El Coronel de García Márquez y la esperanza perenne de América Latina

Introducción

La realidad latinoamericana vista a través de la narrativa de Gabriel García Márquez muestra una revisión desde adentro por parte de un autor que ha convivido con la actualidad de su país, Colombia. El escritor conocido como Gabo nació en Aracataca, Colombia en 1928. Aunque no fue muy dedicado a los estudios ingresó a la Facultad de Derecho de la Universidad de Cartagena en 1947, trabajó para periódicos en distintos países como España, Francia y México. En Italia estudió en el Centro experimental de cinematografía. Entre sus obras destacadas están La Hojarasca (1955), Cien años de soledad (1967), El otoño del patriarca (1975),  La increíble historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada (1977), y Crónica de una muerte anunciada (1981). En 1958 se trasladó a la Ciudad de México junto a su familia[1], lugar donde reside desde entonces. Algunos críticos han dicho que Macondo, pueblo ficticio colombiano donde se desarrolla la historia de Cien Años de Soledad (1964) podría ubicarse en cualquier país de América Latina porque los sucesos relatados[2] compaginan con los que acontecen en varios sectores del continente hispano parlante.

En El Coronel No Tiene Quien Le Escriba se muestra la eterna esperanza del cambio a la que se atienen los desprotegidos que aun habiendo servido a su nación no reciben la recompensa a su esfuerzo. El coronel aguarda una carta que autorice su pensión y cada viernes acude a la oficina de correos con la ilusión de que la misiva que tanto anhela por fin llegue, aunque es consciente de que tal cosa no ocurrirá[3]. Desde que el coronel luchó en el ejército de Aureliano Buendía 15 años atrás ha tenido que soportar una burocracia asfixiante –aún vigente en nuestros días-, la lentitud de un proceso administrativo que debiera ser efectivo en el reconocimiento de sus ciudadanos. “Nosotros nos rompimos el cuero para salvar la República”[4] sentencia el coronel en un evidente señalamiento del sacrificio civil hecho en pro de su país. El coronel batalla contra la adversidad y la miseria que lo ahoga, no atiende a las súplicas de su mujer por abandonar la idea de la carta porque finalmente la espera es lo que lo mantiene con vida. Habría de vender sus pocas pertenencias para apenas subsistir y al final del texto el círculo no se cierra. La carta no aparece y el coronel es consciente de que lo único que llegará con seguridad es la muerte[5].

En las siguientes páginas incluyo una síntesis de algunos temas como el arribo de la colonización europea, el subdesarrollo de América Latina y la pobreza, a manera de tópicos de interés enlazados a la novela de Gabriel García Márquez, El Coronel no tiene quien le escriba.

La llegada de la civilización europea

Los colonizadores europeos del siglo XVI trajeron consigo su cultura y su idiosincrasia al ocupar el nuevo mundo, aquellas costumbres de los nativos que les parecían profanas o “atrasadas” respecto de las  practicadas en el nuevo mundo fueron desechadas, los españoles obligaron a los indígenas a aprender el castellano y les inculcaron el cristianismo, destruyeron ciudades enteras y sobre sus ruinas edificaron poblaciones al estilo europeo. Habían llegado entusiasmados por los relatos de los primeros navegantes del siglo XV. La riqueza de la tierra, la abundancia de recursos naturales y sobre todo, minerales, atrajeron por carretonadas a exploradores, misioneros, militares y un gran número de funcionarios que buscaban otro sitio para sí y para sus familias. América Latina era desde entonces un refugio para el extranjero que buscaba hogar y para el inversor que pretendía incrementar sus ingresos. Todo dentro del marco propuesto por Humboldt acerca del devenir histórico que la travesía de Cristóbal Colón[6] representaba para Europa.

El desarrollo condicionado del nuevo mundo

La historia ha demostrado el constante rezago en el que América Latina se encuentra. En primera instancia la información proveniente de Europa llegaba con meses de retraso, las revueltas por la independencia se inspiraban en ideas procedentes del otro lado del atlántico; la autonomía, la democracia y la igualdad social eran tópicos que no todos entendían y quienes lo hacían las aplicaban de acuerdo a su particular punto de vista. Los modelos políticos que los funcionarios intentan establecer no coinciden con las circunstancias reales, si bien la intención de mejoría es buena, la verdad es que los recursos son mínimos y entre la población existen problemas de analfabetismo, salarios bajos, alimentación raquítica, entre otros. El pueblo del coronel se muestra alejado de la alta civilización y retrasado tecnológicamente.

