Amores Roma

La controversia causada por ‘Roma’ me recuerda a la que provocó ‘Amores Perros’ en 2000. En aquel entonces escuché a gente decir que no les había gustado la película porque no estaba en orden (González Iñárritu empleó la retrospectiva como recurso narrativo) y que por pretenciosa el público mexicano no se sentía “identificado”. También la nominación al Oscar fue bien recibida por algunos y criticada por otros. Para mi ambas son esfuerzos aislados por hacer un mejor cine mexicano.

En el caso de Roma algunas críticas son absurdas. Ej. compararla con una telenovela o con la ‘Rosa de Guadalupe’. ¿Qué no es más fácil decir “no me gustó porque no le entendí, no conecté, no me atraen las películas en blanco y negro, hay mucho silencio, no me gusta pensar…”? No, ¿verdad? La soberbia es mucha y es más fácil atacar lo que no entiendo que argumentar con sentido común, considerando el entorno y motivos del director y autor Alfonso Cuarón.

Vivimos en una época en la que buscamos el hedonismo a como dé lugar (Zygmunt Bauman dixit). Y cuando no encuentro satisfacción concordante con mis deseos y expectativas ejerzo mi libertad de expresión vomitando en internet (como yo en este momento, ¡Ah, mira! Posmodernismo en marcha) reclamando que la industria del entretenimiento, con miles de opciones para todos los gustos, me defraudó. Muchas personas piensan que el mundo gira alrededor de ellas y si una serie, álbum o película no te agradó, pero a otras personas sí, eso prueba que hay para todos los gustos y quizás, solo quizás, dicha producción no fue hecha para ti y, por tanto, no sirve de mucho quejarse.

Si ‘Roma’ gana el Oscar a Mejor Película los opositores dirán que el premio de la Academia gringa está devaluado y si pierde se burlarán por todos los espacios de internet posibles. Para mí es una buena película y la nominación es justa. Si gana el beneficio principal es para sus creadores, no para la industria nacional. Y no porque el resultado no sea positivo en sí, sino porque las opiniones negativas lograrían su cometido de minimizar un producto bien hecho, pero “mancillado” por las sucias manos de una distribuidora global proimperialista como Netflix, el principal beneficiado al final del día por el dinero que ha invertido y por su intención de entrar al selecto club de Hollywood. Lo peor es que, como dice mi hermano Bibi, varios que cagan a Netflix y a Roma tienen contratado tal servicio de streaming. El mundo millennial es tan contradictorio que no puede tomarse en serio. Sea pues.

 

Extra: la primera vez que vi ‘Eraserhead’ de David Lynch no me gustó porque no le entendí.

 

Escribió: Israel Nungaray González (Ciudad Juárez, México, 23 de febrero de 2019)

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Observador miope
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