Gabino

 Jugaba con nosotros los jueves por la tarde, el resto de la semana estudiaba y el fin de semana veía a su padre, era el acuerdo que el señor firmó con la madre después del divorcio. De plática amena y actitud sagaz, Gabino desarrolló una habilidad natural para el futbol, tenía dribbling y golpeaba la pelota con ambas piernas. Su sprint era impresionante sin balón, una vez que lo tomaba era difícil detenerlo. En la fosa donde jugábamos decían: “ya la tomó Gabino, no parará hasta que llegue a su casa”. Si bien la afirmación era exagerada, lo cierto es que por lo general la jugada terminaba en tiro a puerta, la mayoría de esos disparos se convertían en gol.

Las cáscaras vespertinas eran muy divertidas, yo jugaba en la zaga aunque de repente me lanzaba al ataque como extremo. Eso sí, cuando enfrentaba a Gabino tenía que aplicarme en mi puesto porque ante cualquier descuido hacía un par de fintas y se iba de mi, por más que corriera no lo alcanzaba jamás. Durante varios meses permanecimos así, jugando todos los días con Gabino incorporándose los jueves, a veces también aparecía los miércoles, nunca supimos por qué no iba al llano a diario como el resto de los chicos. Un día decidimos que era buena idea ingresar a competir en una liga amateur, invitamos a Gabino y por supuesto aceptó. Al principio nos fue mal; a pesar de que éramos buenos, nos costaba trabajo jugar en equipo y terminábamos dándole la bola a Gabino para que resolviera el problema, a veces funcionaba otras apenas lográbamos para empatar.pelota azul

Tiempo después las cosas cambiaron, nuestro juego era cada vez mejor y los resultados tenían al equipo en tercer lugar general. Sabíamos que el esfuerzo colectivo aunado al aliciente de un fuera de serie como Gabino dentro de la cancha nos habían llevado hasta allí. En cierta ocasión un dirigente de la liga “Cosmos”, Felipe Vargas se acercó a nuestro entrenador para felicitarle y anunciarle que próximamente tendríamos la visita de visores del Club América con el que la liga tenía un convenio. El señor Vargas hizo hincapié en el talento de Gabino y dijo no tener duda que el América pudiera llevarse a aquel joven larguirucho a la Ciudad de México. Gabino parecía estar cerca del sueño que muchos hemos tenido: ser futbolista profesional. Simón, el entrenador nos dijo que todos tendríamos oportunidad de ser observados por los representantes del América y que solo con entrenamiento más intenso podríamos conseguir un buen fútbol. Eso sí, el primer objetivo era calificar a la fase final para luchar por el título de liga.

El menos entusiasmado era Gabino, pude notarlo en el momento que todos hablaban de los visores y él se apartaba a una esquina muy serio, de vez en cuando miraba hacia nosotros y sonreía; no obstante era evidente que su interés era menor al nuestro. De cualquier manera nos preparamos para ese día, habíamos calificado a la liguilla y los visores observarían los dos partidos de semifinales y la final. A nosotros nos tocaba en el segundo horario, a las 4 de la tarde. Recuerdo que una semana antes hablé con Sergio, nuestro medio de contención.

-Pienso que no debemos confiarnos, lo primero es ganar el pase a la final.

-No te preocupes –acotó Sergio. Tenemos a Gabino, llegaremos a la final y de pasada nos luciremos ante los visores.

Yo preferí no hacerme ilusiones, después de todo solo éramos un equipo de jovencillos como hay muchos en el país, no era la primera ni la única vez que los visores harían su trabajo. Para el entrenador lo más importante era ganar el campeonato, nos había costado mucho llegar hasta esa etapa como para fallar en el último momento. Además confiaba en todos, sabía que Gabino era el mejor pero nunca le daba trato preferencial y tenía variantes tácticas que aplicaba sin mortificar el funcionamiento del equipo.phpThumb

Los visores del Club América caminaban hacia la cancha dos donde sería disputada la primera semifinal. Nosotros jugaríamos en la cancha 1 a las 4. Yo veía en su rostro adusto una tranquilidad propia de su labor. Uno de ellos se colocó entre las bancas mientras otro seguía las acciones desde la tribuna, ambos con libreta en mano. El primer partido terminó empatado a uno y se definiría por penales. Para ese instante nosotros calentábamos y recibíamos instrucciones de Don Simón, todos atentos y concentrados menos Gabino. No teníamos idea de dónde pudiera estar. Simón mandó a Alejandro a que lo buscara en su casa, ésta quedaba a menos de 6 cuadras de la liga Cosmos. Alejandro volvió sin Gabino, dijo que nadie le abrió y que el auto de la madre no estaba en la cochera. Todos nos miramos desconcertados, no sabíamos que decir o pensar. No era posible que la estrella del equipo no llegara al partido más importante de la temporada.

-Simón, ¿dónde está Gabino? –le preguntó el señor Vargas a nuestro entrenador

-No ha llegado, señor.

-¿Cómo?

-No sabemos qué pasó, ya debería estar aquí

-Los señores quieren saludarlo antes del partido. Les he contado de su destreza y considero prudente presentarlo con sus futuros mentores. Dile cuando llegue que lo esperamos en las bancas. ¿De acuerdo?

-Si señor Vargas.

El partido estaba por comenzar, Simón tuvo que hacer ajustes en el ataque. Luis entraría por el ausente Gabino. El juego fue muy complicado, el rival jugaba al contragolpe y sus wingers eran muy peligrosos, tuvimos que emplearnos a fondo en defensa para no caer. Al final Luis anotó el solitario tanto que nos metió en la final. Simón nos dio una arenga sobre la labor realizada y cuando le mencionamos a Gabino dijo que él mismo se encargaría de buscarlo para darle la noticia.Cancha_de_Fútbol_EIA_Las_Palmas_1

Pasó el tiempo y el equipo desapareció, muchos entramos en la secundaria y seguimos jugando aunque cada vez menos. De Gabino no supimos nada hasta cuatro años después. El día anterior al partido su padre lo sacó de la escuela para llevarlo a conocer la selva guatemalteca, era un anhelo que ambos compartían desde que Gabino era muy pequeño. El joven con pinta de crack lloró en privado el hecho de haber dejado ir la oportunidad de su vida en el futbol por pasar unos días con su padre.

Ahora entiendo la razón de su seriedad y desgano con la posibilidad de ser fichado por América, él sabía que se iría antes del gran juego y por eso prefirió no darle  importancia al arribo de los visores. Un sueño no cristalizado, como los de muchos seres humanos.

Escribió: Israel Nungaray González

3 de abril de 2013 (Ciudad Juárez, México)

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Observador miope
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