El Estado es el organismo rector porque tiene poder económico, aunque “tras él se encuentra una malla inmensa de relaciones entre territorios, naciones y clases”[7]. Las conexiones financieras incluyen a empresarios trasnacionales, grandes propietarios y monopolios. Esta situación variará de país a país. Así como lo mencionado anteriormente: el sistema político está supeditado a los límites y posibilidades de la plusvalía, la explotación, el desarrollo y el valor acumulado[8] del Estado. Las naciones del tercer mundo no entran en la dinámica capitalista porque no cuentan con la solidez económica suficiente, vaya, la mayoría de sus habitantes ni siquiera cubren sus necesidades básicas, por lo que es más complicado satisfacer sus aspiraciones de crecimiento. Las iniciativas destinadas a poner orden en la sociedad son locales y están dirigidas a resolver problemas de corto alcance[9]; sin embargo, no atienden enseguida a los más necesitados sino al sector de la ciudadanía ya enriquecido.el-coronel-no-tiene-quien-le-escriba-gabriel-garcia-marquez-4086-MLA126928099_8359-F

La pobreza

Desde hace mucho tiempo América Latina vive una situación de pobreza, desigualdad y rezago, tales señales enmarcan la realidad social del continente. El punto es encontrar vías de solución eficaces y duraderas. Existen varios tipos de pobreza, una de ellas categoriza a las personas que no consiguen sufragar las necesidades elementales de alimentación, vestido, bienes y servicios. También están aquellos catalogados dentro de la pobreza extrema, quienes viven en la calle, no pueden conseguir alimento y no cuentan con una casa donde refugiarse. En realidad el criterio para definir la pobreza es heterogéneo.

En la zona rural (ambiente en el que se ubica la historia del coronel) hay mayor cantidad de población pobre, aunque en las ciudades ha ido en aumento. La pobreza es la mayor causa de mortandad en América Latina, dato poco apreciado en el exterior, sobre todo por quienes envían auxilio a las comunidades atrasadas, si es que lo hacen. Aunque las causas son numerosas, la migración del campo a la ciudad tiene que ver en gran medida con la falta de empleo, la gente del campo acude la urbe en busca de oportunidades de trabajo. Llegan a ocupar un espacio saturado donde también escasea el empleo, forman parte de la estadística y aunque eventualmente el mercado laboral se regenera, las carencias permanecen o se hacen más grandes debido a las prácticas y costumbres del ser humano. El coronel es un militar retirado que de tener edad para trabajar no podría hacerlo porque sencillamente no encontraría como ganarse la vida en un pueblo envejecido y decadente.

La brecha económica es cada vez más marcada. “América Latina entró al siglo XX con una clase reducida de ricos listos para imitar el estilo occidental de vida, en contraste con una masa de pobres que apenas subsistían”[10]. La tecnología y la industrialización fueron introducidas con calzador, las ganancias fueron repartidas de forma desigual y la generación de empleos fue raquítica. ¿Cuánto más se ve afectada una comunidad azotada por la guerra como el pueblo del Coronel? Las devaluaciones periódicas en América Latina reducen la credibilidad de la gente hacia sus gobernantes. La confusión creada por crisis económicas y estancamiento social evidencian la desigualdad y la pobreza. De por sí eran pocas las posibilidades que tenía el Coronel de que le entregaran el dinero que le debía el gobierno por haber servido en el ejército comandado por Aureliano Buendía, personaje retomado algunos años después por García Márquez en Cien años de soledad.

Conclusión

La situación narrada por García Márquez en su novela ubica a las personas pobres que anhelan un cambio pero que poco pueden hacer para remediar su situación. El coronel espera su pensión y cree que con un poco de suerte la carta que ha demorado tanto por fin llegue. Era un hombre de 75 años que junto a su esposa sobrellevaba una miserable existencia y mantenía la fe de que le fuera enviado su dinero. Aunque su cónyuge no mostraba gran optimismo al respecto. Hacia el final de la novela dice…

“También tenías derecho a que te dieran un puesto cuando te ponían a romperte el cuero en las elecciones –replicó la mujer-. También tenías derecho a tu pensión de veterano después de exponer el pellejo en la guerra civil. Ahora todo el mundo tiene su vida asegurada y tú estás de muerto de hambre, completamente solo”[11]

En efecto, ni siquiera tenían para comer, menos para alimentar al gallo de pelea en el que el coronel tenía depositada su esperanza ya que si el animal ganaba un encuentro la paga sería suficiente para vivir cómodamente durante varios meses. La precaria situación por la que atraviesan el coronel y su mujer hace que reciba ofertas por el gallo y donaciones de su compadre para que adquiriera suministros básicos: café, azúcar, leguminosas y maíz para el gallo dejado por su fallecido hijo Agustín.

Cuando el coronel decide actuar, a lo más que atina es a despedir al abogado y buscar a otro que le de seguimiento a su caso, sabiendo de antemano que dicha acción significaba volver a empezar, que caería en el mismo enredo que con el anterior, el eterno rompimiento y vuelta al principio tan presente en la historia latinoamericana. La esperanza perenne está en el comenzar de nuevo, sin garantías, arriesgándose al todo o nada porque América Latina es en esencia una latitud con inserciones y cambios abruptos a lo largo de su historia. No hay un camino ideal hacia una renovación, aunque es posible acudir a proposiciones culturales, intelectuales y políticas presentes en los territorios latinoamericanos, a la posibilidad de que no todo esté dicho o cerrado, alternativas a un modelo que aparente ser universal e inexorable[12]. Aquellas teorías dependerán de los valores y opciones que los aplicadores tengan. Los movimientos sociales de mediados del siglo XX son un ejemplo de ello, pues atendían ideologías provenientes de Europa, como el socialismo, con la intención de mejorar las condiciones de vida de los habitantes del tercer mundo, aunque una vez más las variaciones en el punto de vista de las personas encargadas de ponerlas en marcha marcarán el éxito o fracaso de la propuesta.

