Alguien detuvo al mundo (y no nos podemos bajar)

Muchas personas preferirían morir antes que pensar;

de hecho, muchos lo hacen

Bertrand Russell

 Iniciando

Desde las primeras noticias sobre el COVID-19 a principios de 2020, llamó mi atención cómo muchas personas no se habían dado cuenta de que la enfermedad surgida en China tenía similitudes con otras como el AH1-N1 o el Virus del dengue. ¿A qué me refiero? Principalmente a que la gente reaccionó con pavor y desconfianza hasta que los medios de comunicación bombardearon con información acerca de la epidemia que luego sería declarada como pandemia en marzo por la Organización Mundial de la Salud. Las noticias eran catastróficas: de China pasó a Europa y los contagiados se contaban por miles, lo peor, no existe vacuna y las recomendaciones para que un enfermo/a se recupere son aislarse, beber agua y guardar absoluto reposo.

Tengo casi 39 años y por no ser sociable, poca gente me conoce bien, pero los que sí pueden dar cuenta de que soy desconfiado por naturaleza. En una breve semblanza diré que desde niño he cuestionado todo lo que me intriga, soy ávido lector -lo que me da una ‘ventaja’ sobre otras personas porque prefiero leer antes que convivir con mis semejantes-, soy apartidista desde los 12 años y ateo desde los 14. Tengo conciencia política, mas no filiación política y en cuanto a religión mis padres intentaron inculcarme el catolicismo, pero pudo más mi capacidad de razonar.

Enfermedades hay muchas y mientras siga existiendo la vida, aparecerán más cada año. En esta ocasión la diferencia es la novedad y la rapidez con la que este virus se ha propagado. Me inquieta que si el sarampión cobró más de 140 mil vidas solo en 2019 (según datos de la OMS), no se haya hecho el mismo revuelo que con el coronavirus. También, desde hace varios años numerosas personas han seguido la práctica de no vacunar a sus hijos porque según ellos las vacunas provocarían cáncer, epilepsia o autismo. La primera puede surgir en cualquier momento de la vida por circunstancias bioquímicas y ambientales particulares, la tercera no es una enfermedad, sino una condición neurológica que se “transmite” por los genes al nacer, aunque se desarrolla después. La inoculación en infantes, además de fortalecer su sistema inmunológico, es preventiva y el sarampión ha vuelto en países donde estaba erradicado desde hace decenios. Así, el presente texto analiza la pandemia y sus bemoles, pero sobre todo intenta establecer un punto de vista acerca de la postura que varios han tomado al respecto, enfatizando que el miedo no nos llevará a ningún lado, al contrario, debemos afrontar la situación con inteligencia, valentía y sentido humanista.

Acciones y reacciones

Pasando al tema de las reacciones de la gente. Me parece raro que varios de mis conocidos que son altamente sociables, de esos que hasta publican en internet que se “mueren” si no salen por lo menos una vez a la semana a algún bar o que no pueden quedarse el fin de semana en casa porque eso es de perdedores o de gente sin vida propia, sean de los primeros en promover el encierro a piedra y lodo, algunos hasta se ofenden cuando los demás no siguen las recomendaciones de las autoridades al pie de la letra o de plano han seguido saliendo a la calle como si nada. Cabe señalar que varios tienen que seguir trabajando porque su empleador no aplicó el toque de queda o porque tienen negocio propio y si no venden, no comen. Ni hablar de las prestaciones y privilegios que tenemos los asalariados y/o trabajadores públicos.

Es interesante porque, por el contrario, yo prefiero quedarme en casa la mayor parte del tiempo y salgo lo necesario: a trabajar y sábado o domingo lo destino al paseo y a la recreación. Me inquieta que de repente haya muchos individuos que por voluntad propia se aíslan socialmente como yo, pero con la diferencia de que se los han ordenado. Por favor, el mundo no sobreviviría si la mayoría de sus habitantes actuara como el que esto escribe, es necesario que la vida continúe y más importante es que los humanos confíen en el otro/a de vez en cuando para avanzar. La desconfianza total daña y enferma.

