La rocola y la muerte

La Rocola y la Muerte

(Por Israel Nungaray González)

“La Muerte es el privilegio de los experimentados,

Un premio a la resistencia y al esfuerzo por haber

Soportado los embates de esta vida”

-Paolo Cannavaro-

I: ANSIEDAD

La réplica contra la frase anterior debe ser de mucho mayor peso y contundencia, de lo contrario sucumbiría irremediablemente.

Se me acusa de ser egoísta, se me cataloga de infame y oportunista. Si es así no me incomoda, los calificativos son formas extremas de identificación y sedimentación…natural, claro está.

Quisiera tener el valor para recordar lo que sueño, quisiera poder escapar de mí mismo, aunque sea solo un momento. Despacio, muy despacio…quisiera poder enfrentarme a la vida sin quejarme, sin sudar y sin dudar ni un instante…nada más lejos de lo posible, dirán unos cuantos.

Mi nombre es Paolo Da Silva y hoy me despido de lo que fui y me entregó sin piedad a lo que he soñado que soy (1). Tengo la costumbre de decir lo que pienso y por ello me he metido en dificultades serias. ¿Por qué hablo de mi? Porque soy a quien mejor conozco y a quien más… ¡achú!, sorry, confianza le tengo. Fuera de un pequeño círculo de personas no confío en absolutamente nadie. Tengo la fortuna de opinar con libertad…condicionada (a mis reflejos y a mi energía) sobre aquello que a los demás no les atrae.

“Nací mucho antes y aun soy lo mismo que fui…” (2). No he conocido ciudades

importantes, pero en cambio he desarrollado un cariño extremo por la ciudad que me vio

nacer y en la que pienso habitar hasta que muera.

El lunes anterior fui con el shrink, esto fue a grandes rasgos lo que ocurrió.

Paolo ingresó al consultorio del doctor Mario Brinco, un sexagenario con experiencia en casos de esquizofrenia y depresión múltiple. Paolo había sido diagnosticado como un anhedónico con tendencias esquizoide-misantrópicas apenas el año anterior y había sido canalizado al hospital psiquiátrico “Renovarse o Morir”, ubicado en una exclusiva zona de la ciudad. Los argumentos del psicólogo anterior eran basados en la tendencia autodestructiva del paciente y la constante manía de debatir a casi todo lo que el licenciado le decía, debido a que se trataba de un sujeto altamente inteligente que en repetidas ocasiones le había hecho sentir intimidado. El terapeuta dijo: “¡basta!, su caso es muy complicado, le concierne a un psiquiatra”.

El doctor Brinco estrechó efusivamente la mano de Paolo y le acercó una silla.

Doctor Brinco: Empecemos. Aquí dice que es usted una persona con numerosas dificultades así que, por favor, cuénteme uno de sus problemas…

Paolo: son tantos…

D.B.: lo sé, se lo acabo de mencionar. Concéntrese, mencione uno, algo que le perturbe, no importa si es añejo o reciente, usted no se detenga.

P: Está bien. Considero que he llegado a un punto de mi vida en el que ya no espero nada de nadie. En mi cuerpo no queda ningún resabio de esperanza, no creo ser capaz de enfrentar la vida tal y como se me presenta y no le voy a mentir, lo he intentado. Con la ayuda de conocidos he podido sacar adelante algunos proyectos y asentado ciertos planes e ideas. Pero de un tiempo para acá aparecen y cada vez con mayor fuerza, el hastío, la depresión, el hartazgo, la anhedonia, las ganas de terminar con todo y cometer suicidio…y lo peor es que terapias van y vienen y sigo igual, ningún atisbo de progreso.

D.B.: continúe.

