Reseña del libro La Arqueología del saber de Michel Foucault

Michel Foucault (Paris, 1926-1984) estudió filosofía y psicología en la École Normale Supérieure de París. Su trabajo desafiaba la obra de gente como Karl Marx y Sigmund Freud; en cambio era seguidor de Friedrich Nietzsche y Martin Heidegger. Arrojó nueva luz en temas como la enfermedad mental, la policía, la Historia y la sexualidad. En la década de los sesenta dirigió el departamento de filosofía en las Universidades de Clermont-Ferrand y Vincennes. En 1970 le fue conferido el título de profesor de Historia de los Sistemas de Pensamiento en el prestigioso Collège de France. Su reputación creció gracias a las conferencias y cursos que dio por varias partes del mundo. Entre sus obras principales están Las palabras y las cosas (1966), Locura y civilización (1960), La arqueología del saber (1969) y Vigilar y Castigar: nacimiento de la prisión (1975)[1].

El libro que voy a reseñar es La arqueología del saber. En dicho texto Foucault habla de la tendencia que existía entonces por parte de los historiadores por ubicar los acontecimientos en el modelo de larga duración incorporando elementos tan diversos como la sociología, la economía, la demografía y hasta los cambios climáticos. La historia lineal dejaría su lugar a una investigación más profunda y con nuevas aristas. Para Foucault es un hecho que el análisis debe hacerse considerando varios niveles y “cada uno tiene sus rupturas específicas, cada uno comporta un despiezo que sólo a él pertenece”[2].

Foucault señala la importancia que tienen aquellas pequeñas historias que de alguna manera han quedado fuera del discurso oficial, propone hacer la historia de la sequía, de la agricultura, del mar, de la locura y encara las posibles objeciones, como la de saber si hay o no vínculos entre ellas o el valor que supondrían tener respecto al conocimiento en general. “Foucault afirma que hay que voltear hacia los grandes zócalos inmóviles y mudos…”[3]. La justificación viene si se contempla un sistema de relaciones entre una y otra, la periodización y el establecimiento de series.

El historiador contemporáneo ha generado nuevas ideas y ha incorporado otras disciplinas como la filosofía y la literatura dentro de su metodología. Además, ha tomado en cuenta las rupturas en la historia, las pausas que modifican el curso de las épocas y desvían el proceso hacia un tiempo novel en el que quizá se requiera delimitar espacios para proseguir con el conocimiento. Una forma de hacerlo es con el tiempo sincrónico, de adelante hacia atrás y de atrás hacia adelante (las cursivas son mías). “Con relación al eje de referencia es posible recorrer el tiempo en las dos direcciones, desde el pasado hacia el presente y desde el presente hacia el pasado”[4]Aunque también es factible estudiar un hecho de forma diacrónica, atendiendo a una etapa o evento específico de la Historia (las cursivas son mías) como, por ejemplo, para estudiar la guerra de Vietnam. Pueden indagarse varios aspectos alrededor de tal hecho, las causas, la controversia, los protagonistas y los sucesos acontecidos durante el tiempo que duró el conflicto.

Para este señor, el pasado puede considerarse pluralmente, con numerosas jerarquías y encadenamientos que irán cambiando según se modifique la percepción desde el presente. La historia debe adaptarse al orden actual, debe admitir transformaciones constantes, rompimientos consigo misma. El problema de la continuidad en el análisis teórico es la ubicación de límites y recortes en su elaboración. Por eso Foucault sugiere cuidar muy bien el uso de los conceptos que permiten pensar en una discontinuidad, tales como mutación, corte, ruptura y transformación[5]. Ciencias como epistemología, filosofía y literatura favorecen la localización de puntos de ruptura debido a la multiplicidad de temáticas que manejan y el tiempo que le dedican a la comprensión de cada una. La historia que abraza una panorámica general procura ignorar los acontecimientos pequeños (las cursivas son mías) en pro de una estructura firme. Por eso es que Foucault “pide a los nuevos historiadores que se ocupen en pensar la discontinuidad, que complementen sus descripciones de las continuidades homogéneas con la presencia de fenómenos de ruptura, y que consideren los rompimientos, las mutaciones y las transformaciones”[6].

Tomando en cuenta las rupturas en la historia y los procesos de larga duración, la bronca es la construcción de series y límites entre ellas. Para lograrlo Foucault propone distinguir la duración de cada evento pues habrá unos que sean breves (accidentes), otros medianos (la perfección de una técnica) y otros lentos (equilibrio demográfico). Lo que sigue es una “individualización de series diferentes, que se yuxtaponen, se suceden, se encabalgan y se entrecruzan, sin que se les pueda reducir a un esquema lineal”[7]. Aunque claro, eso no quiere decir que no habrá orden y coherencia (las cursivas son mías) en este nuevo discurso.

La discontinuidad delimita el campo de estudio, permite las comparaciones y finalmente es el punto de partida del historiador, pues al escoger un tema de investigación ocurrido en una determinada era se está recurriendo a la ruptura (las cursivas son mías). El historiador provoca la discontinuidad de forma deliberada cuando aísla los niveles de análisis que le interesa destacar[8]. Con esta obra Foucault disecciona el oficio de historiador con precisión quirúrgica y sin apologías. Cheers.

 

Escribió: Israel Nungaray González (Ciudad Juárez, México, 4 de julio de 2009 y 13 de julio de 2018).

[1] —, “Michel Foucault” (1926-1984), en http://www.epdlp.com/escritor.php?id=1722, 9 de mayo de 2009.
[2] Michel Foucault, La arqueología del saber, Siglo XXI, México, 2006, p. 4.
[3] Sonia Corcuera de Mancera, “El historiador del presente”, en Voces y silencios en la historia, Siglos XIX y XX, Fondo de Cultura Económica, México, 1997, p. 212.
[4] Paul Ricoeur, “Entre el tiempo vivido y el tiempo universal: el tiempo histórico”, en Tiempo y narración III: El tiempo narrado, Siglo XXI, México, 2004, p. 787.
[5] Michel Foucault, Op. Cit., p. 8.
[6] Sonia Corcuera de Mancera, “El historiador del presente”, en Op. Cit., p. 213.
[7] Michel Foucault, Op. Cit., p. 12.
[8] Sonia Corcuera de Mancera, “El historiador del presente”, en Op. Cit., p. 215.

 

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Observador miope
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