Entiendo que en este momento no hay caso porque la mayor parte de negocios y espacios públicos permanecen cerrados por instrucción de las autoridades, medida que me parece correcta, aunque la gente en la calle oscila entre los que siguen las indicaciones de sana distancia, lavado de manos constante y obsesivo y no saludar de beso o mano, los que hacen su vida normal y no creen que la enfermedad exista y los que atendemos las instrucciones, pero sin exagerar y siempre con la duda de que probablemente la cosa no sea tan grave como no la venden, o peor aún: que los movimientos económicos y políticos que hay detrás nos afectarán en el mediano y largo plazo. Enseguida expondré mis argumentos.

En este punto enfatizo que las medidas de prevención no son nada del otro mundo (básicamente es la higiene que muchos practicamos todos los días. Ej. Lavo mis manos frecuentemente y siempre tengo jabón líquido a la mano si no estoy en casa) y los medios electrónicos y tradicionales reproducen las actualizaciones de la pandemia, sobre todo las que tienen que ver con la cantidad de posibles enfermos. Al 22 de mayo de 2020, las cifras en México indican 6989 muertos de 62527 casos confirmados, de los cuales se han recuperado 42725 personas. Todos los días el Secretario de Salud Hugo López-Gatell amplía la información y reitera que la mejor opción es “quedarse en casa” para detener el avance del virus, además recomiendan no tocarse la cara, estornudo de etiqueta, usar cubrebocas[1], gel anti-bacterial y guantes. Entre otros puntos, también ha mencionado que todo es “por el bien la población”. ¿De cuándo a acá les importamos? Si pienso como un optimista con poca noción de la vida, diré que las intenciones son buenas; si en cambio aplico el análisis basado en mi conocimiento sobre la historia diré que los intereses por los que velan las autoridades no son los nuestros sino los de los países ricos y los grupos de poder con los que México tiene deudas no solo económicas, sino políticas, pues  “las élites dominantes no renuncian de ninguna manera a sus creencias, y mucho menos a sus intereses” (Luengas, 2020).

La situación, entre otras cosas, ha favorecido y obligado la interacción social virtual que a la larga será lo común. Dice un artículo de As (2020): “Épocas de crisis para los negocios de a pie, bonanza para la industria online. La tecnología puede brindar una sensación de cercanía y acortar distancias”. Además de eso, el distanciamiento por miedo al riesgo de contagio fomenta la desconfianza entre las personas y reduce la posibilidad de reuniones con fines conspirativos. El sueño de los tecnócratas por la “escuela sin muros” es, por el momento, una realidad parcial, limitada por el hecho de que siguen siendo muchos los hogares mexicanos donde el acceso a internet es un lujo, más que una necesidad. Sin olvidar que nos falta cultura en el uso adecuado de las TIC y en el autodidactismo.

La tecnología de la información y la comunicación instantánea, así como miles de opciones de entretenimiento que esta brinda dejan menos tiempo a las personas para pensar, reflexionar, tener ideas propias, sospechar de la autoridad y prestar atención a los problemas cotidianos colectivos. Televisión, cine, charlas virtuales, operaciones bancarias, correos electrónicos, noticias, opiniones, imágenes, chistes y videos de animales bonitos… si todo está en la red a cualquier hora, todos los días, ¿para qué salir a la calle a interactuar físicamente con el prójimo si el mundo virtual me brinda socialización y diversión desde mi dispositivo móvil o computadora?

Es verdad que sin contar la compra de víveres y por trabajo, hay gente que ha tenido que salir por cuestiones de salud y le ha resultado contraproducente. Según una nota del Excélsior (2020), a principios de mayo de 2020 dos personas acudieron a atenderse a un hospital de Chilpancingo, Guerrero; por apendicitis el primero (varón de 23 años) y por tuberculosis y neumonía el segundo (varón de 81 años). Al ingresar al centro de salud fueron envidados al área de pacientes con Covid-19 porque el hospital fue reconvertido por el gobierno de Guerrero como exclusivo para tratar la enfermedad de moda. Hasta el momento la madre del enfermo del apéndice no ha recibido “los resultados de estudios de laboratorio que confirmen que padece coronavirus” (Galeana, 2020). ¿Qué raro?, ¿no? Por eso no sorprende que hayan exigido sea trasladado a otro hospital.