P: Tengo problemas para relacionarme, especialmente cuando se trata del sexo opuesto. A veces pienso que lo más que puedo lograr con una mujer es amistad, no sé cómo llegar más lejos o por qué no lo he logrado…bueno, tal vez si lo sé, es que…

De pronto deja de hablar, mira hacia donde el médico y lo encuentra tomando nota, fija entonces su mirada en la única ventana de aquella habitación y de repente, comienza a llegar a él un recuerdo. Se encuentra ahora sentado en un pupitre, es un bachiller y está a punto de pararse a recitar un poema que el mismo escribió, se trata del examen final del semestre y aunque su timidez se lo habría impedido en cualquier instancia pasada, en esta ocasión y con la ayuda de su amiga Elizabeth se había animado a pasar al frente.

El profesor menciona su nombre y el joven Da Silva se incorpora de su asiento y frente a todos sus compañeros dejó salir de su boca y de su mente los siguientes párrafos de una poesía titulada “Fútil”, la cual se anexa a continuación.

Fútil

 

Voy caminando y veo una luz,

Me voy acercando y veo que eres tú.

Siento deseos de verte correr,

Y no sé cómo los podré vencer.

 

Siento el calor que irradias al pasar,

Todo está calmo, fútil y en paz.

Pronto el dolor dejará nuestro espacio

Y de la mano andaremos despacio.

 

Hoy he percibido tu alma melancólica

Que sutilmente me ha indicado el rumbo

Para improvisar a tu lado una copla melódica.

Hoy he logrado convencer al viento

Que se aleje un momento y nos deje bailar

Y bajo un mar de estrellas borremos el tiempo.

 

Terminó de recitar su poema y al comenzar los primeros aplausos el profesor de literatura los acalló e increpó al joven Paolo…

Literato: Señor Da Silva, ¿qué se supone que nos acaba de presentar?

P: Eh…es un soneto profesor, lo terminé apenas ayer.

L: Eso no me importa. ¿Se da cuenta de que su “poema” (en tono irónico) contiene errores fatales de métrica?

Se escucharon algunas risas, el maestro silenció el recinto nuevamente.

L: ¿Qué tiene que decir al respecto? ¿No me diga que lo va a negar?

P: no, de ninguna manera, pero yo le pregunto a usted, ¿de que sirve recitar un poema como usted me lo esta pidiendo si se va en ello la intención, el sentimiento, la pasión, ¡el alma!?

Las carcajadas se dejaron escuchar y Paolo respiraba agitado y comenzaba a sudar cuando el profesor, con una sonrisa cínica en los labios le ordenó que regresara a su lugar.

Elizabeth: (consoladora) lo hiciste muy bien, te felicito.

P: Gracias, pero no es suficiente, esto es humillante, es…

El soneto había sido escrito para Elizabeth, de quien estaba secretamente enamorado. Jamás se atrevió a confesarlo y cuando finalmente lo hizo (10 años después) ella ya estaba casada. Sorprendida por la noticia rompió en llanto y echó a Paolo de su casa.

De regreso en el consultorio el doctor Brinco advierte que su novel paciente anda mentalmente ausente. Lo sacude del brazo y al ver que este no reacciona le vacía sobre la cabeza el contenido de un vaso con agua. Paolo volvió de su flashback y preguntó sobresaltado:

P: ¿Dónde estoy? ¿Quién es usted?

D.B.: Soy el doctor Mario Brinco y está usted en la clínica…no importa, lo relevante es que está usted en mi consultorio, estamos en medio de una sesión y al parecer usted se alejó de ella por unos minutos. Ahora le pregunto, ¿se siente usted mejor?

P: Eh…si, gracias doctor.

D.B.: prosigamos entonces. ¿Me podría decir que fue lo que recordó que lo hizo evadirse de la realidad?

P: preferiría omitir esa parte, al menos por el momento si no le molesta.

D.B.: está bien, lo dejaremos pendiente. Quisiera saber entonces datos sobre su niñez. ¿Me puede contar sobre eso?

P: Desde luego, ¿qué desea saber?

D.B.: bueno pues, hábleme de su familia, de su hogar, de sus hábitos de entonces.

