Más allá del virus: consecuencias humanas de la nueva enfermedad

“En esta empresa de persuasión colectiva,

los grandes medios desempeñan un papel fundamental,

mucho más eficaz en la medida en que se presentan cubiertos

por el manto de la objetividad y la imparcialidad.

En realidad, a fuerza de propagandas silenciosas,

van a inocular un veneno lento y a defender los intereses

de los principales grupos económicos” Ignacio Ramonet, 2009.

Entrada

El presente texto aborda las situaciones derivadas del virus nuevo (COVID-19) que han sido pasadas por alto por medios de información oficiales y por personas que viven aterrorizadas pensando que hasta en sueños se pueden contagiar. Es verdad que en 2020 la humanidad ha tenido que adaptar sus actividades laborales y de ocio a las restricciones impuestas por las autoridades y recomendadas por la Organización Mundial de la Salud, mas no por eso es adecuado quedarse en suspenso, esperando que “todo pase pronto” sin pensar los cómo, por qué, para qué, quiénes y hasta cuándo. Así, el uso generalizado de Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) para el trabajo a distancia, las consecuencias económicas que ha traído el virus y la incertidumbre que ha atacado a cientos de miles hasta el punto de la histeria son tratados en este ensayo.

      Es probable que muchos hayan escuchado acerca del ‘nuevo orden mundial’ y de la posible reestructuración o “reseteo” económico que seguiría a la crisis post virus. Es difícil adelantarse a los hechos o explicar a ciencia cierta cómo sería, pero con base en la revisión de varios documentos y videos he llegado a las conclusiones expuestas a continuación. Asimismo, invito nuevamente a reflexionar acerca del asunto sin miedo y con cautela porque el SARS-COV2 no solo se trata un problema de salud pública, va mucho más allá de la mera supervivencia que las autoridades nos quieren vender como “nueva normalidad” y que sería el principio de un Nuevo Orden Mundial. Soy alguien que no soporta las mentiras ni las contradicciones intencionales en ningún aspecto de la vida. Por eso dudo, investigo y cuestiono cuando encuentro incongruencias como las que tiene la epidemia actual.

Opciones si, obligaciones no

Comienzo por aclarar algunos puntos. El virus existe, no hay duda de eso. También hay otras enfermedades con síntomas similares como gripe, resfriado y tifoidea que podrían explicar tantos diagnósticos (falsos positivos). Médicos como Natalia Prego han criticado las pruebas rápidas porque a personas con uno o dos rasgos del COVID-19 las clasifican como tal, incluso con la certeza de que no están contagiadas. Ejemplo: En Ciudad Juárez una señora de la tercera edad, tía de una vecina, acudió al hospital porque tuvo complicaciones derivadas de la diabetes, obesidad e insuficiencia renal que padecía. Estuvo 3 días internada y las pruebas de covid que le hicieron resultaron negativas. Al final falleció a consecuencia de los males antes referidos, pero fue registrada como muerte por el virus nuevo.

        Dicho lo anterior, el propósito que persigo está implícito en el título: ir más allá de la enfermedad con pensamiento crítico y reflexivo porque las numerosas contradicciones, inconsistencias y desinformación invitan a poner en duda las cifras de contagios, la efectividad de las precauciones, las decisiones de las autoridades y el verdadero alcance de un virus con menos del 1% de letalidad (OMS, 2020).

       Según cifras aproximadas de organismos oficiales se han perdido más de 5 millones de puestos de trabajo solo en Estados Unidos y México (El Universal, 2020). La consecuencia más grande del ‘virus ese’ ha sido económica, más que de salud[1]. Es por lo menos raro que las medianas y grandes empresas hayan accedido a cerrar sus puertas o limitar sus ventas durante varios meses como si nada. En los años venideros podríamos tener la respuesta.

