El neoliberalismo en América Latina

En la época reciente los países de América Latina han optado por el camino del Neoliberalismo. Las condiciones de pobreza, subdesarrollo y deuda impagable orillaron a los gobernantes del continente a optar por el modelo neoliberal, la privatización de empresas paraestatales, la concesión a inversores extranjeros para aligerar la carga. Es por eso que la distancia entre ricos y pobres ha sido más notoria desde que esta estrategia fue implementada. En los años 80 los préstamos bancarios bajaron, la tendencia exportadora no rendía frutos y los problemas fiscales estaban a la orden del día. A finales de la década aparecería el neoliberalismo como vía de solución a la crisis. “La aparición de un nuevo modelo de desarrollo trasformó casi todos los ámbitos de la política económica”[1]. Así, los intelectuales se encargaron de difundir la conveniencia de un modelo que de cualquier forma sería aplicado.

En Estados Unidos había dejado de ser prioridad la batalla contra el comunismo para darle paso al combate a las drogas. Las empresas multinacionales estadounidenses fueron seducidas por la oportunidad de aumentar sus ingresos en el caldo de cultivo que representaban los países latinoamericanos recién convertidos al neoliberalismo. Así mismo, la expansión del mercado llevó a México a firmar un tratado de libre comercio con sus vecinos del norte “para obtener un acceso garantizado a sus exportaciones y una mayor integración al sistema económico estadounidense”[2]. El pesimismo de la década de los 80’s dio paso al optimismo en los noventa, quizá respondiendo al hecho de un cambio de paradigma, no tanto de resultados, pues la pobreza, educación y gasto social seguían siendo temas sin resolver. Es como cuando hubo cambio de partido en el poder en México, fue más la emoción por ver al PRI fuera de Los Pinos que una atenta observación al hecho de que sólo cambiaban los nombres y los colores dentro de una misma forma de gobierno neoliberal.

El Fondo Monetario Internacional cobraría importancia a partir de entonces, los préstamos para reajustar la economía corrían a cargo de ese organismo y del Banco Mundial. Luego de 1982 la deuda fue reestructurada a pesar del historial crediticio negativo de América Latina, cuyos gobernantes confiaban en saldar la deuda con la colaboración de los acreedores, es decir, mediante una reprogramación del pago y el seguir percibiendo dinero prestado[3]. Los bancos fueron liberados de responsabilidad, pero en realidad América Latina emitía hacia el exterior más en intereses y utilidades que lo que recibía en influjo de capital[4]. El retraso en el pago de la deuda y la acumulación de préstamos impidió que América Latina ingresara en la dinámica económica mundial. A pesar de que hubiera organizaciones como el Banco Interamericano de Desarrollo o el ya nombrado FMI, la realidad es que permanecía la desventaja y la pauta era marcada por las naciones con capital consolidado. El modelo de desarrollo se iba ajustando poco a poco a los lineamientos de los poderosos.

Escribió: Israel Nungaray González (Ciudad Juárez, México, 2010).


[1] Thomas Bulmer. “La deuda, el ajuste y la recuperación” en: La historia económica de América Latina desde la Independencia, Fondo de Cultura Económica, México, 1998, p. 425.

[2] Idem, p. 426.

[3] Ídem, p. 429.

[4] Ídem, p. 431.

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Observador miope
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