Como antes

Era hora de cerrar, apenas tuvimos tiempo de sacar nuestras cosas de la oficina. El invierno comenzaba a recrudecer y salimos bien abrigados, caminando a paso lento, recorriendo esos pasillos por última vez. Antes de llegar a la puerta le pedí a Rodrigo, el preparador físico del equipo que me esperara, pues quería echarle un vistazo a la cancha de nuestro pequeño estadio con capacidad para 5000 personas. Pronto sería demolido y quería conservar en mi memoria el último recuerdo del césped que había albergado tantos partidos desde principios de siglo.

Desde el verano de 2001 circuló el rumor de que Cachorros FC sería vendido a un consorcio multinacional que dejaría el equipo en la misma ciudad y conservaría el nombre pero iniciaría una renovación casi total que incluía el uniforme, el escudo, la estrategia de marketing, la inyección económica de patrocinadores y el encarecimiento de los boletos para cada partido ya que el estadio sería nuevo, con 38 000 asientos y todas las comodidades del primer mundo. El equipo pasaba por una crisis económica bastante pesada y los compradores llegaban como caídos del cielo para evitar que el presidente declarara la bancarrota institucional.

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Varios de nosotros estábamos preocupados porque era cuestión de tiempo antes de que anunciarán el despido de la mayoría de los empleados del club. En mi caso era seguro pues como auxiliar técnico sabía que los nuevos dueños habían contratado a un entrenador belga que desde luego vendría con su propio equipo de trabajo. En enero me entregarían la liquidación correspondiente y yo no estaba seguro de seguir en el fútbol pues el cariño por Cachorros era muy fuerte. Me tomaría unos meses de descanso para volver a sanar mentalmente y analizar mi futuro.

El club tenía un palmarés modesto pero contaba con aficionados fieles que no pertenecían al sector privilegiado de la ciudad; eso sí, su amor era tan cierto que hacían cualquier sacrificio para acompañar al equipo en las ocasiones en los viajes al extranjero como parte de alguna competición internacional o partido amistoso. Ellos serían los principales afectados por el cambio porque la visión de los nuevos dueños consideraba a un grupo de aficionados elitistas que antaño no seguían a Cachorros y ahora lo harían por estar en la onda, porque es lo trend.

Entre los jugadores la opinión era divida. Por una parte algunos se mostraban entusiasmados con el cambio, pensaban que el impulso económico que el equipo necesitaba resultaría en crecimiento deportivo tanto para la institución como para sus carreras. Otros se mostraban indiferentes pues veían los movimientos como algo normal en el fútbol profesional y una inmensa mayoría de ellos estaba preocupada por su porvenir, sabían que sería difícil acomodarse en otro club si ocurría una limpia en la plantilla ya que el portavoz de prensa había anunciado cuatro días antes que la directiva entrante analizaría los perfiles de cada jugador y su respectivo contrato, quienes no reunieran los requisitos esperados serían colocados como transferibles en enero de 2002. A mí me causaba malestar porque algunos de ellos habían transcurrido toda su vida deportiva dentro de Cachorros, iniciando en categorías inferiores a los 11 o 12 años de edad. Ahora continuarían su carrera en otro sitio; siempre y cuando lo permitiera el complicado mercado de pases. logo_fc_cachorros2

El día cero se acercaba y solo me restaba ir a firmar un libro donde jugadores, integrantes del cuerpo técnico, directivos y aficionados, expresaríamos nuestro sentir por la etapa que terminaba (para muchos de nosotros de manera definitiva) y la que estaba por comenzar. La emoción me embargó mientras pasaba las páginas de ese libro conmemorativo lleno de fotos, mensajes y fotografías de momentos inolvidables en la historia de Cachorros. Hice lo propio, entregué el libro y abandoné las instalaciones del club confundido y conmovido.

Tenía una invitación a la fiesta de despedida en casa de Octavio, el entrenador del primer equipo; sin embargo, tomé un instante para reflexionar. La vida seguía y mi decisión de continuar en el futbol, ahora como director técnico, estaba tomada. Las cosas no serían como antes, ni para mí, ni para un equipo que nos había dado tanto a todos. Entendí que la historia del club no se olvidaría jamás y que la transición que Cachorros estaba por iniciar era lo mejor para evitar su desaparición. Miré a unos chiquillos pateando la pelota en el extremo opuesto de la calle y sonreí. Habría esperanza después de todo.

FIN

Escribió: Israel Nungaray González (18 de noviembre de 2014 en Ciudad Juárez, México)

 

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