       En 2009 la tecnología de comunicación rápida vía redes sociales y software de mensajería instantánea no estaba tan desarrollada como en 2020. Por lo que era muy difícil mantener a la gente separada, pero junta a través de internet. Eso sí, ocupada, entretenida y en muchos casos con miedo al virus y/o a pensar. En ese año la epidemia del AH1-N1 duró aproximadamente 3 meses con las mismas recomendaciones que hoy, pero sin restricciones totalitarias y globales como el encierro, el bozal obligatorio y la “pulcritud” que impera en todos los lugares a los que vamos. Algo imposible de conseguir, pero fácil de simular.

         De acuerdo con información del Foro Económico Mundial la Cuarta Revolución Industrial implica, entre otras cosas, un crecimiento y popularidad cada vez mayor de las TIC, la robótica y el resguardo de información en microchip para ahorrar espacio. ¿Luce adecuado y vanguardista? Si. Lo que no se indica con claridad es qué consecuencias traería a largo plazo una propuesta como Neuralink (consiste en instalar un microchip en el cerebro de pacientes con discapacidad y controlado por medio de un teléfono celular con la intención de ayudarles a desplazarse, comunicarse o ver). Al respecto refiero un episodio de la serie ‘Black Mirror’ donde aparecen personajes del futuro que se insertan un chip en el cerebro voluntariamente y las consecuencias son negativas. ¿Quién nos garantiza que no sucederá eso en la vida real? Ni hablar del sentido “alimentario” que se le quiere dar a las impresoras 3D. Elon Musk y la gente que impulsa su proyecto proponen que el ser humano del futuro podría ser una fusión entre hombre y máquina debido al convencimiento que tienen acerca de su efectividad. A su vez cuestionan el significado del ser humano y sugieren que lo que somos actualmente es obsoleto y es hora de redefinirlo. Es la retórica básica del transhumanismo.

       La epidemia (que no pandemia porque si así fuera el conteo de decesos superaría los 10 millones) del virus nuevo ha durado demasiado y la versión oficial es que no se había encontrado una vacuna. Hoy hay varias opciones con laboratorios y farmacéuticas que realizan pruebas veloces para obtener la patente antes que nadie, incluso ya ha comenzado la distribución de las primeras dosis, empezando por los países industrializados que realizaron la inversión. Quizás no se habían puesto de acuerdo las autoridades médicas y políticas que tienen al mundo en jaque. La intención de gente como Bill Gates es que su vacuna o cualquier otra sea aplicada a la mayor parte de la población mundial. Por solicitud o necesidad, si, por obligación o como condición laboral, no lo acepto. ¿Tú lo harías?

        La realidad evidente no es la única, existe otro mundo, también real, pero oculto, con sus intereses particulares y formas de presionar a los gobernantes y a los ciudadanos para lograr sus propósitos. Ese mundo real e invisible lo forman seres con una psique distinta a la del resto de los mortales. Ellos trabajan en colaboración para adquirir más poder (Martín, 2020), aunque también pelean entre sí. Así como el mal es la contraparte del bien, es urgente ver la situación actual sin inocencia y entendiendo que el mundo descansa sobre dos ejes fundamentales: economía y política (Bauman, 2006), cuyas ramificaciones derivan en todo lo demás incluyendo la seguridad, la felicidad y el bienestar de los seres humanos. Por desgracia eso interfiere con los intereses de los poderosos (Beck, 2004), como veremos a continuación.

     Según la información del documento Scenarios for the Future of Technology and International Development (The Rockefeller Foundation y la Global Business Network) la epidemia de 2009 no tuvo los alcances proyectados (¿cantidad de muertos insuficiente? ¿consecuencias económicas no tan graves considerando la crisis posterior a 2008?); sin embargo, ese documento anticipa que una nueva epidemia sucedería en 2012 y sería más efectiva (vimos que en realidad pasó en 2020). Asimismo, afectaría al 20% de la población mundial y las consecuencias son de sobra conocidas. En palabras de Cristina Martín Jiménez (2020), este plan se retrasó porque las élites esperaban que Hillary Clinton ganara la elección de 2016 en Estados Unidos porque la entonces senadora sería más fácil de manipular que Donald Trump. Finalmente, y reiterando que el aspecto económico es el más importante (DW, 2020), procedo a exponer los siguientes puntos.

