1968: El Parte aguas del México Contemporáneo*

* Es uno de mis primeros ensayos, escrito en noviembre de 2006. Solo corregí los pies de página; el texto con el estilo, errores de redacción, ideas y argumentos de aquel entonces está intacto. Si lo reescribiera hoy le cambiaría muchas cosas y, sobre todo, consultaría otras fuentes. Gracias.

El tema a tratar en el presente texto es acerca de lo que provocó el acontecimiento del 2 de octubre de 1968, aquel en el que no sólo se perdieron vidas humanas sino que además fue drásticamente modificado el curso de la vida en México. Entre las causas que me orillaron a abordar el asunto están: el despertar de conflictos sociopolíticos como la Guerra Sucia y las guerrillas, la desconfianza de los civiles para con el sistema y la inconstancia de la economía nacional a partir de 1970. En el curso del escrito ubicaré en primera instancia el ambiente vivido en el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz, la evolución de la ríspida relación del pueblo con el gobierno que desembocaría con el conflicto estudiantil, la coincidencia temporal de las acciones guerrilleras y la recapitulación final.

        Cuestionamientos como esos pueden o no tener respuesta porque la simple idea de hablar desde la perspectiva de la era actual, es decir, desde otro contexto histórico, puede traer como consecuencia una interpretación incompleta. Sin embargo, es mejor que el tema a investigar deje más dudas que las que resuelve, y no por que no se tenga el objetivo de refrescar o renovar con nuevos datos la indagación llevada a cabo, sino más bien porque se trata de un aliciente muy enriquecedor para el sujeto que investiga. A decir de Sartre, “lo más propio de una investigación es que sea indefinida. Nombrarla y definirla es lo mismo que cerrar un círculo”[1].

Milagro Mexicano

¿Qué es o que fue el milagro mexicano? Bueno pues, se le llamó así al periodo de la historia de México que abarcó las décadas de 1940 a 1970 y que se caracterizó por una política basada en la estabilidad de precios, la paridad peso-dólar, la sustitución de importaciones y en cambio, un aumento en las exportaciones de productos nacionales. A esta tendencia se le conoció como “Desarrollo Estabilizador”. Cárdenas había abierto el camino para el paulatino desarrollo del país, su ejemplo fue seguido por los posteriores jefes del ejecutivo. La fase del antes mencionado Desarrollo Estabilizador se dio durante la gestión de Adolfo Ruiz Cortines y perduró hasta la llegada de Luis Echeverría Álvarez (1970-1976). Una vez caducado el molde se sobrevino una etapa de constante crisis, partiendo de lo económico y afectando grandemente en lo social e ideológico.HN_cap3_bj-7787

Los Tiempos de Díaz Ordaz

Gustavo Díaz Ordaz dirigió los destinos de México de 1964 a 1970. Nació en Puebla y además de ser gobernador de su estado, fungió como Secretario de Gobernación durante el sexenio de Adolfo López Mateos. Fue muy criticado por su rigidez y por las medidas drásticas que llegaron a la represión y a la hostilidad para con ciertos sectores del país, entre ellos los intelectuales, los medios de comunicación, los artistas y la comunidad estudiantil. También existía una porción de la población que le apoyaba, sobre todo los empresarios que obtenían beneficios del partido oficial y por supuesto los miembros del congreso, en su mayoría priistas.

El ambiente previo al conflicto estudiantil de 1968 era el de una sumisión casi total a la figura del presidente. Las diversas instituciones que había en el país (iglesia, ejército, sindicatos, bancos, etc.) favorecían de inmediato cualquier propuesta emitida por Díaz Ordaz. El caso de la iglesia es muy particular, pues aprobaba el anticomunismo manifiesto del poblano, al tiempo que hacía “la primera declaración histórica a favor de la revolución mexicana”[2]. Una de las razones para este “logro” del régimen de entonces: el “regalo de un coche último modelo al obispo de Puebla”[3]. Falta de coherencia con el principio de humildad que siempre ha manejado la iglesia católica.

Gustavo Díaz Ordaz

Gustavo Díaz Ordaz

Los medios impresos sufrían la persecución por parte del gobierno, específicamente aquellos que cuestionaban el funcionamiento de la presidencia. Esto debido en parte a que el presidente “tomaba las cosas ‘a pecho’ y confundía la crítica pública con el ataque privado”[4]. En aquellos años fueron cerradas varias publicaciones periódicas, entre ellas El Diario de México y la Revista Política. Los periodistas que se alineaban por la derecha, es decir, los que ensalzaban la labor de Díaz Ordaz, recibían jugosas recompensas conocidas en el gremio como “chayote” o “embute”[5]. Una forma de suavizar el acto de corrupción.