Decía Morris Berman (2001) que poco podemos hacer en contra de la cultura corporativa del control de masas. No obstante, queda la disidencia intelectual y el pensamiento fuera de la caja. Dicho esto, la literatura puede inspirar a quienes mandan en la vida real. En la novela “Brave New World” de Aldoux Huxley las sociedades regidas por la tecnología practican la exclusión del incivilizado, el que no sigue al status quo. En ‘1984’ de George Orwell estaba prohibido el contacto físico entre la gente y las reuniones de más de tres personas eran consideradas como conspiración. Dicho texto indica que la reproducción era el único fin de una relación sexual y los nacimientos estaban controlados por el Estado. Así, internet es nuestro “Big Brother” y los medios de comunicación en conjunto son nuestra “Policía del pensamiento”. Las toneladas de información y las interminables opciones de entretenimiento son nuestro “soma”.

Empero, también existen documentos oficiales en un tenor similar. Un ejemplo es la Alemania nazi hace 80 años. Por entonces el gobierno tenía una lista de ‘indeseables’ que debían ser exterminados, entre ellos estaban los esquizofrénicos, los judíos, los homosexuales, enfermos de epilepsia, ciegos y sordos por herencia y los que tenían la enfermedad de Huntington (también conocido como “Mal de San Vito”). Antes promovieron una campaña de esterilización (Farías, 2000) para evitar que este tipo de ciudadanos se reprodujeran. Otro es Scenarios for the future of Technology and International Development, elaborado por The Rockefeller Foundation y la Global Business Network en mayo de 2010[2]. En la introducción menciona que los escenarios propuestos no son predicciones propiamente, sino hipótesis que permiten imaginar y ensayar estrategias que brinden una mejor preparación para el futuro (Rockefeller/GBN, 2010). No obstante, lo que más llama la atención son los escenarios basados en la filantropía y “nuevas oportunidades” de existencia y desarrollo internacional hacia 2030: Lock Step (encierro), Clever Together (juntos y astutos), Hack Attack (ataque de piratería) y Smart Scramble (mezcla inteligente). Procedo a explicar el primero y más importante para lo que nos atañe.

El escrito justifica el plan de acción con la preocupación por el inevitable, pero beneficioso avance tecnológico, las diferencias económicas y la lucha por la igualdad social con énfasis en los países con mayor pobreza. El primero, “Lock Step” es una previsión de futuro mundial donde el gobierno ejerza un control más estricto, con liderazgo autoritario, pocas innovaciones y evitando que crezca la población. Siguiendo esa tendencia, para 2012 llegaría una pandemia largamente anticipada por el mundo –no acierta en la fecha, pero 8 años después tenemos una- que a diferencia de la de 2009 (AH1-N1) sería más virulenta y mortal. Se esparciría rápidamente por el mundo afectando al 20% de la población y matando a 8 millones de personas en 7 meses, la mayor parte jóvenes adultos (aquí hay una diferencia porque han muerto varios ancianos, otra es que no especifica si las personas fallecidas tienen alguna otra enfermedad o condición). La economía se vería afectada, la movilidad de las personas y mercancías detenida e industrias como la alimentaria y el turismo se verían debilitadas (Rockefeller/GBN, 2010).