Internet para unos y vacunas para todos

La ONU anticipa que la vacunación forzada empezaría en 2021 como parte de la Agenda 2030 que consiste en un mundo globalizado en economía, educación, cultura y política. No me atrevo a asegurar que el virus haya sido creado en un laboratorio con el objetivo de reducir la población mundial, aunque es verdad que somos muchos y los recursos naturales se agotan; no obstante, como hizo Mr. Burns en ‘The Simpsons’ al bloquear el sol, el trabajar desde casa gracias a las plataformas online, aplicaciones, correo electrónico, webcam, chat, entre otros, crearía la ilusión de que hay menos personas porque estas no andan en la calle. Considero que lo sucedido en 2020 ha sido una ‘fase beta’, un entrenamiento para que la gente se adapte a socializar sin hacerlo físicamente porque se ha acostumbrado a Internet y su increíble capacidad de acortar distancias.

      Las herramientas en línea me parecen muy adecuadas y útiles como complemento, pero no deben sustituir la convivencia y las labores presenciales como las conocemos porque profesiones como la medicina y la docencia requieren del indispensable contacto humano para ser efectivas y porque la sociedad en general se ha construido de esa manera. Al respecto refiero el artículo “How can we prepare students for the Fourth Industrial Revolution? 5 lessons from innovative schools around the world”, allí se especifica la ‘conveniencia’ y ‘necesidad’ de que la educación del futuro se lleve a cabo desde cualquier punto del planeta gracias a internet, excepto en el salón de clases. ¿Cómo vamos a desperdiciar las opciones que nos brinda la tecnología si ya están aquí? No, tomar clases en un aula es anticuado, hay que ver hacia adelante. Es un hecho que los programas y planes de estudio y las estrategias didácticas deben renovarse; empero un software como Classroom o Zoom no debe sustituir el proceso social/humano entre docente y aprendiz. De las clases por televisión no hablo, solo digo que son programas televisivos, no educativos.

   Aunado a eso vendrían las secuelas a nivel laboral y sindical, pues en el gremio magisterial existen plazas adicionales a las de docentes y directivos. Entre estos tenemos a trabajadores manuales, secretarias/os, prefectos, orientadores y trabajadores sociales. En el hipotético escenario de que ya no hubiera escuelas entendidas como espacio físico donde se imparten clases y que todo fuera virtual/a distancia, varios puestos de trabajo saldrían sobrando como prefectura, trabajo manual o velador, ya que al no hallarse los elementos necesarios para realizar tales labores (los prefectos trabajan directamente con alumnos y maestros, mientras que los trabajadores manuales o conserjes se encargan de la limpieza de las escuelas), no tendría caso mantener ocupados dichos espacios y eso beneficiaría al Estado porque adelgazaría la nómina magisterial y por ende las pensiones. No está demás agregar que no deseo que esto suceda.

       Imaginemos que en el futuro cercano los edificios donde antes había una escuela, después solo haya un baldío o, en el menos peor de los escenarios, habría un centro informático donde estaría la red proporcionada a la escuela por el gobierno (en el caso de escuelas públicas) y quizás solo requeriría la presencia de un empleado/a de mantenimiento y cuidado del equipo. Eso si las cosas llegan a tal extremo negativo porque también podría ocurrir que solo regresarían al trabajo presencial aquellos que acepten el código QR que explicaré más adelante.

       La Cuarta Revolución Industrial también considera que dentro de pocos años la mayoría de las personas realice sus compras en línea o por medio de apps y servicios de reparto[2] (delivery, favor de recordar la nueva app “Rappi” u otras como ‘Didi food’). Ya no será útil ni correcto salir de tu casa para entrar a un establecimiento a comprar ropa, alimentos, gadgets, libros o aparatos electrodomésticos. Tampoco el papel moneda será necesario. Por lo menos nosotros los de a pie no tendríamos derecho a este. Los ricos seguirán acumulando capital en forma de billetes y monedas. Nos pagarían con transacciones en línea para que no volvamos a “preocuparnos” por manejar el sucio dinero tan lleno de bacterias y microbios. Insisto: pagar en línea como una opción más me parece correcto, pero encuentro terriblemente fascista que sea la norma obligatoria.

