

[10] Ibídem, p. 134.

[11] Nick Hornby. Fever Pitch, Riverhead Books/Penguin, New York, 1998, p. 47.

[12] Eduardo Galeano. El fútbol a sol y sombra, Siglo XXI, México, 2002, p. 189.

[13] García Candau. Op. Cit., p. 296.

[14] Los integrantes de la Inner City Firm (hinchas del West Ham United FC), conocidos así por viajar a los encuentros usando el sistema interior del metro de la ciudad de London en lugar de utilizar los trenes especiales para aficionados, fueron los primeros en vestir como civiles para no ser identificados por la policía. Ni siquiera llevaban tatuajes con el nombre de su equipo ni las tradicionales bufandas.

[15] José María Seara Ruiz y Damián Sedano Jiménez. Op. Cit., pp. 134-135.

[16] Antonio Roversi. “El sociólogo y el ultra. Los estudios sobre el gamberrismo en el fútbol” en: Op. Cit., pp. 77-78.

[17] José María Seara Ruiz y Damián Sedano Jiménez. Op. Cit, p. 135.

[18] Eric Dunning, Patrick Murphy y John Williams. The roots of football hooliganism. An Historical and Sociological Study, Routledge & Kegan Paul Ltd., New York, 1988, p. 168.

[19] José María Seara Ruiz y Damián Sedano Jiménez. Op. Cit, p. 136.

[20] Bill Buford. Among the Thugs, Vintage, New York, 1993, p. 39.

[21] José María Seara Ruiz y Damián Sedano Jiménez. Op. Cit, p. 135-136.

[22] Eric Dunning. “La dinámica del deporte moderno: notas sobre la búsqueda de triunfos y la importancia social del deporte” en: Norbert Elias-Eric Dunning. Deporte y ocio en el proceso de la civilización, Fondo de Cultura Económica, México, 1992, p. 266.

[23] Ídem, p. 268.

[24] Durán. Op. Cit., p. 30.

[25] Roversi. Op. Cit., p. 80.

[26] Ídem, p. 82.

[27] Eric Dunning, Patrick Murphy y John Williams, Op. Cit., pp. 167-168.

[28] José María Seara Ruiz y Damián Sedano Jiménez. Op. Cit., pp. 69-70.

[29] Hereward Pelling. Historia del Fútbol: El lado oscuro y las grandes tragedias, Vol. 6, Quality Films, México, 2006.

[30] Nick Hornby. Op. Cit., p. 147.

[31] Siglas de Union of European Football Associations (Unión de Asociaciones Europeas de Futbol)

[32] Eduardo Galeano. Op. Cit., p. 188.

[33] Phil Scraton. “Death on the Terraces: The Contexts and Injustices of the 1989 Hillsborough Disaster” en: Soccer and Society, Vol.5, No. 2, Verano 2004, p. 186.

[34] Nick Hornby. Op. Cit., p. 135.

[35] Ibídem, p. 210.

[36] Phil Scraton, Op. Cit., pp. 187-188.

[37] Nick Hornby. Op. Cit., pp. 67-68.

[38] José María Seara Ruiz y Damián Sedano Jiménez. Op. Cit., p. 63.

[39] Roversi. Op. Cit., p. 86.

 

Escrito entre agosto y noviembre de 2009 en Ciudad Juárez, México

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2 Responses to Entre la grada y la cancha: una mirada al hooliganismo británico

  1. ¿Ciertamente crees todo ello? Negativamente me da
    la impresion que la noticia que has narrado resulte cierta.

    De todas mawneras satisfactoriamente desarrollado.

    • Hola. Los datos fueron consultados y contrastados en diversas fuentes, en lo que se refiere a la información. Por otra parte la interpretación que realicé fue hecha desde disciplinas como la Sociología, la Historia y la Psicología. El ejemplo fue reducido al caso británico antes de los años 90’s para delimitarlo y comprenderlo mejor. El lector puede tener su propia interpretación de la problemática expuesta. Gracias por hacerlo y por comentar.

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