La Censura

La libertad de expresión era un término que muy probablemente Gustavo Díaz Ordaz desconocía, razón por la que no permitía ni el más ligero esbozo de crítica a su gestión. Un caso muy sonado se dio en 1965, cuando el Fondo de Cultura Económica decidió publicar la obra de Oscar Lewis “Los Hijos de Sánchez”. En ella se mostraba la crisis y disfuncionalidad de una familia mexicana producto de un país en desorden. El presidente tachó al libro de denigrante, “no podía aceptar que se difundiera la cara fea de México, país en pleno desarrollo que se preparaba para ser la capital olímpica del mundo en octubre de 1968”[6]. Otros creadores víctimas de la censura en aquellos días fueron, entre otros, Carlos Castaneda (escritor), Salvador Novo (dramaturgo) y Alejandro Jodorowsky (cineasta).

Cronología de Antecedentes al Movimiento Estudiantil de 1968

1965: En la facultad de derecho de la UNAM se pronunciaron alumnos en contra del rector Ignacio Chávez. Tomaron la rectoría y lograron su cometido. Fue nombrado rector Javier Barros Sierra, quien mantuvo una relación áspera con Díaz Ordaz.

1966: El 2 de octubre en la ciudad de Morelia hubo protestas por el aumento en la tarifa de transportes. “El gobierno federal creyó advertir la mano negra de la agitación comunista”[7]. Hubo un estudiante muerto a manos de policías. Díaz Ordaz ordenó a Echeverría (entonces Secretario de Gobernación) que enviase al ejército para acabar con el alboroto y de paso llamarle la atención al gobernador Agustín Arriaga Rivera por no saber controlar la situación. Los militares ocuparon la Universidad el 6 de octubre y se dedicaron a localizar a los estudiantes en sus domicilios para arrestarlos.Estudiantes_sobre_cammión_quemado_(A68)

1967: Hubo una operación similar en la Universidad de Sonora. El gobierno actuó de esa manera por temor a que la rebeldía debilitara al régimen. Todo se complicó con el alzamiento estudiantil de 1968, el cual tuvo su desenlace trágico el 2 de octubre durante un mitin celebrado en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco. Los estudiantes protestaban por las acciones represivas del gobierno iniciadas cuando un comando de granaderos fue consignado a controlar un altercado entre los alumnos de preparatoria de “las vocacionales 2 y 5 del Instituto Politécnico Nacional y los de la preparatoria Isaac Ochoterena, afiliada a la UNAM”[8]. Poco a poco se fueron sumando a la causa distintos grupos como el de Los Estudiantes Democráticos, La Federación Nacional de Estudiantes Técnicos y miembros del Partido Comunista. Hay que destacar que tras las provocaciones las dos escuelas de nivel superior más importantes de la época, el Instituto Politécnico Nacional y la Universidad Nacional Autónoma de México se unieron para luchar por el mismo fin.

El Movimiento

La ocupación militar en las preparatorias pertenecientes a la Universidad fue motivo de una marcha de protesta, esta vez encabezada por el rector Barros Sierra. En el transcurso de dicha marcha la gente que los veía pasar lanzaba gritos y vítores de apoyo. En agosto se formó el Consejo Nacional de Huelga (CNH), el pueblo mexicano y muchas universidades del país apoyaron el movimiento. Fue un acontecimiento de gran arrastre, pues en el “había católicos, panistas, hasta curas”[9], incluyendo por supuesto aquellas personas de afiliación izquierdista-comunista-libertaria entre los que se contaba el escritor José Revueltas (izquierdista, más no miembro del movimiento propiamente).

Las escuelas superiores adheridas al CNH estaban en paro y tenían cada una un representante en dicho organismo, “llegó a haber cerca de doscientos cincuenta en el Consejo Nacional de Huelga, casi todos entre los veintidós y veintiséis años de edad”[10]. Los jóvenes que participaron en aquella movilización que básicamente pugnaba por puntos básicos como la desaparición de los cuerpos represivos y el respeto a la autonomía universitaria; a los que se agregaron la indemnización a los deudos de  estudiantes muertos y la libertad de los presos políticos[11]. A los huelguistas se les acusó de comunistas, incitadores del desorden social, anarquistas y traidores a la patria. Se llegó a especular incluso que portaban armas por que si así fuera tendrían la excusa idónea para utilizar la represión.