       En entrevista con Rubén Luengas, el periodista Jesús Escobar acuñó el concepto “Esclavitud digital”[3] para referirse a la situación actual donde muchas personas están atadas a los aparatos de telecomunicación para trabajar y para divertirse. El aleccionamiento y las destrezas adquiridas no tienen mucho tiempo –si acaso 10 años-, y eso ha permitido que las dinámicas laborales y sociales se agilicen, pero en sentido perjudicial también limitan la capacidad de muchas personas para entablar vínculos socio afectivos. Es estéril y peligroso depender de eso, creer que uno domina el mundo entero gracias a Internet cuando no se tiene la cultura suficiente para discernir la información buena de la mala (Bauman, 2013). Aunado a ello, la censura en internet se facilita gracias a las redes sociales por la inmediata respuesta a una opinión o información publicada por cualquier persona. Sin contar con los filtros y algoritmos que sitios como Facebook o YouTube manejan cotidianamente[4].

     Todos estos cambios podrían ser temporales y quizás se regrese a la rutina en pocos meses o años, pero si resulta al revés ya no habrá vuelta de hoja porque muchas personas consideran inocentemente que solo se trata de un problema de salud que podemos resolver entre todos. Propongo un ejercicio respecto a lo que hemos vivido este año. Además del distanciamiento social, la limpieza de manos con jabón (el gel anti bacterial mata las bacterias, no los virus), aseo de superficies y lugares (algo común si se suele vivir con asepsia, entiendo que hay quienes descubrieron el lavado de manos apenas en 2020), quedarse en casa si tienes ingreso seguro y puedes laborar desde allí (recordemos que decenas de millones viven al día), uso de un cubre boca que no evita ni distribuye el contagio (favor de leer con detenimiento la recomendación de la OMS al respecto), entre otras cosas causadas por un virus dañino, pero no mortal para personas sanas, ya que la tasa de mortalidad es del 0.6% (OMS, 2020), si sacamos el COVID-19 de la ecuación, ¿la gente trabajaría a distancia y optaría por las novedades tecnológicas ya referidas tan de repente y por decisión propia? ¿Será casualidad que cada vez hay más publicidad que ensalza sus beneficios? ¿Y si mejor no salimos de casa jamás? ¿Y si mejor dejamos de temer y comenzamos a pensar con detenimiento?

        En cuanto a la postura opuesta es curioso que en Alemania la mayoría de las personas que han estado en contra de las medidas sanitarias, en particular el encierro y el uso del cubre bocas, sean de la extrema derecha. Por el contrario, en México los que están más a favor del bozal (reiterando que no sirve de mucho portarlo si estás sano, según la OMS) son los de ideología derechista. Más extraño es que en ambas naciones gobierna un presidente emanado de un partido de la izquierda moderada.

        La información extra oficial de autoridades gubernamentales y medios de difusión dice que usar cubre bocas[5] previene el contagio del COVID-19 y que así los ciudadanos contribuyen a la solución del problema. Entiendo que es más fácil pedirle a la gente que se tape la boca a averiguar si cada persona es higiénica o no. La información oficial emitida por la Organización Mundial de la Salud y varios médicos epidemiólogos indica que el lavado de manos, alimentarse bien, ejercicio y la distancia social (que insisto, salvo en aglomeraciones o casos especiales, es la misma de siempre) si ayudan a frenar el avance de la enfermedad. Sobre el bozal indican que deben usarlo enfermos y quienes cuiden de estos.

         Yo opino que es una especie de ‘placebo’ que evita la propagación de la histeria y brinda una falsa sensación de seguridad porque he sabido de varias personas que lo usaban hasta en la ducha, no salían de su casa, seguían las recomendaciones y aun así se enfermaron. También se impuso el uso obligatorio de la mascarilla porque había que reactivar la economía y de esa manera a la gente no se le olvidaría que el medicamento todavía no estaba listo. Entonces, si la solución es una vacuna y hay especialistas trabajando en ello, ¿quién está realmente contribuyendo, nosotros simples mortales o los investigadores dedicados a desarrollar el medicamento?