P: De acuerdo.

Quería recordar o más bien si recordaba, pero no encontraba la manera de trasladarlo. Paolo era el segundo de tres hijos. El primero se llamaba Alfredo y su hermana menor había sido registrada con el nombre de Nidia. Los padres se habían divorciado cuando Paolo tenía 9 años y a él le había tocado la peor parte pues su hermana fue quien más resintió la separación y fue él quien logró sacarle adelante ya que su madre y su hermano mayor tenían que salir a trabajar y los dos menores pasaban la mayor parte del tiempo juntos.

Enrico Da Silva Fernán era un arquitecto de profesión muy respetado en el gremio. Tenía una hermosa familia y todo marchaba bien hasta el día en que cumplió 7 años de casado (Paolo lo recordaba bien porque había logrado escribir su nombre completo y los números del uno al 11 cuando apenas contaba con cinco años. Había esperado toda la tarde a su padre para contárselo, pero desgraciadamente se encontró a su madre sollozando y a su hermano Alfredo tratando de consolarle). En lugar de ir a recoger a su mujer para celebrar (la señora Teresa se había colocado un atuendo espectacular, exclusivamente para ese día) prefirió encerrarse a jugar baraja. Perdió el dinero que tenía para el festejo del aniversario y llegó a casa y se lo contó a Teresa. Hubo una fuerte discusión que atrajo la atención del pequeño Alfredo. Paolo jugaba en su casita del árbol y se había quedado dormido en ella por lo que no le fue posible escuchar el incidente. Ese fue sólo el comienzo.

En el transcurso de los siguientes dos años el vicio por las apuestas se había incrementado al grado de que los dos automóviles familiares se perdieron, así como una enorme cantidad en dinero, joyas y antigüedades familiares que hubo que empeñar para saldar parte de las deudas. En el momento del divorcio –firmado por la pareja Da Silva-Jiménez el 25 de septiembre de 1989- la casa ubicada en la colonia Las Fuentes estaba a punto de ser embargada.

Para Paolo era un martirio cada cumpleaños (nació el 26 de septiembre de 1980), siempre caía en depresión recordando aquella fatídica fecha en la que su familia quedó desquebrajada. No obstante, la unión no se había perdido del todo ya que cada inicio de otoño se reunía en casa de la hermana con el fin de…

      Knock, knock.  ¿Estás ahí? Así lo supuse. ¿Le ha ido de la verga a nuestro amigo verdad? No quisiera estar en su lugar. Chécate esto…

El buen Paolo Da Silva había consumido peyote dos veces en sus 27 años de vida. La primera por mero experimento. Fue un mal viaje, no lo disfrutó. La segunda había sido una broma de sus camaradas Genaro y Rodrigo quienes habían presenciado aquel primer mal trip y querían ver de nuevo a su amigo en apuros. Para lograr semejante objetivo colocaron algunos gramos sobre la pizza que todos consumían. Era una tarde-noche lluviosa y no tenían a donde ir, así que decidieron que la sala de la casa de Rodrigo era el lugar más adecuado para pasar el rato.

Hicieron polvo el narcótico de tal manera que pasara desapercibido entre el chile seco que la víctima solía poner en una de cada tres rebanadas que se comía. Además, observaron que debido a la copiosa lluvia Paolo había perdido la paciencia y se encontraba visiblemente molesto. Cuando esto ocurría comía más rápido de lo normal por lo que los dos bromistas debían actuar rápido. Aprovechando una fugaz entrada al cuarto de baño de Paolo, Genaro escogió una rebanada grande mientras Rodrigo esparcía el peyote encima del alimento.

-Paolo, hermano, te guardamos el pedazo más grande.

-Gracias güey, que buena onda.