La liberación del dominio colonial despertó a los países emancipados en una morada independiente pero sin organización política y con una economía raquítica. Al no tener experiencia en la administración pública, procesos democráticos ni ideologías arraigadas los gobiernos latinoamericanos encabezados en una gran mayoría por nacionalistas de clase media, en muchos casos sucumbieron ante la corrupción, el subdesarrollo y las constantes subidas y bajadas del capitalismo occidental al que pretendían integrarse. Los cambios eran muy rápidos, era difícil adecuarse a ellos. “Cuanta más información haya que evaluar, menos se sabrá. La especialización no puede existir a la velocidad de la luz”[13]. Todo a su tiempo, aunque sin recursos y sustento monetario la imagen de la estabilidad capitalista aparecía en un espejo siempre empañado con el que nunca ha sido posible equipararse, todo intento ha quedado en una mera aproximación.

La observación de la historia a través de la literatura permite adentrarse en una realidad de tipo dialéctica en la que los protagonistas hablan a título personal acerca de cómo viven, a qué aspiran, que hacen. El autor puede llegar a ser crítico por la ventaja otorgada por un lenguaje ficticio pero desmenuzando los hechos y trayendo a colación la historia de hombres y mujeres cuyas voces permanecían silenciadas. Gabriel García Márquez, a través del llamado “realismo mágico”, construyó una serie de historias y sucesos con un estilo literario complejo y una enseñanza de lo que el mismo veía, es su interpretación de la vida en América Latina.

Bibliografía

Internet:

http://www.mundolatino.org

Revistas:

FERMENTUM, Revista Venezolana de Sociología y Antropología, ULA, Mérida, Venezuela, Año 3, N° especial 6 y 7, Enero-Agosto 1993.

Libros:

Arancibia, Juan (coord.). La democracia en América Latina: actualidad y perspectivas, Universidad Complutense de Madrid -Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Humanidades, UNAM, México, 1992.

Bauman, Zygmunt. La Globalización. Consecuencias humanas, Fondo de Cultura Económica, México, 2003.

García Márquez, Gabriel. Cien años de soledad. Diana, México, 2005.

García Márquez, Gabriel. El Coronel no tiene quien le escriba, Espasa-Calpe, Madrid, 1986.

McLuhan, Marshall y Powers, B.R. La aldea global, Gedisa, Barcelona, 1996.

O’Gorman, Edmundo. La invención de América: investigación acerca de la estructura histórica del nuevo mundo y del sentido de su devenir, Fondo de Cultura Económica, México, 1995.

 

[1] —, “Biografía” en: http://www.mundolatino.org/cultura/garciamarquez/ggm1.htm, 26 de noviembre de 2010.

[2] Cf. Gabriel García Márquez. Cien años de soledad. Diana, México, 2005.

[3] Cf. Gabriel García Márquez. El Coronel no tiene quien le escriba, Espasa-Calpe, Madrid, 1986.

[4] Ibídem, p. 85.

[5] Ibídem, p. 111.

[6] Edmundo O’Gorman. La invención de América: investigación acerca de la estructura histórica del nuevo mundo y del sentido de su devenir, Fondo de Cultura Económica, México, 1995, p. 36.

[7] Pablo González Casanova. “La crisis del Estado y la lucha por la democracia en América Latina. (Problemas y perspectivas)” en Pablo González Casanova, Marcos Roitman Rosenmann; Juan Arancibia (coord.), La democracia en América Latina: actualidad y perspectivas, Universidad Complutense de Madrid -Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Humanidades, UNAM, México, 1992, p. 18.

[8] Ídem, p. 19.

[9] Zygmunt Bauman. La Globalización. Consecuencias humanas, Fondo de Cultura Económica, México, 2003, pp. 79-80.

[10] Willy J. Stevens. “Lucha frontal contra la pobreza y la desigualdad social” en: Desafío Para América Latina, Taurus, México, 1999, p. 100.

[11] García Márquez. Op. Cit., p. 148.

[12] Edgardo Lander. “El desarrollo latinoamericano: modelos alternativos, economía y ecología” en: FERMENTUM, Revista Venezolana de Sociología y Antropología, ULA, Mérida, Venezuela, Año 3, N° especial 6 y 7, Enero-Agosto 1993, p. 157.

[13] Marshall McLuhan y B.R. Powers. La aldea global, Gedisa, Barcelona, 1996, p. 132.

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Observador miope
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