La nueva esclavitud

Hace algunos meses la creación de aplicaciones de celular para detectar quién está enfermo o ha estado enfermo del virus nuevo estaban en proyecto. Hoy son una realidad y en la Ciudad de México[6] varios negocios como bancos, dependencias gubernamentales y supermercados condicionan el acceso a aquellos que tengan instalada la aplicación con QR (quick response, respuesta rápida) que indique si esa persona ha estado en contacto con alguien infectado de COVID-19, o si ella misma es portadora. Si es así, se le niega el servicio y se le pide que acuda al médico o a su casa a resguardarse. Es una medida injusta que atenta contra las libertades fundamentales y los derechos humanos respaldados por la Constitución. Al respecto Ignacio Ramonet (2020) comenta que…

“no cabe duda de que el rastreo de los teléfonos móviles, aunque sea para una buena causa, abre la puerta a la posibilidad de una vigilancia masiva digital. Tanto más cuanto que las aplicaciones que identifican a cada instante dónde estás pueden contárselo todo al Estado. Y eso, cuando pase la pandemia, podría generalizarse y convertirse en la nueva normalidad… El Estado va a querer acceder también a los expedientes médicos de los ciudadanos y a otras informaciones hasta ahora protegidas por la privacidad.”

     Eso sin contar lo que pasaría con los que por estar “enfermos” o ser “sospechosos” de estarlo pierdan varios días de trabajo o sean despedidos del empleo. ¿Quién va a socorrer sus necesidades? ¿El Gobierno? ¿La sociedad sensible ante la situación? La respuesta es obvia: ellos mismos. Entre quienes no resulten afectados habrá quien apoye la medida porque la “salud es lo más importante”. Desde luego… siempre y cuando tengas empleo, ya que si no es así no te alcanza para comer, ni podrás pagar la cuenta del hospital cuando sea necesario.

     En aras de preservar la salud y cegados por el miedo, algunos accederían sin protestar a esto. Ignacio Ramonet (2020) expone que una encuesta realizada en China en junio sobre la aceptación o rechazo de una aplicación en nuestro teléfono móvil que permita rastrear a los infectados por el coronavirus arrojó que el 75% de los encuestados estaría de acuerdo. De esta manera, los Gobiernos -hasta los más democráticos -, podrían erigirse en los Big Brother contemporáneos, no dudando en quebrantar sus propias leyes para vigilar mejor a los ciudadanos.

   Sobre el tema Cristina Martín Jiménez (2020) nos dice que, si el poder quiere asustar a las personas con una pandemia y modificar su comportamiento, tendría que acceder a su interior, manipular sus circunstancias emocionales, económicas, sentimentales, relacionales y el entorno en el que vive. Si el poder tiene la capacidad de manipular la información por todos los medios disponibles, terminaría cambiando su entorno, creando un psico escenario, un drama y una tragedia. ¿No lo han hecho ya? Lo anterior me lleva a considerar que la supuesta “nueva normalidad” es más bien una nueva esclavitud. ¿Por qué? Las personas siguen indicaciones impuestas por el gobierno con el argumento de que es por “su bien”, respaldados en el miedo infundado que ha crecido con el poder mediático encargado de distribuir noticias del virus por centenares diariamente y, como decía McLuhan (1996), la televisión es capaz de manipular pensamientos y puntos de vista a punta de repetición incesante de una mentira hasta convertirla en verdad.

     Es menester considerar que el poder de las élites para modificar las emociones, y, como resultado, los comportamientos individuales y colectivos se ha ejercido siempre bajo el cobijo de los medios de comunicación (Martín, 2020). Por eso hacer lo que se me ordena porque estoy sometido por una amenaza en forma de virus no letal si no tengo una condición de salud previa, pero dañino, merma mi voluntad y mi capacidad de razón y acción. Como un esclavo amenazado de muerte si se rebela o intenta huir.