Los estudiantes habían difundido su mensaje por medio de volantes, mítines y visitas a barrios y fábricas[12]. El pueblo se involucró poco a poco y el movimiento se vio fortalecido. El problema central según lo planteaban los huelguistas era la nula disposición del gobierno al diálogo. Los universitarios aducían la negativa del régimen al factor de que el CNH pretendía exponer de manera pública el intercambio entre ambas partes. El martes 20 de agosto en C.U. se llevó a cabo un debate en el que no participaron representantes gubernamentales. Se había especulado que Luis Echeverría estaría presente, así como algunos líderes como Heberto Castillo. El punto culminante llegó el 27 de agosto. Una marcha que culminó en el zócalo capitalino, lugar donde las protestas subieron de tono. Ahora las demandas incluían la no realización de las olimpiadas y se insultaba directamente a Gustavo Díaz Ordaz, lo llamaban “buey” y “cobarde”. Blanco de los ataques en aquella ocasión fueron los líderes “charros” y la prensa vendida, además de que se exigía la libertad de los presos políticos[13]. Se solicitaba al gobierno entablar la negociación antes del 1º de septiembre, día oficial del informe de gobierno.

2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas (Tlatelolco)

2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas (Tlatelolco)

Las fricciones se intensificaron después de que el 18 de septiembre el ejército ocupara la universidad[14]. Días antes, precisamente el 15 de septiembre, los estudiantes habían estado festejando la independencia en ciudad universitaria, y entre la euforia del instante se suscitó que Heberto Castillo –el principal líder del CNH según Díaz Ordaz- realizó la escenificación de la ceremonia del grito clásico de esa fecha con todo el procedimiento de “ondear la bandera nacional, el himno y las palabras del ritual”[15]. Esto fue tomado como una provocación y una burla a la figura presidencial por lo que la represión se intensificó y la respuesta la obtuvieron los universitarios 3 días después con la usurpación de su territorio por parte del ejército. En el acto resultaron más de quinientas personas detenidas y varios destrozos en las instalaciones escolares.

El 2 de octubre de 1968 a las cinco de la tarde se había acordado llevar a cabo un mitin en la plaza de las tres culturas dentro de Tlatelolco, Distrito Federal. Resulta peculiar que debido al acoso militar durante todo el movimiento los estudiantes no percibieran nada extraño en el hecho de que hubiera soldados en el lugar desde las primeras horas del día. Es un indicio de que estaban habituados a su presencia y para ellos no era más que una reunión más; en cambio para el ejército era la definitiva. La cercanía de la inauguración de los juegos olímpicos (12 de octubre) fue lo que detonó la alarma y el gobierno debía terminar con la trifulca de una vez por todas y para asegurarse que mejor que emplear con la mayor dureza posible el poderío bélico con que contaba el Estado. A la plaza acudieron entre 5 y 10 mil personas[16], se planeaba que el mitin fuera rápido pues sólo hablarían unos cuantos líderes.

Los cuerpos militares enviados por el gobierno iban vestidos de civil y se identificaban entre ellos por portar un guante blanco en la mano izquierda. Subieron al tercer piso del edificio Chihuahua donde hablaban los dirigentes e hicieron que estos se arrojaran al suelo amagándoles con pistolas. En la cercanía “dos helicópteros sobrevolaban la plaza (y) de pronto lanzaron unas luces de bengala, una verde y otra roja”[17]. La gente entró en pánico y corría desesperada, fue en ese momento que comenzaron los disparos. Las luces eran la señal previamente acordada para que las armas escupieran fuego sobre los manifestantes. El Batallón Olimpia –integrado por militares y que había sido instruido para encargarse de la seguridad durante la justa deportiva- y el ejército rodearon la plaza para interceptar el desordenado huir de los millares de individuos minutos antes reunidos en Tlatelolco.