Enseguida habla de que la pandemia se propagaría rápidamente en África, el sureste asiático y en América Central debido a la falta de protocolos oficiales de contingencia. Estados Unidos cierra sus fronteras, cancela viajes internacionales, pero aun así el virus se expande rápidamente. Otra diferencia de esa proyección con la realidad es China porque el texto dice que el país asiático es el menos afectado por la pandemia –según la información oficial allí nació el virus- porque el gobierno es autoritario y como mandó a los ciudadanos a resguardarse en estricta cuarentena (Rockefeller/GBN, 2010), millones de vidas se salvaron logrando detener el avance del virus antes que en otras naciones. Lo que sigue es aterrador porque se parece mucho a la realidad de 2020:

Durante la pandemia, los líderes de cada país alrededor del mundo hicieron valer su autoridad e impusieron reglas duras y restricciones, desde la obligatoriedad de usar cubrebocas hasta tomar la temperatura corporal en la entrada de espacios de uso común como estaciones de tren y súper mercados. Incluso después de que la pandemia terminó, este control autoritario y vigilancia de los ciudadanos y sus actividades se mantuvo y hasta se intensificó. Con la intención de protegerse del esparcimiento de los problemas globales en aumento –desde pandemias y terrorismo trasnacional hasta crisis ambientales y el aumento de la pobreza- los líderes alrededor del mundo aplicaron mano firme en el poder. Al principio, la noción de un mundo más controlado ganó mucha aceptación y aprobación. Los ciudadanos cedieron voluntariamente un poco de su soberanía –y su privacidad- para aceptar Estados más paternalistas a cambio de mayor seguridad y estabilidad. Los ciudadanos fueron más tolerantes, e incluso se vieron ansiosos, por una dirección estricta y vigilancia total, y los líderes nacionales tuvieron permiso para imponer el orden de las formas que creyeron convenientes (Rockefeller/GBN, 2010).

Dejo a los lectores que interpreten la información. Después de esto no agrego más: la fuerza de internet ha crecido mucho en la última década, el documento fue escrito en 2010 y es respaldado por dos organizaciones poderosas a nivel global, una de ellas ha marcado el paso de la vida en el planeta Tierra durante décadas desde el podio de la filantropía organizada, sobre todo en los rubros económico, político y tecnológico.

Los poderosos no preguntan al que menos tiene, ellos establecen las pautas para regular al mundo y a sus habitantes. Esta fuerza echa cada vez más gente para afuera, los excluye porque representan un mundo que sobra, un mundo que para el sistema es desechable (Sáenz, 2002). El virus existe, no hay duda. La duda está en las cifras (podrían ser más muertos o menos) porque, ingenuos aparte, la OMS no se manda sola y las investigaciones para desarrollar medicamentos no se financian mágicamente. Tampoco son confiables las estrategias de las autoridades pues están basadas en el miedo, en tener a la gente alerta (negativamente hablando) y con inconsistencias claras.

Una salió el 17 de mayo de 2020 y se refiere a la “inmunidad de rebaño”, condición social dentro de la pandemia que permitiría que las personas que sean inmunes al covid-19 no podrían ser contagiadas por quienes porten el virus porque su organismo está protegido. Dice que si dos personas son inmunes y alguien interactúa con ellos y se retira “nosotros ya no podemos ser contagiados y entonces representamos una barrera a la capacidad contagiante (sic) de la nueva persona que llegue para contagiar” (El Heraldo de México, 2020). ¿Qué? Hace un mes se informaba que cualquiera podía contagiarse y que una persona enferma podría volver a contraer el virus, representando un peligro para los demás. Una vez más, como dijo Bill Maher[3], solo los que tengan un buen sistema inmunológico saldrán adelante. No digo que estemos a salvo completamente, pero pensar en que estamos en constante peligro cayendo en las garras del pánico no es una buena forma de vivir.

Quienes hayan visto la película “Children of Men” (Alfonso Cuarón, 2006) recordarán que el mundo estaba en crisis de fertilidad en 2027 después de una pandemia de gripa 19 años antes (2008). En el futuro cercano la infertilidad podría ser de origen psicológico, pues el temor al otro y al posible contagio lograría que por la desconfianza y la “recomendación” de la sana distancia se formarían menos parejas y por ende nacerían menos niños. Una teoría de la conspiración habla de inoculaciones contra el virus que en realidad volverían infértiles a las personas. Quizás no sea necesario llegar a ese extremo por ahora absurdo si la misma gente opta por no relacionarse con los demás, ya no digamos reproducirse.