   Por último, citaré el artículo ‘Ocho predicciones para el mundo en 2030’ del Foro Económico Mundial. “Nada me pertenece. No tengo coche. No soy dueña de mi casa. No poseo electrodomésticos ni ropa. En la ciudad de 2030, las compras son un recuerdo lejano; sus habitantes han encontrado la solución de la energía limpia y toman prestado lo que necesitan a pedido.” Para este momento China tomaría la delantera de la economía mundial, lo cual no sorprende por el conflicto actual que mantiene con Estados Unidos y, por la proyección hecha por expertos, serían el país número 1 antes de 2035.

      El viajar sería algo superfluo pues todo está en internet y además todas las ciudades del mundo serían idénticas globalmente hablando (ahora mismo el concepto de globalización de Bauman (2006) queda perfecto porque da igual si entras en un local mexicano, te toman la temperatura en Grecia, te dan gel anti-bacterial en Corea y sales de otra tienda en Australia). Soñar con tener un patrimonio en 2020 es posible, no obstante, sería absurdo en el futuro porque tendríamos que compartir el espacio con semejantes y con los corporativos que decidieran realizar una reunión en la sala de la casa, ya que el espacio privado no existiría y tanto las áreas públicas como los objetos serían de uso colectivo, no particular (Parker, 2017). Un comunismo social emergido de la etapa última del capitalismo. Es una posibilidad, no es real todavía, aunque no por eso deja de dar escalofríos.

Salida

       Esta situación comenzó con un pequeño virus que ha acabado con más de un millón de vidas de los más de 7000 millones que somos en el mundo. No es ideal morir así, claro que no. Sin embargo, considero crucial ver hacia adelante como “sobrevivientes” si cabe el término, poniendo atención para leer entre líneas y entender que la enfermedad solo es la fachada de una edificación con los conflictos antes referidos. 

       La “nueva normalidad” no sería pues la que incluye todos los protocolos sanitarios, sino la vida a distancia: estudiar, trabajar, recrearse y convivir con otros con pantallas electrónicas de por medio. Por tanto, las relaciones humanas serían frías, parcas y superficiales. Y si la cosa se pone peor las relaciones sexuales serían menos frecuentes por temor al virus y porque el contacto físico estaría prohibido y/o sería señalado como obsoleto. Ahora si cobra sentido lo que tantas obras de ciencias ficción nos han anticipado y lo más triste es que muchas personas están aceptando las circunstancias de hoy sin siquiera dudar un segundo, sin atender las numerosas inconsistencias que ha traído el virus.

     En este momento vamos hacia allá porque la OMS dice que la vacuna no resolverá el problema, también recomiendan/ordenan que no abraces a tus seres queridos este fin de año, queriendo mantenerte con terror ante una amenaza que tiene múltiples inconsistencias y datos confusos. Es crucial comprender que la OMS no se financia sola y es tan confiable como las ‘buenas intenciones’ de sus patrocinadores (las familias Rothschild, Gates, Clinton, Rockefeller). Incluso en febrero de 2020 Tedros Adhanom, Director General de la OMS, habría recibido 20 millones de dólares del Partido Comunista Chino (según lo informó el periodista chino Yuan Lee) a cambio de no revelar lo que estaba pasando en China. La OMS no vela por tu salud, sino por los intereses de sus inversores. ¿Tú le crees? Una cosa es no acudir a aglomeraciones, fiestas o reuniones y otra no abrazar a tus padres, hermanos, abuelos, hijos o hijas porque el miedo se te subió a la cabeza.

      Es posible que ese escenario catastrófico no llegue a suceder, aunque por el contrario son muchas las personas convencidas de que esta etapa es temporal y, por ende, lo mejor es “no bajar la guardia y seguir las indicaciones al pie de la letra”. De acuerdo en esto último, todos debemos cuidarnos, especialmente los enfermizos. Pero, ¿qué tal que el estado actual de las cosas fuera permanente? Muchos se están acostumbrando y eso es muy peligroso ahora mismo porque si el estándar es la vida virtual, todo a distancia para “protegernos”, porque “todo lo puedo hacer desde casa si tengo internet” (quienes no lo tengan o se opongan quedarían fuera de la jugada si son minoría) y que la interacción social directa sea mal vista por una mayoría acusadora e inquisidora. Para los poderosos es emocionante ver que todos hacen lo mismo sin cuestionar y creyendo todo ciegamente. Los contestatarios siempre lo hemos sido, no solo a partir de 2020 y cuando algo huele mal en una estrategia colectiva lo decimos con ideas y razones coherentes, no criticamos a lo tonto.