La confusión se agravó a raíz de que el Batallón Olimpia y el ejército tardaron en reconocerse y se atacaron entre ellos además de a la muchedumbre. Razón por la quela cantidad de ráfagas se incrementó sobremanera. Los disparos continuos duraron más de una hora de acuerdo a un testigo, aunque seguían escuchándose tiros esporádicos hacia la medianoche. “En la operación, ejecutada por unos cinco mil soldados, se usaron pistolas, ametralladoras, tanquetas y bayonetas. Se dispararon aproximadamente quince mil balas. Los detenidos esa noche fueron más de dos mil. Muchos fueron desnudados, golpeados, vejados”[18]. Los medios nacionales ignoraron prácticamente el hecho y los que hablaron de ello minimizaron el saldo de heridos y muertos. Octavio Paz, entonces embajador de México en la India renunció a su puesto y calificó el acto como “terrorismo de estado”[19]. Díaz Ordaz en sus memorias escribió que los estudiantes fueron los que atacaron primero, puesto que las balas provenían de la parte alta de los edificios de la zona, donde no había soldados[20]. Todo como parte del pavor dentro del gobierno de que el movimiento estudiantil era en gran parte debido al filtro de modelos extranjeros en la ideología de la juventud nacional (recordemos que eran los años de la guerra fría, de cambios políticos y sociales, el mayo parisino[21], la aparición de grupos guerrilleros en México, etc.), misma que había perdido el control el 2 de octubre y terminó asesinándose entre sí con armamento que en ninguna etapa de la duración del movimiento habían utilizado. Algunos propusieron su empleo pero fueron rechazados por el comité. El idealismo –según don Gustavo- les cobró cara la factura.

El ejército ocupó la plaza

El ejército ocupó la plaza

Epílogo

La historia nos ha enseñado que no es posible juzgar de manera objetiva acontecimientos como este, sin embargo la tragedia del 2 de octubre de 1968, la que le cambió la cara a México, la que despertó otro México, la que terminó por demostrar lo arcaico del modelo revolucionario del PRI, la que “adornó” la olimpiada de ese año, es de los hechos una y mil veces estudiados que no tienen conclusión ni absolutismo. Los testigos y los participantes darán su versión pero los representantes del sistema de aquel entonces darán otra. Lo cierto es que el 68 sucedió. ¿Por qué pasó? ¿Quién es culpable?

¿Fue una medida necesaria? “¿Quién? ¿Quién ordenó esto? Les dije que la plaza era una trampa. Se los dije. No los mates, soldado, no te han hecho nada. Paren ya esa chingadera, ¡que la paren! Les vamos a dar, cabrones, su Che Guevara, van a ver”[22]. No soy yo quien responderá a esas cuestiones, lo único que me atrevo a decir es lo que escribí líneas arriba: Tlatelolco fue un parte aguas de la historia mexicana, la conclusión de un conjunto de cambios culturales y sociales que hicieron mella en la idiosincrasia del mexicano. Tomo el ejemplo de lo que ocurrió en 1964 en Madera, Chihuahua donde habían surgido los primeros brotes de la guerrilla en nuestro país. A partir de ese año y hasta 1974 hubo grupos paramilitares –en su mayoría con tendencia socialista- en diversos estados del país como Jalisco (Frente Estudiantil Revolucionario), Distrito Federal (Movimiento de Acción Revolucionaria) y los más trascendentales en Guerrero (Acción Cívica Nacional Revolucionaria, comandada por Genaro Vázquez Rojas y el Partido de Los Pobres, liderado por Lucio Cabañas Barrientos. Ambos profesores rurales). La oleada de guerrillas fue acallada en el sexenio de Luis Echeverría e inició una nueva etapa conocida como Guerra Sucia, la cual consistió básicamente en “medidas de represión política y militar tomadas contra las organizaciones de sesgo socialista y comunista[23]. Ya desde el periodo presidencial anterior se estilaba que en las cárceles hubiera presos políticos, pero fue en los setenta cuando se agudizó el problema con las desapariciones, pérdida de documentos, etc. También cabe apuntar que en los sesenta se gestó la hibridez cultural entre los modismos mexicanos con los extranjeros, especialmente con Estados Unidos. Corrientes como el Rock, el Avant-Garde, el Hippismo y el Minimalismo nutrieron el pensamiento y obra de artistas y público, el cual parecía estar cada vez más abierto a las nuevas formas y los cambios acelerados de la era.