Antes de cerrar quisiera comentar sobre las certezas que nos ha recordado o revelado esta pandemia.

  1. Somos muchos en el mundo (más de 7 billones de seres humanos). Algunos conspiradores apuntan hacia el exterminio masivo como uno de los objetivos detrás de la pandemia. Una afirmación muy difícil de comprobar; sin embargo, considerando que como el sistema de pensiones en muchos países ha colapsado o está a punto de hacerlo porque hay personas jubiladas longevas y jóvenes en activo que representan una carga para el Estado, no suena tan descabellado. Remito de nuevo a la información de la Fundación Rockefeller.
  2. El miedo nubla el pensamiento. Para la psicología solo existen dos sentimientos, el amor y el miedo, los demás derivan de ambos, incluidos el odio, la desconfianza y la pasión. Si bien muchos somos conscientes de que algún día moriremos, pocos están realmente preparados para lo inevitable. Razón por la cual la supervivencia es lo primordial en este contexto, y aunque muchos no tengan certeza de la información obedecen ciegamente las indicaciones de las autoridades sin analizarlas, pero aterrados porque nadie desea enfermarse. No estoy diciendo que debamos desobedecer, más bien invito a cuestionar los motivos de tales “recomendaciones” con lógica y sentido crítico. Puedo ceder derechos como libertad de reunión, de movilidad o renunciar a rutinas y actividades de esparcimiento, pero, ¿por cuánto tiempo? En ese momento los cuestionamientos adquieren sentido.
  3. Higiene y cuidados básicos. Hasta hace poco yo pensaba que el mayor descubrimiento del siglo XXI era la internet de banda ancha, pero craso error: resulta que es lavarse las manos con frecuencia. Desde hace varias décadas sabemos que hacerlo es un hábito higiénico que además ayuda en la prevención de enfermedades e infecciones. También beber agua natural es saludable, desde que tengo uso de razón me lo han dicho en mi familia, en la escuela, mientras espero el autobús, en espectaculares, en la televisión, en la radio y en el hospital cuando he ido a consulta. Por eso me resulta tan absurdo que muchas personas corrieron a lavarse las manos como si recién se enteraran de su utilidad, como si con eso garantizaran su salud por varios años. Otra cuestión es el uso de cubrebocas. Según el criterio de la OMS la mascarilla o cubrebocas debe portarla quien esté enfermo (del virus o de cualquier otra cosa) y si es una persona sana, solo habrá de usarla quien cuide a un enfermo de COVID-19. No menciona que sea garantía para no contagiarse o no contagiar a terceros. Personalmente considero que sirve para 3 cosas: 1) Lo lleva quien tiene miedo y así se siente más seguro/a. Muy respetable. 2) Para que sin tener que hacer encuesta, las autoridades identifiquen a las personas que están siguiendo las indicaciones, principalmente en espacios cerrados como bancos y súper mercados (higiene, sana distancia, confinamiento, movilidad estrictamente necesaria). Quienes no usan bozal son minoría y no afectan la estadística. 3) Es un silenciamiento alegórico. A los poderosos les fascina utilizar signos, claves o actos simbólicos para comunicar mensajes y posicionamientos ideológicos. Quien dude puede consultar la biografía de jefes de Estado, gobernadores, empresarios y magnates. Encontrará que varios de ellos son fanáticos del esoterismo, la magia y algunos pertenecen a la masonería. Millones de personas con cubrebocas representan a millones de bocas cerradas que acatan las órdenes y no ejercen la libertad de expresión. Soy de la aparente minoría porque desestimo su uso cuando no es obligatorio.
  4. Aislamiento social, sana distancia y no saludar. Líneas atrás expuse que no es sano ni funcional para el caminar del planeta que haya una mayoría de personas aisladas unas de otras durante mucho tiempo. Tal vez la cercanía de la tecnología de la comunicación impide a otros ver el “fondo del bosque”, pero si logramos dejar eso de lado nos daremos cuenta de que, aunque virtual y no forzoso, es un encierro fundamentado en la salvaguarda de nuestra salud y también en la ignorancia de quién o quiénes están infectados, y mientras lo averiguamos es mejor no arriesgarse. Correcto. Otra vez el miedo antes que el pensamiento racional. Las primeras recomendaciones antes del toque de queda oficial eran evitar saludar de mano o beso y mantener una distancia mínima de 1 a 1.5 metros entre cada individuo[4]. Me he puesto a cavilar al respecto y concluí que cuando saludamos a un semejante con un apretón de manos o un beso, salvo que haya mucha confianza, familiaridad o cariño, por lo general esa distancia de 1 metro y más es la mínima que mantenemos entre nosotros al conversar, trabajar o hacer actividades cotidianas. Pedimos permiso para pasar o atravesarnos porque tenemos educación, evitando rozar o incomodar al otro/a. Aparte muchos evitamos saludar a quienes están resfriados. No saludo a una amiga y me le quedo pegado como perro faldero encima suyo ¿o sí? Por eso resulta absurdo que hasta se ve a gente cargando una cinta métrica o calculando cada centímetro ahora que “dijeron que hay que guardar sana distancia”. ¿Acaso antes no lo hacía y estaba de ‘resbaloso’ con los demás?
  5. El virus es la noticia del año. En 2020 los medios de comunicación de cualquier tipo han hecho su agosto con esta lamentable emergencia sanitaria. Es cierto que lo primordial es proteger la salud y queremos enterarnos de las nuevas disposiciones y/o descubrimientos, en especial cuando se trata de una posible vacuna; no obstante, la tormenta de información incluye notas falsas o sensacionalistas que logran engañar, confundir y en algunos casos atemorizar a muchos y muchas. Al respecto añado que “cuanta más información haya que evaluar, menos se sabrá” (Macluhan y Powers, 1996, p. 132). A varios medios electrónicos y tradicionales no les importa qué es verdad y qué no, mientras se venda, obtenga vistas y/o clics y se comparta se dan por bien servidos. Así como con otras enfermedades ya mencionadas, en el futuro habrá gente que recordará las sugerencias sobre el coronavirus, pero cuando deje de aparecer en los medios masivos –es decir, cuando ya no “venda”- muchos lo olvidarán porque por acierto o desgracia la vida es vertical, no horizontal como la vemos muchos.