La sustancia comenzó a hacer efecto en el organismo de nuestro personaje. Comenzó a sentirse mareado, el estomago a punto de reventar y varios síntomas más que había padecido la primera vez. De inmediato se volvió hacia donde sus amigos le miraban atentamente, complacidos y con la risa a punto de brotar.

– ¡Hijos de su puta madre! ¡Me la van a…ayyyy….! –se lleva las manos al vientre y se dirige al retrete. Cierra la puerta y sus compas se carcajean de lo lindo, parecen dementes. Fue todo muy rápido. Paolo salió del baño. Destrozos. Gritos. Vueltas por la habitación. Risas. Llanto. Todo un lío. No tiene caso seguir hablando de ello.

II.- CICLOTIMIA 

“Todo el mundo comete errores. Todo el mundo hace bromas.

Todo el mundo fuerza la verdad para ganar dinero, atención o fama.

Todo el mundo entiende mal en ocasiones lo que ve.

A veces incluso ven cosas que no están”

Carl Sagan

El Mundo y sus Demonios (1998)

      …hacerle pasar un rato agradable a su madre, la más afectada con la separación. De cierta forma también ayudaba a que los Da Silva-Jiménez estuvieran enterados de la situación de cada uno. Sus vidas habían mutado drásticamente. Alfredo se independizó a los 16 años y aunque permanecía al pendiente de su madre y hermanos, el lazo ya no era tan estrecho.

Paolo y Nidia se quedaron al lado de mamá algunos años más. Nidia se había trasladado a la ciudad capital a estudiar enfermería y ahora estaba en vísperas de casarse. Paolo fue el último en abandonar el hogar, no porque no lo deseara sino porque su madre lo chantajeaba cada vez que lo intentaba.

– ¿No te importo verdad?

– ¿Qué? Claro que sí, ¡ya vas a empezar!

Convivieron durante 4 días y la futura casadera le pidió a su madre consejo para… bueno, es evidente, ¿no? Los dos hermanos varones no se frecuentaban mucho (hablaban por teléfono unas dos o tres veces por año, en cambio con Nidia, Paolo siempre estaba en constante comunicación) y en el segundo día en casa de la hermana menor…

– ¡Es que es inconcebible, Paolo! ¿Cómo es posible que para ti no tenga significancia lo que nos hizo papá? ¡No lo puedo creer!

-Yo nunca dije eso –comienza a subir el tono de voz. Yo dije que alguna vez me dolió, pero ya lo he superado y pienso que ustedes deberían hacer lo mismo, empezando por ti.

– ¡No me vengas con eso ahora, por favor! –hace una pausa. Mira yo sé que eras muy pequeño cuando pasó todo, así que te entiendo, pero entiéndeme tu a mi, yo era un preadolescente y el asunto del divorcio me transformó la vida y la visión que tenía de la misma cambió para siempre. Tuve que comenzar a trabajar y…

Lanzó una arenga tan larga y aburrida que Paolo terminó por desistir de la discusión y regresó al interior de la casa (habían estado conversando en la terraza) dejando a su hermano con la palabra en la boca y temblando de rabia.

La terapia que el joven Da Silva llevaba con el doctor Brinco había progresado bastante –sobre todo tomando en cuenta que en las dos primeras sesiones no había existido una plática amena- y ya incluso hasta habían trasladado el tratamiento fuera del consultorio. Paolo le comentó al médico que la atmósfera de la clínica le incomodaba sobremanera, además de que le recordaba cuando su padre estuvo a punto de morir tras un accidente (le golpearon salvajemente hasta dejarle inconsciente y estuvo en terapia intensiva casi una semana) y aunque se trataba de un hospital psiquiátrico la simple vista de unos guantes o cualquier otro instrumental médico le trasladaba a aquella época y en ocasiones perdía el control. Siendo esta la situación el doctor Brinco le sugirió que en lugar de verse en la clínica los martes por la tarde lo hicieran los sábados en un restaurante-café cercano a la casa del galeno.

