Folclor, Antropología e Historia Social

Folclor, Antropología e Historia Social[1]

        De acuerdo con Edward Palmer Thompson la Historia debe incluir elementos sociológicos y antropológicos en su metodología. Una diferencia señalada por Thompson es que la Historia no intenta establecer modelos sobre los cuales guiar la investigación, a diferencia de la Antropología. Así, los estudios sobre alguna comunidad deben hacerse con sumo cuidado y desde diversos ángulos, evitando mezclar teorías antropológicas incompatibles.

Por tal motivo destaca una tendencia practicada en Gran Bretaña durante el siglo XVIII: el folclorismo. Según el autor el folclorista realizaba su análisis desde una posición de clase y observaba los rituales y costumbres arrancados de su contexto social[2]; además de que las consideraba como reliquias, antigüedades lejanas y perdidas. Quizás eran antiguas, pero no del todo perdidas puesto que seguían practicándose. Antropólogos como Tylor estudiaban minuciosamente tales costumbres porque daban indicios de la constitución de culturas no occidentales.

En relación con la clasificación indebida de objetos o reliquias que son sacadas de su contexto original pienso que dicha actividad no estaría muy alejada de lo que haría un turista o coleccionista común. Thompson critica la omisión de la participación de la mujer en los trabajos de historia. Aparta las acciones humanas conforme a una orientación dual, el “llegar a ser” y el “ser”. En el “llegar a ser” esta la trascendencia de las sociedades en ámbitos como la economía y la política porque debiera incluir la participación de ambos géneros; por el contrario “si nos interesa el ‘ser’, la exclusión de la mujer reduce la historia a pura inutilidad”[3]. En este tenor el historiador pone un ejemplo muy ilustrativo cuando habla del ritual de la venta de esposas en Inglaterra entre los siglos XVIII y XIX. Un suceso común entre integrantes de las “clases bajas”, digno de una representación teatral que podría ser la envidia de cualquier dramaturgo. En aquel tiempo el divorcio no era legal por lo que la “venta” era considerada una separación acordada entre la pareja, además de que en ocasiones “el comprador de la esposa había sido previamente aceptado, y en muchos casos era ya el amante de esta”[4]. Un estudio del folclor que descubre una dinámica incluyente de hombres y mujeres.

Otra costumbre refiere las donaciones que hacían los miembros de las clases privilegiadas a los pobres. No se trata de simple condonación hacia el desvalido sino más bien de enfatizar la división de clases “y el grado de subordinación asegurado por la caridad puede depender del cálculo de las ventajas que ésta reporte”[5]. Aunque no hay que dejar de lado que algunas de estas donaciones eran condicionadas por algo llamado “Leyes de Pobres”, obligaciones que incluían dádivas, regalos en especie o reducción de la jornada laboral.

E.P. Thompson

Luego viene el papel que desempeña la Filosofía en las ciencias sociales, actuando como juez imparcial, mediando entre ellas para que se comprendan mutuamente. De esta manera Thompson señala que surge “una nueva ambivalencia dialéctica: el ‘acto de donar’ debe ser visto simultáneamente como el ‘acto de recibir’”[6]. La razón de tal afirmación es el marxismo del autor. Él considera que los modos de producción no pueden ser vistos por el lado económico únicamente, sino que hay que incluir las normas, la cultura y la crítica alrededor del modo de producción, ya no es posible circunscribir así, hay que incluir todo lo que envuelve a un concepto, decía Foucault.

Thompson habla de una sociedad perfecta (según Stalin) que tendría una “base” industrial fuerte y debido a ello la superestructura cultural aparecería sola. Pero ¿qué hay de la complejidad del humano? Para ello fundamenta su crítica indicando los aspectos religiosos que han frenado el desarrollo en algunos países europeos que definen la dinámica social en términos económicos. Aparte hay que tener en cuenta las condiciones de cada época, “debemos tener presente que las expectativas y motivaciones de la gente que vivió entonces no se pueden entender usando categorías económicas anacrónicas”[7]. Los cambios son necesarios, pero también son paulatinos, detalle no previsto por ideólogos marxistas. Thompson dice algo muy cierto, “no se puede estar protestando todo el tiempo: para seguir viviendo es necesario asumir y adaptarse al statu quo[8]. Hasta que llegue alguien que junte a varios cabrones y cambien el estado de las cosas.

[1] Edward Palmer Thompson en Historia Social y Antropología, Instituto Mora, México, 1994, pp. 55-80.

[2] Ídem/p. 57.

[3] Ídem/p. 60

[4] Ídem/p. 62

[5] Ídem/p. 67.

[6] Ídem/p. 72

[7] Ídem/p. 76

[8] Ídem/p. 79.

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Observador miope
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