Finalizando

De acuerdo con el periodista Rubén Luengas la cuarentena no se levantaría en México antes que en Estados Unidos y por eso Donald Trump ha extendido su felicitación pública al gobierno mexicano encabezado por Andrés Manuel López Obrador quien al principio se mostró incrédulo ante la situación y llamaba a la gente a hacer su vida normal. Por otra parte, Noam Chomsky (2007) dice que las clases política y empresarial no permiten a la gente hacerse cargo de sus propios asuntos porque son irresponsables e incapaces de lograrlo. Por tanto, los medios de comunicación coadyuban en el control de masas y en la fabricación de una “opinión pública” a través del miedo. Si a esto le añadimos que la era de la comunicación instantánea valida el concepto de globalización que manejaba Bauman (2006), todos hacemos las mismas cosas al mismo tiempo, no sorprende que las instrucciones sean aprehendidas y ejecutadas casi sin chistar porque la histeria colectiva es como pólvora encendida que se multiplica en segundos.

La enfermedad existe y todos estamos expuestos, cierto, lo que pongo en predicamento son los datos y los posibles motivos detrás de una evidente crisis económica que se avecina porque los gobiernos no solo ordenan el cierre de empresas y establecimientos comerciales de cualquier tamaño, sino que lo permiten. ¿Por qué? ¿Hay acaso un acuerdo previo? ¿Habrá compensación monetaria cuando la vida cotidiana se reanude? Cuando elegimos funcionarios mucha gente cuestiona las cifras de las votaciones. ¿Por qué no cuestionan los números de la OMS solo porque es una institución “seria e incorruptible”? Como si las investigaciones para desarrollar medicamentos no necesitaran el auspicio de grandes capitales, públicos o privados que a fin de cuentas persiguen un interés particular. Ni hablar de los miles de empleos que se han perdido. El Universal reporta más de 500 mil puestos de trabajo perdidos en México entre el 13 de marzo y el 7 de mayo del presente (El Universal, 2020). En Estados Unidos, solo en Texas hay más de 1 millón de desempleados. Como el desarrollo del mundo es globalizado, las consecuencias de una pandemia se sienten al mismo tiempo –o con breves intervalos entre un país y otro-. Eso sí, debemos considerar que las oportunidades que brinda la globalización son exclusivas para una élite mundial (Stålsett, 2004). Y siguiendo el lugar común, cuando las potencias económicas estornudan los países chicos terminan resfriados.