      Informarse, discutir con argumentos, reflexionar qué es lo que queremos de la vida son los primeros pasos para evitar que esa realidad nos alcance. Si todavía tienes miedo del virus te dejo esto: Desde junio de este año las celebridades y figuras de la industria del entretenimiento han vuelto a trabajar, los foros de cine y televisión reanudaron grabaciones, así como los deportistas y músicos han retomado sus actividades con la sana distancia, cubre bocas, limpieza y demás precauciones. De vez en cuando se anuncia el caso de un famoso/a que enfermó y resulta “asintomático” para que la gente de a pie sepa que ellos también son susceptibles de contraer el virus. Eso deja algunas preguntas retóricas: ¿de verdad crees que si la cosa fuera tan grave estos famosos se arriesgarían trabajando cuando sus contratos y sus vidas están valuados en -ciertos casos- decenas de millones de dólares? ¿Acaso son inmunes? ¿Será que ya están vacunados? ¿O el virus no es tan grande como lo pintan? ¿Cuántas epidemias como esta harán falta para que más personas comprendan que la política, el negocio y las malas intenciones no se pueden desligar de un problema de salud? ¿Por qué el miedo es tan poderoso que nubla la capacidad de razonar de algunas personas? ¿Por qué no exigir una vida sin miedos y sin manipulación? ¿Por qué la inocencia al creer que no existe el mal? El tiempo se agota y no luchar no es una opción para mí. Mucho menos vivir de rodillas y/o empinado, resignado y fingiendo que nada sucede. El virus es real, pero para mí es como un pez globo. Es demasiado sospechoso que la industria del entretenimiento (incluida la política) siga adelante como si nada. Creo que allí está la clave de todo.

      Aunque no tan letal, el bicho será lo de menos para los sobrevivientes. Las consecuencias que vienen son lo preocupante: menos población, sobre todo ancianos y personas enfermas para desinflar un sistema de pensiones que está a punto de reventar (y no es algo de 2020, esto tiene varios años); desaparición del papel moneda para que todo pago sea electrónico y porque la crisis económica será muy cabrona; si no se puede eliminar a decenas de millones, se puede simular que no existen con la idea que nos han vendido de que es mejor trabajar y estudiar desde casa (saca el virus de la ecuación y nadie en su sano juicio se encerraría voluntariamente) y habría menos gente en la calle; también Bill Gates y sus amigos han impuesto que es mejor comprar todo por internet incluidos víveres, ropa y hasta automóviles “para que no tengas que salir de casa” (después de un tiempo no será necesario un virus, pues la idea ha sido inoculada) y, finalmente, vigilancia de todos contra todos, aligerando el trabajo de la policía y empezando por las aplicaciones de celular para detectar si has estado cerca de alguien infectado con el virus ese. De allí a denunciarlo penalmente solo hay un paso.

      Por eso insto a aplicar el pensamiento crítico, pues este no debe limitarse al ámbito académico, la crítica es para la vida y esta es la oportunidad perfecta para pasar del discurso a la acción. Recuerdo que hace 4 meses alguien con acceso a información privilegiada me dijo en persona: “Todo esto es una farsa, compa. La enfermedad es el pretexto para cambiarlo todo”. Desde entonces le creí porque ya había investigado al respecto, hoy confirmo que sus palabras empatan con la realidad.