El espíritu olímpico sobrevivió a la tragedia

El espíritu olímpico sobrevivió a la tragedia

José Agustín hace una observación interesante al respecto. “El movimiento estudiantil y la contracultura de los años sesenta en realidad formaron caras de la misma moneda, que se conoció como ‘1968’, o ‘el 68’. En todo caso, para una porción cada vez mayor de gente quedaba claro que México cerraba una etapa, despertaba del sueño que se inició en 1940 y que se caracterizó por el desarrollismo y la modernización capitalista del país”[24]. Si, el sueño había terminado y la época del Milagro Mexicano se alejaba de la memoria nacional. El 2 de octubre representó como ya lo anoté, una oportunidad para hacer grandes modificaciones; sin embargo, “…a pesar de la dura prueba de 1968 se hallaban intactos el presidencialismo todopoderoso, el partido de estado, las grandes corporaciones oficiales y privadas, y los mecanismos de control”[25]. Había problemas graves de pobreza, corrupción en el sistema, la cada vez más notable dependencia del extranjero… era como si con Tlatelolco se le hubiese venido abajo el “teatrito” al régimen y las grandes deficiencias salían a relucir. Se había destapado la cloaca y Luis Echeverría no podría sostener el anticuado arquetipo del Desarrollo Estabilizador. Estos vientos de cambio trajeron consigo consecuencias que permanecieron durante años.

Díaz Ordaz fue públicamente el más afectado por el caso Tlatelolco. A pesar de que en su penúltimo informe de gobierno asumió la total responsabilidad del episodio, eso no fue suficiente para alcanzar el indulto del pueblo. No fue más que un tímido intento por borrar de la remembranza colectiva la masacre resultante de una –para muchos- falta de concordia entre las partes involucradas y una decisión que en su tiempo fue calificada como errónea y que hoy en día puede ser debatida hasta enunciar nuevas hipótesis mas nunca una conclusión imparcial. Cierto es que la acción gubernamental obedeció al temor de que el evento olímpico se viese “manchado”, alterado, y que México quedase mal (deportiva y diplomáticamente) frente al resto del mundo. El 2 de octubre es en nuestra historia contemporánea uno de los sucesos más polémicos y tal vez es el que despierta mayor curiosidad por averiguar la verdad y así dar finiquito al tema. Pero como anoté al principio, si no quedasen interrogantes por resolver ¿qué chiste tendría investigar?

 

Bibliografía

Internet:

-en.wikipedia.org

Libros:

 

– Agustín, José/Tragicomedia Mexicana 1: La Vida en México de 1940 a 1970/Editorial Planeta/México/1990.

– Agustín, José/Tragicomedia Mexicana 2: La Vida en México de 1970 a 1988/Editorial Planeta/México/1992.

– Krauze, Enrique/La Presidencia Imperial: Ascenso y Caída del Sistema Político Mexicano (1940-1996)/Tusquets Editores/México/1997.

– Sartre, Jean Paul/Crítica de la Razón Dialéctica/Editorial Losada/Buenos Aires, 1979.

– Spota, Luis/La Plaza/Editorial Grijalbo/México/1972.

Pies de página: 

[1] Sartre, Jean Paul. Crítica de la Razón Dialéctica. Editorial Losada, Buenos Aires, 1979, p. 9

[2] Krauze, Enrique. La Presidencia Imperial: Ascenso y Caída del Sistema Político Mexicano (1940-1996). Tusquets Editores, México, 1997, p. 306.

[3] Ibídem

[4] Ibídem, p. 307.

[5] Ibídem

[6] Ibíd., p. 308.

[7] Ibíd., p. 309.

[8] Ibídem, p. 320.

[9] Ibídem, p. 324.

[10]Ibídem

[11] Ibídem

[12] Ídem, p. 325.

[13] Ídem, p. 327.

[14] Ídem, p. 341.

[15] Ídem

[16] Ibíd., p. 344.

[17] Ídem, p. 345.

[18] Ibídem, p. 346.

[19] Ibídem, p. 347.

[20] Ídem, p. 348.

[21] Estudiantes y trabajadores iniciaron huelgas en Francia como forma de resistencia con la intención de armar una nueva revolución. Hubo fricciones y trifulcas con el gobierno durante todo ese mes y hasta las elecciones parlamentarias del 23 de junio. La mayoría de los protestantes eran de ideologías izquierdistas como el comunismo y el anarquismo. (“May 1968”/en.wikipedia.org/24 de noviembre de 2006)

[22] Spota, Luis. La Plaza. Editorial Grijalbo, México, 1972, p. 291.

[23] “Guerra Sucia”/en: en.wikipedia.org/24 de noviembre de 2006.

[24] Agustín, José. Tragicomedia Mexicana 1: La Vida en México de 1940 a 1970. Planeta, México, 1990, p. 262.

[25] Agustín, José. Tragicomedia Mexicana 2: La Vida en México de 1970 a 1988. Planeta, México, 1992, p. 7.

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