En entrevista con el portal alemán DW el historiador israelí Yuval Noah Harari comentó que el virus en sí no es el mayor problema, sino nuestros demonios internos, la ignorancia y el odio entre nosotros mismos. Es crucial saber que la humanidad cuenta con el conocimiento científico y las herramientas tecnológicas para superar al virus (DW, 2020). El académico considera que debemos actuar con solidaridad, compasión, generosidad e inteligencia para socorrer a quien lo necesite. En el extremo del miedo estaría otorgarles permiso a los gobiernos para que con el pretexto de protegernos del virus instalemos una aplicación en el teléfono celular que nos indique si hemos enfermado o hemos estado cerca de alguien infectado.

Harari advierte que eso podría llevar a la creación de regímenes totalitarios, puesto que, si la industria del entretenimiento puede monitorear los gustos, personalidad, postura política y aficiones del usuario, un software de salud que regule la temperatura corporal o la presión arterial (DW, 2020) podría ser aprovechado por mandatarios cuya intención sea el control, el castigo y la manipulación de masas. Por eso opino que debemos estar informados y analizar muy bien las decisiones que se estarían tomando en nuestro nombre. De lo contrario, es el camino que tomaría la “nueva normalidad” subsecuente a la pandemia. Quizás se trate de una versión mejorada del panóptico en el que vigilar al desobediente, al disidente o al que estorba (Foucault, 2005) será más sencillo. El tratamiento punitivo será una consecuencia que él o ella se habrá buscado.

Antes de este asunto era –y es- importante lavarse las manos por higiene y para reducir la posibilidad de contraer enfermedades, después del “bicho” habrá quienes histéricamente lo hagan por terror ante el covid-19. A varios que no lo hacían se les quedará el hábito, otros lo olvidarán como si nada. Ahora mismo urge pensar con sentido común, lógica y con capacidad de análisis para manejar el bombardeo de información basura, eso ayuda a reducir la ansiedad y el miedo.

No pretendo obligar a nadie a pensar como yo, pero la intención del ensayo es que el lector/a se anime a razonar e inquirir para que llegue a sus propias conclusiones. Los antecedentes de crisis sanitarias y sociales, la globalización en la que vivimos y el hecho de que la situación de los países potencia invariablemente influye en la de los demás, me lleva a pensar que lo peor del coronavirus está por venir, cuando se levante el toque de queda y nos corresponda reconstruir una realidad que de por sí ya era dura. La política de inflar el mercado hasta que no pueda más (Beck, 2004) es el resultado de la ambición de los que más tienen, perjudicando a los de abajo. La contingencia sanitaria traerá consigo una recesión económica grave que hace algunos años se veía a la distancia y hoy está más cerca que nunca.

Aunado a eso, también hay que tener cuidado para no permitir el nacimiento de un estado totalitario. Algo que requiere humanismo, revisar ejemplos de la historia, adquirir conciencia y actuar antes de que sea demasiado tarde. Piensa, investiga, asocia, compara; NO TEMAS porque eso detiene la acción y la razón. No necesariamente tienes que creerme, mejor indaga por tu cuenta, sin miedo. Cheers.

Escribió: Israel Nungaray González (Ciudad Juárez, México, 23 de mayo de 2020)

Referencias

 

As (2020). “La cuarentena acentúa la digitalización de nuestras vidas”. Recuperado de: https://mexico.as.com/mexico/2020/04/20/tikitakas/1587419507_115477.html?omnil=resscrlltit, 21 de abril de 2020.