     Finalmente, sugiero que ante cualquier duda se puede buscar información sobre la Cuarta Revolución Industrial en la página del Banco Mundial, en la OMS, en canales alternativos de información y otros medios oficiales, así como en la bibliografía consultada. No es invento mío o de otros disidentes. Todo está documentado y si no empezamos por oponernos la vida como la conocíamos cesará para dar paso al control total del pensamiento y las acciones; por tanto, la existencia ya no tendrá sentido porque habremos hipotecado la libertad a cambio de “la salud”. El virus sigue y hay que cuidarse, pero si te dejas llevar por el miedo debilitas tu estado de ánimo y por ende las defensas de tu organismo, el que tiene la última palabra en este asunto. Cheers

Escribió: Israel Nungaray González (Ciudad Juárez, México, 18 de diciembre de 2020)

Fuentes de información

Bauman, Zygmunt. La Globalización. Consecuencias humanas. Fondo de Cultura Económica, México, 2006.

Bauman, Zygmunt. Vida líquida. Paidós, México, 2013.

Beck, Ulrich. ¿Qué es la globalización? Falacias del globalismo, respuestas a la globalización. Paidós, México, 2004.

DW. “Yuval Noah Harari on COVID-19: ‘The biggest danger is not the virus itself’”. Disponible en https://www.dw.com/en/virus-itself-is-not-the-biggest-danger-says-yuval-noah-harari/a-53195552, 22 de mayo de 2020.

Martín Jiménez, Cristina. La verdad de la pandemia: Quién ha sido y por qué. Martínez Roca/Planeta, México, 2020.

McLuhan, Marshall. Comprender los medios de comunicación. Las extensiones del ser humano. Paidós, México, 1996.

Parker, Ceri. (2017). “Ocho predicciones para el mundo en 2030”. Disponible en: https://es.weforum.org/agenda/2017/02/ocho-predicciones-para-el-mundo-en-2030/, 1 de octubre de 2020.

Ramonet, Ignacio. La catástrofe perfecta. Icaria, Barcelona, 2009.

Ramonet, Ignacio. “La pandemia y el sistema-mundo”. Disponible en: https://www.jornada.com.mx/ultimas/mundo/2020/04/25/ante-lo-desconocido-la-pandemia-y-el-sistema-mundo-7878.html, 11 de julio de 2020.

The Rockefeller Foundation and The Global Business Network. Scenarios for the future of Technology and International Development, May 2010. Disponible en https://www.nommeraadio.ee/meedia/pdf/RRS/Rockefeller%20Foundation.pdf, 14 de abril de 2020.

El Universal. “México ha perdido ya 500 mil empleos formales por coronavirus”. Disponible en https://www.eluniversal.com.mx/nacion/mexico-ha-perdido-ya-500-mil-empleos-formales-por-coronvirus-0, 23 de mayo de 2020.


[1] “El medidor Worldometers publicó que, entre el 1 de enero y el 16 de abril de 2020, la primera causa de muerte en el mundo había sido el aborto, seguido por el hambre. En octavo lugar estaba el suicidio. La gripe estacional ocupaba el décimo primer puesto y la COVID-19 era el siguiente. Pero los medios de comunicación solo promocionaban este último” Cristina Martín Jiménez. La verdad de la pandemia. Quién ha sido y por qué. Martínez Roca/Planeta, México, 2020, p. 58.

[2] En Estados Unidos ya hay concesionarios de autos que ofrecen a sus clientes la entrega del vehículo a domicilio “para que no tengan que salir de casa a exponerse”. La forma en la que la persona interesada selecciona el auto es por medio de videos, pero no lo prueba. Por ende, la compra sería arriesgada.

[3] Puede ver la entrevista aquí: https://www.youtube.com/watch?v=Ki7l2p8WuAs

[4] Es notoria la censura sobre cualquier opinión que cuestione la situación actual o invite a reflexionar al respecto. En julio publiqué un documental en YouTube y me lo bloquearon, pero está disponible aquí: https://www.dailymotion.com/video/x7v6q01

[5] En entrevista con el Diario de Juárez en noviembre de 2020, el estudiante de la UACH Fernando Hernández comentó que se enfermó de COVID-19 a pesar de que seguía todas las indicaciones, principalmente quedarse en casa y usar tapabocas.

[6] Más información aquí: “En CdMx, ampliarán registro con Código QR a supermercados y farmacias” https://www.youtube.com/watch?v=c58FFjQsF_0

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Observador miope
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