-Aun no entiendo por qué mis padres me pusieron este nombre que no me convence del todo. Siempre quise llamarme Alejandro o Franco, pero…

-Pediré café, ¿quiere usted algo más?

-No gracias, así estoy bien. Creo recordar la razón por la que me bautizaron así.

-A ver, dígame.

Paolo fue un nombre que la señora Teresa Jiménez decidió para su segundo hijo (los otros dos nombres habían sido escogidos por el padre) en honor al jugador de futbol Paolo Rossi, de nacionalidad italiana. Aunque nuestro personaje creía que probablemente era en referencia a un libro de filosofía que había en su casa, firmado por un tal Paolo Cannavaro. De cualquier forma, eso explica el porqué del interés por idiomas adicionales al de origen y la posterior habilidad trilingüe del señor Da Silva. Hablaba español-inglés-italiano.

Era una tarde de mayo. En la casa de los Da Silva Jiménez se llevaba a cabo una especie de “parrillada” … o más bien asaban carne y otros bocadillos. Paolo y Alfredo jugaban futbol con unos amigos del barrio cuando de pronto les llamaron a comer.

– ¿Está buena, ¿verdad?

-Si, me gusta la…

El señor Da Silva llamó a Paolo, quería presentarlo con uno de sus amigos, el ingeniero Fernando Villarroel.

-Mire ingeniero, él es mi’jo y es un chingón. ¿Verdad mi’jo?

-Mmm… Paolo se quedó callado y apretaba contra si el balón que su padre les había obsequiado a él y a su hermano apenas una semana antes.

– ¿Qué traes allí? –le dijo su padre. Ah, tu balón. Que lindo es, de verdad. Había bebido demasiado y no tenía ya conciencia alguna de sus actos. Paolo se sintió intimidado e intentó huir. No contaba con que su padre le arrebataría su juguete y delante de su invitado tomaría un cuchillo y reventaría con este el esférico de cuero. El niño Da Silva sintió que su mundo se desmoronaba y aunque tenía ganas de llorar, lo único que acertó a decir fue:

– ¿Por qué hiciste eso? –lo dijo con enorme convicción y a la vez con rabia.

– ¡Porque soy tu padre!

Tanto el señor Da Silva como su amigo, el ingeniero Villarroel echaron a reír. Paolo rompió en llanto y corrió a su habitación. Fue un momento muy bochornoso que había perseguido a nuestro protagonista hasta la edad adulta. Le contó esto a su terapeuta en una de sus sesiones de café-charla sabatinas.

-A ver explíqueme otra vez…

-Es duro de aceptar, pero así es: odio a mi padre.

-Pero ¿puede odiarlo a pesar de que esté muerto?

-Si, y si estuviera vivo lo detestaría aún más

-Pero ¿para qué vivir con rencores?

-Eso mismo digo yo, pero ¿cómo no hacerlo con alguien que desde siempre me ha dificultado las cosas? ¡Hasta el día de su partida dejó en claro quien era la máxima autoridad en casa! (Hace una pequeña pausa) mi madre siempre estuvo al pie del cañón, nunca dejó de luchar, y a pesar de que nos educó en esa manera de pensar a mi me cuesta mucho trabajo mantenerme emocionalmente estable. Gritó agudamente y abandonó el lugar. El psiquiatra trato de seguirle, pero debido a una dificultad reumática sólo alcanzó a gritar muy ahogadamente el nombre de su paciente: “¡Paolo! ¡Paolo!, Pa… ay, me duele…”.

Las sesiones continuaron durante algunos meses más y Paolo no daba muestras de progresar, por lo que el doctor le recomendó tomar vacaciones.

FIN

(1) Silvio Rodríguez en: “Detalle de Mujer con Sombrero”

(2) ídem

Escrito en Ciudad Juárez, México (Verano de 2007)

Advertisements

About Israel Nungaray

Observador miope
This entry was posted in Cuentos and tagged , , , , , , , , , . Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s