Bauman, Zygmunt. La Globalización. Consecuencias humanas. Fondo de Cultura Económica, México, 2006.

Beck, Ulrich. ¿Qué es la globalización? Falacias del globalismo, respuestas a la globalización. Paidós, México, 2004.

Berman, Morris. The Twilight of American Culture. W. W. Norton Company, New York, 2001.

Chomsky, Noam. Failed States: The Abuse of Power and the Assault on Democracy. Owl Books, New York, 2007.

Cuarón, Alfonso. Children of Men. Universal Studios, 2006.

DW. “Yuval Noah Harari on COVID-19: ‘The biggest danger is not the virus itself’”. Recuperado de: https://www.dw.com/en/virus-itself-is-not-the-biggest-danger-says-yuval-noah-harari/a-53195552, 22 de mayo de 2020.

Farías, Víctor. Los nazis en Chile. Planeta, Santiago de Chile, 2000.

Foucault, Michel. Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión. Siglo XXI, México, 2005.

Galeana, Ángel. Excélsior (2020). “Ingresó a hospital por apéndice y ahora dicen que tiene Covid-19”. Recuperado de: https://www.excelsior.com.mx/nacional/ingreso-a-hospital-por-apendice-y-ahora-dicen-que-tiene-covid-19/1379883, 4 de mayo de 2020.

El Heraldo de México. “¿Qué es la famosa inmunidad de rebaño? López-Gatell lo explica con peras y manzanas.” Recuperado de: https://heraldodemexico.com.mx/pais/que-es-la-famosa-inmunidad-de-rebano-lopez-gatell-lo-explica-con-peras-y-manzanas/, 19 de mayo de 2020.

Huxley, Aldous. Brave New World. HarperPerennial/Perennial Classic, London, 1998.

Luengas, Rubén. “COVID-19 y el rebaño desconcertado.” Recuperado de: https://rubenluengas.com/2020/04/covid-19-y-el-rebano-desconcertado-por-ruben-luengas/, 4 de mayo de 2020.

McLuhan, Marshall y Powers, B.R. La aldea global. Gedisa, Barcelona, 1996.

Orwell, George. 1984. Planeta, México, 2013.

The Rockefeller Foundation and The Global Business Network. Scenarios for the future of Technology and International Development, May 2010. Recuperado de: https://www.nommeraadio.ee/meedia/pdf/RRS/Rockefeller%20Foundation.pdf, 14 de abril de 2020.

Sáenz, Mario, ed. Latin American Perspectives on Globalization. Ethics, Politics, and Alternative Visions. Littlefield Publishers, Inc., New York, 2002.

Stålsett, Sturla J. Vulnerabilidad, dignidad y justicia: Valores éticos fundamentales en un mundo globalizado. Revista Venezolana de Gerencia, vol. 9, núm. 25, enero-marzo, 2004. Recuperado de: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=29002507, 12 de mayo de 2020.

El Universal. “México ha perdido ya 500 mil empleos formales por coronavirus”. Recuperado de: https://www.eluniversal.com.mx/nacion/mexico-ha-perdido-ya-500-mil-empleos-formales-por-coronvirus-0, 23 de mayo de 2020.

[1] La OMS no ve el usar cubrebocas como necesario o útil en la prevención de contagios. Es opcional, pero los gobiernos han impuesto su uso obligatorio.

[2] El texto puede encontrarse fácilmente en Google. Es oficial, por lo que, aunque pudiera ponerse en duda la información, las coincidencias con la vida real dejan mucho qué pensar.

[3] Bill Maher habló de ello en su video “New Rule: Immunity Booster”, disponible en YouTube.

[4] En una hipótesis que ahora mismo luce realista, la “nueva normalidad” podría incluir examen de COVID-19 en las clínicas donde las personas se examinan para descartar enfermedades de transmisión sexual. Eso desde luego impactaría a las relaciones humanas y afectivas, pues como comenté antes sería difícil conseguir pareja porque habría desconfianza mutua.

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Observador miope
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