La contribución de la escuela a la construcción de una Política Democrática

Introducción

En el presente documento hablaré de la importancia que implica utilizar el salón de clases como espacio para construir, promover y poner en practica la política democrática porque cuando los alumnos comprenden que el aprendizaje pasa del libro a la realidad inmediata, tienen mayores posibilidades de aplicar los principios de legalidad, democracia y cultura política en las diversas áreas de su vida.

Asimismo, y tomando en cuenta el marco didáctico y psicopedagógico constructivista/por competencias que hay que seguir en la docencia, he agregado que la adquisición de una conciencia política debería ser tarea de todas las disciplinas pero principalmente de Formación Cívica y Ética porque los contenidos nombrados son apropiados en la busca de completar ese rasgo de la formación ciudadana, tercer eje constitutivo de la materia. Por último incluí un par de ejemplos de cómo aplicar los conceptos iniciando en los límites del recinto de cada grupo pero con la intención de extender su puesta en marcha en otras áreas de la institución educativa.eschj

Política, democracia y valores: un modelo integrador

    La enseñanza y puesta en práctica de los principios democráticos tiene en el espacio áulico el escenario ideal. Bien aplicados, dan la pauta para “el crecimiento individual, la integridad personal y la socialización dentro de las normas”[1] de una pequeña comunidad como es un grupo de alumnos que conviven en los confines del salón durante todo un ciclo escolar por lo menos. El o la titular de cualquier asignatura, especialmente de Formación Cívica y Ética, tiene una oportunidad de oro si quiere ensayar los tópicos de política y democracia comprendidos en el curso.

El paradigma educativo de hoy día ha eliminado la jerarquización en el aula, al menos en lo referente al proceso de enseñanza y aprendizaje ya que ambos actores, maestro y alumno, son igualmente importantes en la construcción del conocimiento[2]. Es por eso que en mancuerna deben hacer el esfuerzo extraordinario por cumplir esa parte de la formación escolar para la vida que tanto pregona la Secretaría de Educación Pública: la adquisición de una cultura política democrática desde edad temprana que conlleva participación y noción de acción cívica, social y política. El fin último sería que el alumno sea participativo, teniendo conciencia de que existe un gobierno central con instituciones subordinadas, con interés por saber cómo funciona el sistema y considerándose capaz de influir en la conformación de políticas públicas[3].

El grupo puede ser en sí una representación de una pequeña colectividad con un modelo de autogestión puesto que tiene un jefe de grupo que representa los intereses  del resto ante la comunidad estudiantil y docente. El trabajo del maestro consistiría en ser guía y gestor de las decisiones que los alumnos tomen en relación a la organización del trabajo escolar, el manejo de la disciplina, el uso de los materiales, el intercambio de puntos de vista, la intervención de la autoridad educativa cuando existan problemas difíciles de resolver y la inclusión de todos sin importar condición física, económica o religiosa. Sin embargo, antes de eso conviene que los muchachos comprendan que la cultura política debe fundarse sobre los principios de legalidad y pluralidad, por eso es tan importante promover otros valores como respeto, tolerancia, solidaridad y justicia. Ejemplo: si un estudiante con discapacidad física necesita ocupar dos butacas (para colocar sus útiles y su andadera), sus compañeros deberán tomar el acuerdo de respetar que el (la) joven que usa andadera tendrá dos lugares y los demás no.

El consenso se tomaría de manera democrática estableciendo reglas como ayudarle cuando lo requiera, evitar las burlas, tener paciencia y exigir lo mismo a los compañeros de otros grupos. Este tipo prácticas influye sobre el devenir de una entidad como la escuela porque se edifica un nuevo tipo de persona que conoce los fundamentos de la democracia y sabe que los mismos forman parte de las estructuras políticas, cuya importancia reluce cuando son aplicados a la resolución de problemas relativos al sistema democrático[4] y los agentes de cambio de la sociedad.educacion-para-la-ciudadania

Cabe señalar que “la democracia requiere mantener abiertos los canales de participación y despiertos los valores que dan estabilidad”[5]. Por eso cuando algún estudiante realice una aportación interesante y conveniente a la organización, como por ejemplo, limpiar el aula una vez por semana en equipo y por turnos, sus pares deberán colaborar para llevar la idea a buen puerto.

Conclusiones y reflexión final

La realidad hace muy complicada la comprensión de la política democrática porque constantemente vemos reiterada la falta de ética en el manejo de los procesos electorales. Los votantes saben que la contienda mantiene el fundamento democrático de emitir un sufragio que muchas veces está condicionado a un favor posterior o es el “pago” por un apoyo ya cobrado en efectivo o en especie.

La parte escabrosa del asunto, el manejo de los hilos en las altas esferas del poder, confirma que el derecho al voto es un rasgo de la democracia que se respeta a medias, es decir, tienes derecho a votar por quien quieras pero si nuestro candidato tiene menos palomitas en las boletas que el tuyo, convertiremos tu voto en nuestro no solo porque nos conviene sino porque los legisladores que escogiste en el pasado nos dieron esa facultad amparados en la constitución.

Quizás cuando lleguen a la edad adulta, algunos de los jóvenes recordarán que en la secundaria tuvieron una clase donde aprendieron a conducirse con valores para la convivencia social, donde ensayaron los fundamentos de una locura que el profe llamaba “política democrática en mi ámbito cotidiano”, donde entendieron mejor a sus compañeros porque conocieron a la persona para no prejuzgarla ni discriminarla y donde pusieron la muestra al remanente de la escuela. De nosotros depende que esos “algunos” se conviertan en “muchos”.

Referencias bibliográficas:

Dahl, Robert. Los dilemas del pluralismo democrático. Autonomía versus control, CONACULTA/Alianza, México, 1991.

Klinger, Cynthia y Vadillo, Guadalupe. Psicología cognitiva. Estrategias en la práctica docente. McGraw-Hill/Interamericana, México, 2000.

Peschard, Jacqueline. La cultura política democrática. IFE, México, 1997.

Rodríguez Zepeda, Jesús. Estado de Derecho y Democracia. Cuadernos de divulgación de la cultura democrática, Nº 12, México, 2001.

[1] Dahl, Robert. Los dilemas del pluralismo democrático. Autonomía versus control, CONACULTA/Alianza, México, 1991, p. 47.

[2] Klinger, Cynthia y Vadillo, Guadalupe. Psicología cognitiva. Estrategias en la práctica docente. McGraw-Hill/Interamericana, México, 2000, p. 79.

[3] Peschard, Jacqueline. La cultura política democrática. IFE, México, 1997, p 206.

[4] Ibídem, pp. 209-210.

[5] Rodríguez Zepeda, Jesús. Estado de Derecho y Democracia. Cuadernos de divulgación de la cultura democrática, Nº 12, México, 2001, p. 192.

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